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miércoles, 22 de diciembre de 2021

Ugalde, el multifacético

Bernardo Guinand Ayala

 

Escribí inicialmente estas líneas para la postulación del Padre Luis Ugalde a un premio internacional patrocinado por la Fundación Mapfre en España que busca reconocer a personas por su legado de “toda una vida profesional” independientemente del área a la cual hayan dedicado sus esfuerzos. Bajo la autorización del propio Padre Ugalde, quien me expresó su aprobación si con ello contribuía en algún modo a la sostenibilidad de las obras con las cuales colabora, me dediqué a escribir el texto - que ahora sintetizo a efectos prácticos - esperando ir vadeando los diversos niveles del concurso.

 

Luego de aceptada la postulación y la espera del tiempo perentorio, al no tener noticias del concurso, escribí a su e-mail de contacto recibiendo la siguiente respuesta: “Son muchos cientos de candidatos los que se presentan cada año a estos premios. Les animo a que continúen intentándolo en la siguiente edición”. Meses después, veía publicado en su portal web que el premio había sido otorgado al cantante español Raphael con el cual crecimos allá por los ochenta, viéndolo sopotocientas veces en Sábado Sensacional. Sin desmerecer para nada la carrera de Raphael, para mis adentros pensé cómo la farándula está siempre por encima de la educación, aunque todo el mundo hable de la importancia de esta última.     

 

Por ello, hoy, en la celebración del cumpleaños número 83 del Padre Luis Ugalde, como breve y personal homenaje, quiero dejar asentadas estás líneas, para agradecer - en vida - su trayectoria dedicada a la educación y a un país que hizo suyo, mucho más que millones de compatriotas que nacieron en estas tierras.    

 


Adiós a España, para toda la vida

 

Hablar de Luis Ugalde, tal como sucede con muchas figuras multifacéticas que dejan hondas huellas a su paso, dependerá del área de su trayectoria que destaque quien le reseñe, así como de la propia vinculación y legado que deje en quienes han tenido el privilegio de acompañarle en alguna de sus tantas facetas. Sacerdote, educador, jesuita, académico, visionario, gerente, escritor, líder, filántropo, innovador, son algunas de las diversas connotaciones sobre las cuales podríamos dirigir esta presentación. Sin temor a equivocarme, en este momento de su vida y luego de una larga trayectoria al servicio del país a través de diversas responsabilidades, se ha convertido en un referente en temas sociales, políticos, empresariales, académicos y religiosos, destacando como uno de los hombres más respetados de Venezuela, patria que hizo suya al punto de ser uno de los académicos más estudiosos de su historia pasada y presente.

 

Luis María Ugalde Olalde, el jesuita, nació en Bergara, País Vasco, el 22 de diciembre de 1938 y llega a Venezuela postulándose como voluntario - para toda la vida - con tan solo 18 años, como tantos otros jesuitas que hicieron de Venezuela su nuevo hogar. Estudió Filosofía y Letras, luego Teología y Sociología, así como un Doctorado en Historia, estudios realizados en universidades de Colombia, Alemania y Venezuela tal como reseña su amplio curriculum vitae que tuve que resumir al máximo para su postulación.

 

Aun cuando ha ejercido diversos cargos en obras dirigidas por la Compañía de Jesús en Venezuela - siendo incluso Provincial entre 1979 y 1985 -  su paso por la Universidad Católica Andrés Bello UCAB, destaca como el momento más representativo de su carrera, siendo primero Vicerrector Académico y luego Rector durante 5 períodos rectorales seguidos entre 1990 y 2010. Durante su gestión, la UCAB creció en todos los aspectos del quehacer universitario, desde infraestructura y número de sedes (Caracas, Los Teques, Coro y Guayana con un campus amplio y novedoso que apostaba al desarrollo del país en el extremo sur), así como en docencia, investigación y extensión, convirtiéndose en la universidad privada de mayor referencia a nivel nacional, con especial atención y dedicación por los problemas sociales, políticos, económicos y culturales del país. Todo ello, en medio de períodos de grandísima conflictividad política y social, que lejos de apagar su ímpetu, repercutió como voz contundente para denunciar y proponer una visión de país.     

     

Durante ese tránsito, también fue Presidente de la Asociación de Universidades de la Compañía de Jesús de América Latina (AUSJAL), ampliando su radio de influencia a toda Latinoamérica en aspectos del acontecer universitario. Una profunda reflexión desde AUSJAL guiada por la interrogante: ¿Estaremos formando profesionales exitosos para sociedades fracasadas? moviliza indiscutiblemente a Ugalde para hacer de la UCAB una universidad orientada, no solo a investigar y proponer, sino también a desarrollar iniciativas novedosas que logren dar respuestas al principal drama del país: la pobreza.

Como académico, Luis Ugalde ha sido docente e investigador universitario, prolífico escritor, destacando sus artículos en revistas y periódicos, que constituyen un referentes en el acontecer nacional. Es Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela así como de la Academia Nacional de la Historia y posee Doctorado Honoris Causa de la Universidad Centro Americana de Nicaragua, la Universidad de Los Andes ULA en Venezuela y el Sistema Mexicano de Universidades Jesuitas.   

La Iglesia Católica a través de la Conferencia Episcopal Venezolana, así como los diversos líderes de otras religiones, el empresariado agrupado en todas sus federaciones y gremios, las asociaciones civiles de diversas índoles, las universidades y centros educativos, profesionales, políticos, líderes sociales y jóvenes universitarios tienen en Ugalde un vocero permanente en los más variados foros y conferencias tanto dentro como fuera de Venezuela. Sumado a todas estas atribuciones, en mi experiencia personal, el Padre Luis Ugalde tiene una característica muy difícil de encontrar en una misma persona: combina una visión estratégica muy amplia con la habilidad gerencial capaz de involucrarse en los detalles y el trabajo minucioso. Me atrevería a decir que esa confluencia de atributos le otorga legitimidad a su liderazgo, pues no se trata de un visionario desde la academia sino de un liderazgo que puede demostrar con propiedad el resultado de su visión. Y sus obras dan fe de ello.  


Ugalde y su conexión con lo social 

Si bien su carrera académica y sacerdotal, así como su compromiso con Venezuela y la Compañía de Jesús ya son dignas de reconocimiento, su vinculación con lo social representa, a mi manera de ver las cosas, uno de los atributos más resaltantes del legado del Padre Luis Ugalde. Su filosofía no es una aproximación predominantemente académica, sino que ha sido un planteamiento recurrente de su visión de país, como vía necesaria para la construcción de ciudadanía y convivencia. Ha sido un planteamiento permanente y amplio, en el cual no solo ha propuesto soluciones sino que ha trabajado decididamente en ellas.

Un mensaje recurrente en su pensamiento transmite la necesidad del “rescate de lo público”, donde Ugalde hace énfasis en que “lo público” no es exclusiva responsabilidad de entes gubernamentales. Lo público nos corresponde a todos y por ello, la implementación de programas sociales de diversa índole en temas como la educación, la salud, la atención a los más vulnerables, tienen una perspectiva de servicio público, aunque perfectamente puedan ser gestionados desde iniciativas privadas. La responsabilidad o área que se atiende es de carácter público, independientemente de quien lo gerencie. Esta visión plantea la necesidad de trabajo articulado entre organizaciones sociales, gobiernos y entes privados para atender la severa crisis de servicios y oportunidades que aqueja a los venezolanos.

 

Vivir y servir en comunidad:

Durante un largo período de tiempo, Luis Ugalde vivió en Los Canjilones, una barriada de La Vega en el oeste de la ciudad de Caracas, población reconocida por la carencia de servicios públicos, inseguridad y pobreza en general. La cercanía de los jesuitas con esa parroquia ha sido muy fructífera, lo cual ha generado la posibilidad de vincular sus obras (movimientos juveniles, parroquias, centros de enseñanza, universidad) con dicha comunidad.

Vivir desde la comunidad genera por un lado apego, pero sobre todo la posibilidad de ponerse en los zapatos del otro. La dinámica del barrio hay que vivirla para entenderla. Esa cercanía significó para Ugalde un norte para el desarrollo de programas y proyectos desde la visión del barrio y desde la generación de capacidades que permitan desarrollar el talento de las personas y no solo la consecución de dádivas o auxilios esporádicos.       

Durante más de 30 años, el Padre Ugalde ha venido acompañando a la comunidad de La Pradera, sector ubicado en la parte más alta de La Vega, que como la gran mayoría de los barrios en Caracas nació producto de invasiones que luego fueron consolidándose como asentamiento y buscando resolver los enormes desafíos de vivienda, vialidad, servicios públicos y convivencia.

Además de su acercamiento inicial como sacerdote, la presencia de Ugalde garantizó un desarrollo digno de la comunidad en compañía de las Hermanas Misioneras de Acción Parroquial, presentes en la zona. Una capilla, un hogar de cuidados diarios, un centro asistencial de salud, un centro comunitario con diversos programas, una escuela de Fe y Alegría, formación para jóvenes, son algunos de los proyectos que la presencia de Ugalde y su vinculación con empresarios y aliados pudo canalizar para dar respuesta a las enormes demandas que tienen los más desfavorecidos. No hay empresario, estudiante, político, aliado, diplomático o visitante extranjero a quien Ugalde no le haya hecho un tour en tan alejado lugar, para tratar siempre de “sumar y multiplicar” como suele enfatizar, para lograr el desarrollo de dicha comunidad.  

 

Estudio para la superación de la pobreza:

Tal como mencioné previamente, desde la asociación de universidades confiadas a los jesuitas en América Latina AUSJAL, había una reflexión muy latente a inicios de la década de los noventa: “¿Estaremos formando profesionales exitosos para sociedades fracasadas?” lo cual fue para Ugalde un disparador para dedicar sus esfuerzos al más completo estudio de la pobreza vinculando academia y diversos sectores de la vida nacional.

Así nace, desde la universidad el denominado “Proyecto Pobreza” impulsado desde el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, sumando luego a las más importantes universidades del país y creando para ello la Asociación Civil para la Promoción de Estudios Sociales formada por un grupo de empresarios preocupados por dar respuesta a los desafíos del país.

Luego de innumerables publicaciones, presentaciones, asesorías a lo largo de varias décadas, aún hoy, este proyecto y las generaciones de investigadores que allí se formaron siguen en constante producción de contenido e investigaciones. De hecho, en ausencia de datos estadísticos oficiales de hogares en Venezuela actualmente, la principal fuente de información referencial es la Encuesta de Condiciones de Vida del venezolano ENCOVI y que viene siendo una consecuencia significativa del otrora Proyecto Pobreza. 

Muy lamentablemente, mientras se gestó toda esta vocación por lo público desde la academia y el empresariado, Venezuela entró en uno de los períodos más complejos de nuestra historia reciente que lejos de “sumar y multiplicar” con los más capaces, se encargó de “restar y dividir”. Luis Ugalde ha sido un permanente crítico de tal situación, pero siempre con una convicción y visión esperanzadora, lo cual lo catapulta como hombre necesario para la Venezuela actual.    

 

El Parque Social Padre Manuel Aguirre SJ:

Si el Proyecto Pobreza fue la respuesta académica a la pregunta cuestionadora, el Parque Social fue la respuesta práctica, el laboratorio experimental, para seguir haciendo de la UCAB una universidad cónsona con la realidad venezolana.

Tengo un sesgo al postular al Parque Social UCAB como una de las expresiones más brillantes de la carrera del Padre Ugalde, pues tuve el privilegio de acompañarle en este desafío. Lo defiendo por lo osado del proyecto y contundente de sus resultados, superando incluso las expectativas del propio Ugalde: “Mientras muchas iniciativas se ven frustradas, pues su realidad poco pudo acercarse al sueño inicial, en el caso del Parque Social ocurrió lo contrario, pues la realidad, sencillamente, superó lo que soñamos” (Luis Ugalde sj, 2010, Homilía de despedida como Rector de la UCAB)

La construcción conceptual y física del Parque Social UCAB a finales de la década de los noventa del siglo XX fue realmente un ejemplo de audacia y de visión de futuro cónsona con el país. En medio de tantas necesidades de crecimiento de toda la planta física de la universidad, se opta por la creación de un proyecto social de gran envergadura que sirva como plataforma para generar un impacto tanto a lo externo como a lo interno de la universidad.

Como todo proyecto, el Parque Social contó con personas visionarias que impulsaron su gestación y desarrollo. Los jesuitas Luis Ugalde y Luis Azagra fueron los gestores conceptuales y reales de la obra, cuyas directrices, orientaciones y acompañamiento fueron claves para crear un modelo totalmente novedoso de universidad basada en el servicio y orientada a formar profesionales comprometidos con el desarrollo de la sociedad venezolana. Ya Ugalde, varios años antes, siendo vicerrector académico había creado la Dirección de Proyección a la Comunidad como espacio necesario para la vinculación de la tarea académica con la realidad que nos interpelaba. 

Luego desarrolló conceptualmente la propuesta y acuñó el término “Parque Social” poniendo especial énfasis en la concepción de un Proyecto para el Rescate de lo Público. El objeto del proyecto exponía: “Se trata de que esta sociedad deje de considerarse llevada en brazos y sin costos por el Estado petrolero y pase a ser ella la que asume el Estado y la gestión eficaz de los servicios públicos” (Ugalde, Parque Social Manuel Aguirre Elorriaga, 1996). Vale destacar que estas líneas son previas a la llegada del “Socialismo del Siglo XXI” cuyo enfoque, lamentablemente para el país, fue diametralmente opuesto a lo planteado por Ugalde a mediados de los noventa.

Hoy día, el Parque Social de la UCAB supera las dos décadas de atención ininterrumpida a las comunidades más vulnerables con un proyecto de salud - Centro de Salud Santa Inés UCAB - que supera las 100.000 atenciones médicas por año a muy bajo costo y bajo un modelo de auto-sostenibilidad financiera; lidera una red de centros de salud de organizaciones religiosas a lo largo del país - AVESSOC - y vincula a estudiantes de toda la universidad y sus carreras para conectarse a través de cada una de sus disciplinas con el servicio a los más vulnerables dentro del Centro de Educación Comunitaria. Este modelo de Universidad-Servicio cuenta con sede permanente para las clínicas jurídicas dando asesoría legal gratuita, también una unidad de psicología que combina docencia, servicio e investigación con un equipo de profesionales y estudiantes de pre y postgrado, asesoría económica, apoyo educacional a las escuelas de la zona y sede para todo el voluntariado de las diversas escuelas de la UCAB.

El Parque Social es un caso de estudio a nivel mundial y no han sido pocas las veces que visitantes nacionales e internacionales, de muy diferentes áreas de conocimiento, hayan quedado boquiabiertos ante la osadía de un proyecto de tal envergadura desde una universidad.     

 

Reflexión final:

Luis Ugalde llega a sus 83 años con la cabeza lúcida y en plena actividad. Como muchos otros quienes han dedicado su vida entera al país, llega con la impotencia de no terminar de ver un cambio para la inmensa mayoría de los venezolanos que anhela calidad de vida, pero siempre con una palabra esperanzadora en cada línea que sale de su laptop o cada palabra dada en una conferencia, homilía o entrevista. Si algo conoce el Ugalde historiador, es que las cosas no son eternas y que más temprano que tarde, su visión de país podrá ser un modelo puesto en práctica, no solo en los espacios en los cuales tienen la dicha de contar con su liderazgo, sino en toda una Venezuela que clama por ello.

Sus lecciones han tenido resonancia en muchos de los que hemos tenido la fortuna de aprender a su lado y mi propia fundación lleva su impronta a otros sectores donde procuramos construir junto a su gente. Dios lo bendiga Padre Ugalde y le permita ver el comienzo de la Venezuela que soñó.  

 

22 de diciembre de 2021

viernes, 5 de febrero de 2021

Mirada esperanzadora


 

Bernardo Guinand Ayala

 

Acción, suspenso, drama, terror o comedia. ¿Qué tipo de película venimos escribiendo en Venezuela? Si tuviéramos que entregar algo así como los premios Oscar de la Academia, la categoría del “Año más complejo” sería, sin duda, una de las categorías más disputadas y en la que cada año, tal como sucede en Hollywood, parece que los directores se esmeraran por elevar el nivel de la producción. 

 

Recordarán el 2017, un año extraordinariamente complejo y gran candidato al premio. En medio de ese turbulento año nació Fundación Impronta con muchos sueños, algunas ideas plasmadas en un papel y muy pocos recursos. La adversidad no nos frenó y aquí estamos hoy. Recientemente cerró el 2020 y como ya suele ser costumbre, la complejidad no dejó de ser amenaza, convirtiendo nuestro ya espinoso acontecer nacional en una crisis de categoría mundial. Pero incluso al finalizar sus días, a alguna de nuestras colaboradoras le escuché decir: “ha sido el mejor año que hemos tenido” evaluando lo alcanzado a pesar de las dificultades. Y en medio de esta pandemia llegamos a celebrar nuestro cuarto aniversario, con más preguntas que respuestas, con dudas pero con planes y sobre todo, llenos de esperanza.

 

Hace un buen tiempo vengo leyendo algunos escritos de un dramaturgo y político checo – Vaclav Havel - que dedicó parte de sus discursos y obras a hablar de la esperanza. Reconocía, que la esperanza no es objetiva, no es algo que se basa en hechos concretos ni en análisis acertados del futuro. Tampoco es algo que se encuentra en el entorno, en los signos externos que nos permitan visualizar un mejor horizonte. ¡No! La esperanza es algo que nace dentro de uno, que algunos la tienen y puede que otros no. Es como un don. Y ese don permite que aunque objetivamente veas el camino oscuro, gris y sin ninguna señal real de que las cosas vayan a cambiar para mejor, aun así esa fuerza te mueve hacia adelante para hacer lo que crees que debes hacer y para siempre tener una mirada esperanzadora de ese futuro que deseas. Incluso cuando año a año sigan superándose con la categoría al más complejo de los premios Oscar de la Academia.

 

Impronta, como fundación, evidentemente tiene planes y proyectos que pueden ser medidos en su alcance y eficacia, pero creo, que en este momento de Venezuela que nos ha tocado vivir, Impronta es por sobre todo una especie de faro que alumbra de esa necesaria esperanza para poder seguir, para soñar, para construir juntos, para preocuparnos y ocuparnos por quienes puedan vivir en una Venezuela más digna, más solidaria y más constructiva.

 

En la Isla de Okinawa, en Japón, viven unas de las personas más longevas del planeta. En algún momento hicieron un estudio y en promedio la gente vivía 7 años más que sus similares en América. Estudiaron que hay muchas razones para ello como su alimentación, sin duda deben vivir más tranquilos y relajados que nosotros aquí en Caracas y también se percataron que la palabra “retiro o jubilación” no existe en su vocabulario. El deseo de mantenerse útiles es clave para ellos. Por otra parte, tienen una palabra en su léxico que tiene un significado muy poderoso para ellos. Esa palabra es lo que ellos denominan Ikigai cuya traducción al castellano sería algo así como “la razón por la que te levantas cada mañana”. La idea de tener un propósito, por sencillo que parezca es un elemento decisivo en sus vidas y en su longevidad. No hay que tener como meta llegar a la luna sino, en cada etapa de tu vida tener una razón importante y tangible que te entusiasme cada día: cuidar y ver crecer a tus nietos, impulsar el sueño de esa guardería en la que invertiste tus ahorros, enfocarte en esos estudios que te permitirán apuntar a un Ikigai aún más grande, impulsar el deporte, la cultura o la educación en tu comunidad, transformar un espacio en desuso en un laboratorio para generar oportunidades de transformación en la vida de los jóvenes.

 

En fin, tantos propósitos que nos pueden animar a saltar de la cama para procurar alcanzarlos, aún en medio de las adversidades. Cada uno de nosotros tendrá los suyos propios, pero sé que en conjunto, agrupados bajo ese paraguas de valores y sueños que representa Fundación Impronta, seguir siendo sembradores de esperanza donde otros ven oscuridad es un propósito que vale la pena y que sería nuestro mejor regalo de cumpleaños.

 

Probable y objetivamente, este pueda parecer otro año para una película de drama o incluso de terror, pero que nuestra mirada esperanzadora nunca deje de ser ese faro que alumbra para que las generaciones futuras puedan vivir una Venezuela con más películas llenas de alegrías y superación. ¡Gracias a todos y feliz cumpleaños Impronta!

 

          5 de febrero de 2021

jueves, 23 de abril de 2020

Generamos oportunidades que transforman vidas


Bernardo Guinand Ayala

Ciudad Tablita
Entrar en casa de Verónica en Ciudad Tablita - Caucagüita - es visualizar un pedacito de Venezuela en miniatura. Empinadas escaleras para llegar hasta su casa, piso de tierra, paredes de latón y madera y una humilde pero útil cocina que sirve de epicentro de la vida familiar. Si bien en Ciudad Tablita los servicios básicos son insuficientes o mejor dicho inexistentes, al menos hay espacio para sembrar matas de parchita, lechosa, aguacate y tomates que cultiva con gran orgullo.

Si algo me apena, en los meses que tengo visitando la casa de Verónica, es que aún me cuesta diferenciar quiénes son sus hijos y cuáles sus nietos. Todos se confunden en edades similares pues las hijas mayores de Verónica también son madres y coincidió su estreno de abuela mientras tenía más hijos con otra pareja. Hoy ninguna de sus parejas pinta en el panorama.

Verónica es de Güiria, estado Sucre y siempre habla de Dios. En medio de la pobreza, la fe es
Verónica con 2 de sus hijos y 2 nietos
un sostén valiosísimo para seguir adelante, algo así como lo que ahora llamamos resiliencia. No le gusta vivir en un rancho, me cuenta que nunca había vivido en uno así, pero siguiendo a una de las hijas mayores a Caracas, se quedó como cabeza de familia procurando que las más grandes salgan adelante y los más pequeños estudien. Lamentablemente, una de sus hijas adolescentes salió también embarazada y se suma una boca más que alimentar, con pocos produciendo, aunque otra de las hijas - desde Colombia - trata de enviar alguito, aunque no alcanza ni para cubrir lo que demandan los hijos que ahora Verónica también debe criar. El fenómeno migratorio ha pasado a ser uno de esos nuevos desafíos para nuestra sociedad, a todo nivel.         

En esa Venezuela en miniatura, representada por la casa, la familia y las dificultades de Verónica, es la realidad que día a día decidimos asumir desde Fundación Impronta. La llegada a Caucagüita nos ha sumergido en anécdotas como la de Verónica y muchas más, a veces agobiante, pero sin duda desafiante. En medio del relato tan cuesta arriba que describo, nosotros observamos una rendija de esperanza que se muestra en cada caso. Es a eso lo que nosotros, desde Impronta, hemos denominado oportunidades. Hemos evidenciado, que más allá de las carencias económicas - sin duda tema clave a resolver - la pobreza se arraiga en las familias por la ausencia de oportunidades. Cosas convencionales en familias clase media o alta, son obstáculos gigantescos en entornos de pobreza.

Entonces encontramos que Verónica, con todas las dificultades que pueda tener – y vaya
En el Centro de Artes Integradas
que son muchas pues ella es una mujer con mucho sufrimiento a cuestas
- es capaz de manifestarnos que cree en la educación como herramienta para salir adelante. Nos insiste que a su nieto Samil le gusta la música o que su hijo Aarón dibuja muy bien, que ella misma desea emprender, pero también reconoce su necesidad de contención emocional. Y así, poco a poco, a cada uno de ellos les hemos ido brindando la oportunidad de ser niños, de participar en un plan vacacional, de ir en las tardes a formarse en artes, de establecer una jornada de salud en Ciudad Tablita para ser evaluados o ser atendidos por el psicólogo que logramos enraizar en pleno corazón de Caucagüita. Mucho por hacer, pero vamos avanzando paso a paso. Por eso, en Impronta  “generamos oportunidades que transforman vidas”.

Hasta aquí, el texto descrito era parte del editorial que redacté para el informe de gestión de Fundación Impronta, sin embargo, desde la fecha de publicación a este momento muchas cosas se han agudizado por la llegada del coronavirus. Lejos de congelarnos y dejar nuestro trabajo para otro momento, el compromiso con familias como la de Verónica se ha incrementado, respetando por supuesto la receta de aislamiento que la situación nos impone.

En medio de la adversidad, dos acciones concretas han nacido como respuesta a la crisis agravada por el Covid-19. Sin ser el tema alimentario nuestro foco, muy pronto en la cuarentena nos percatamos que las familias más vulnerables la iban a pasar aún peor pues dependen del ingreso que pueden levantar día a día. La necesaria cuarentena para protegernos del virus, afecta sobre todo a la economía de las familias más pobres. Si los grandes países con economías robustas han prendido la alarma, imagínense la repercusión en familias que ya venían pasando penurias.

Vista de Ciudad Tablita
Gracias a unos primeros recursos que llegaron sin buscarlos, iniciamos la campaña “Cuarentena en Caucagüita” que originalmente apoyaría a 5 familias, que estiramos a 15 y así - a la fecha de este post - hemos podido impactar en 107 familias que se traducen en 495 rostros, siendo fundamentalmente niños, adultos mayores y una increíble cifra de familias con algún miembro con discapacidad o enfermedad que limita sus posibilidades de estudio o trabajo. De todas esas familias, la cifra más alta (28%) corresponde a Ciudad Tablita, dando continuidad al trabajo allí avanzado y donde la familia de Verónica, con gran cantidad de bocas que alimentar, estuvo siempre en nuestro norte.

Pero la historia no termina aquí, porque cuando se suma y multiplica, los resultados no pueden ser sino más elevados. Íbamos a Caucagüita subiendo por un sector empinado llamado El Cují, justamente para hacer entrega del apoyo alimentario a las primeras 15 familias cuando me llama Silvia Itriago del Centro de Artes Integradas CAI, una de las principales alianzas que tiene Impronta para el desarrollo de talento de nuestros niños, donde hay 30 de ellos becados. Silvia, al igual que yo, se ha preocupado y movilizado bastante por la situación de los hijos y nietos de Verónica. Particularmente ha estado preocupada por Aarón, justo el primero de los hijos que Verónica me presentó por tener destrezas en las artes pero una condición probablemente neurológica que le hace meter una piernita. Desde el CAI, Silvia venía atenta también a la situación nutricional de ese hogar.

Hijos y nietos de Verónica rezan en nuevo comedor
Como decimos en criollo, “pa echá el cuento corto”  Silvia movilizó un primer financiamiento proveniente de padres y docentes de la Fundación de Acción Social del Colegio Integral El Ávila y en alianza con Fundana y por supuesto Fundación Impronta - donde contactamos a los líderes comunitarios que pudieran realizar la procura de alimentos, su preparación y el seguimiento - se creó un comedor en Ciudad Tablita en tiempo récord para dar respuesta al tema nutricional que nos preocupa de Aarón, sus hermanos y sobrinos. En medio de los mayores desafíos a nivel mundial, la solidaridad puesta en acciones genera resultados tangibles.

Aarón
Obviamente, esta necesidad ha repercutido al resto de las familias de la comunidad y al día de hoy nuestro reto es sumar a otros aliados claves, como Alimenta La Solidaria Petare para evaluar la viabilidad de escalar el programa y resolver no solo las dificultades de la familia de Verónica, sino a muchas otras más.

En fin, efectivamente son tiempos de resguardo y prudencia, pero que ello no limite nuestra capacidad de seguir proponiendo y generando oportunidades que transformen la vida de los más vulnerables.                 

23 de abril de 2020

domingo, 26 de enero de 2020

Historias que inspiran


Bernardo Guinand Ayala

“La base de toda educación es cuestión de corazónDon Bosco

Sucedió esta semana. No es cuento chino, ni escritura creativa motivadora, ni siquiera producto del deseo optimista de que haya sido así. Simplemente sucedió y emociona. Solo trataré de ponerle palabras a lo que viví.

Como parte de las tareas de inicio de año y gracias al trabajo sostenido de Fundación Impronta en Caucagüita, recibimos una serie de comunicaciones de escuelas de la parroquia para visitarlas y ver de qué manera podemos articular esfuerzos para apoyarlas. Desde Impronta, así como por años hemos constatado - y aprendido - de Fundación Empresas Polar, seremos más efectivos en ayudar a reducir la pobreza en la medida que podamos fortalecer las capacidades propias que tiene cada comunidad. En ese sentido, nuestro foco está en apoyar lo que existe, poner nuestro mayor esfuerzo en acercarles aquello que les cuesta conseguir, justo por estar atrapados en la cotidianidad y la rutina, más aún en el complejo contexto venezolano.      

El martes nos embalamos hacia Turumo, sector muy populoso en la parte alta de
De visita en la Escuela J.A. Calcaño, Turumo
Caucagüita. Visitamos la Escuela Primaria José Antonio Calcaño gracias a la invitación de Zarith, su directora. Recorrimos el plantel que cuenta con una matrícula de algo más de 400 niños, visitamos cada salón lleno de caritas alegres, que no vacilaron en pararse cada vez que pisábamos sus aulas dándonos los buenos días de manera cariñosa y sincera. Como típica escuela pública, Zarith nos reveló algunas deficiencias de infraestructura, problemas con los baños, falta de bombillos, etc. Sin embargo, a la hora de sentarnos a hablar y visualizar algún tipo de ayuda, Zarith no se focalizó en la infraestructura. Su foco fue la gente. No hay escuela sin maestros y no hay buena escuela sin buenos maestros. Es evidente la fuga de personal docente por migración o por cambio de área productiva para dar sustento a sus familias, pero aun así, la escuela ha logrado retener a unos tantos y formar a otros para mantener la escuela abierta y los salones full. Incluso Zarith no se focalizó en poder remunerar mucho más a su plantilla, sino en poderles dar lo que esté a nuestro alcance para motivarlos, capacitarlos, mantenerlos lo mejor preparados para los retos que viven. De hecho, manifestó su preocupación por la evidencia de 5 de sus alumnos con trastorno del espectro autista y la manera cómo podíamos ayudar a sus docentes para saber atenderles mejor.   

Un ratico más tarde seguimos subiendo una cuesta muy empinada que nunca habíamos tomado en Turumo, sector Marín, donde nos encontraríamos con Yuleima, maestra especialista y psicopedagoga de la Escuela Don Bosco, iniciativa de los salesianos y subsidiada por la AVEC. Como buena escuela de inspiración católica, sus condiciones de infraestructura y limpieza eran muy buenas, aunque Yuleima y sus directivos no se conforman con estar bien. Hicimos nuevamente un recorrido y vimos áreas de mejoras en salones y muchas necesidades que desean cubrir. Sin embargo la petición expresada volvió a ser la misma: “Ayúdennos a mantener a nuestra gente capacitada y motivada”.

Dos días más tarde, parte de mi equipo volvería a reunirse con Yuleima en la Escuela Básica Negro Primero del sector La Embajada, escuela pública muy grande de Caucagüita, donde tanto Yuleima como Zarith trabajan en las tardes, para volver a constatar lo mismo: Apoyo a los maestros, formación de padres que han sustituido a los titulares, herramientas para atender a niños especiales, en fin, mantener las condiciones claves para ser escuela.    
        
Eneyda, Carlina y Carmen, voluntarias destacadas Impronta
Las sorpresas continuarían durante la mañana del miércoles. En la guardería Crecer con Jesús, iniciativa privada pero de carácter social ubicada en locales de la Iglesia Cristo Rey de Caucagüita, el equipo en pleno de Eneyda, fundadora de la guardería y aliada clave de Impronta, se formaba en “Estrategias didácticas” gracias al apoyo de Vanessa Páez, voluntaria estrella nuestra, quien involucró a su iniciativa de consultoría Eklektikos para preparar un taller que ayude a las maestras a salir de la rutina e implementar dinámicas diferentes en la formación de los niños. Nuevamente Zarith estuvo allí, así como muchas otras maestras de escuelas públicas. Rieron, trabajaron y supieron romper con la rutina para atender de nuevo a sus niños al día siguiente. La próxima semana se seguirán formando.   

Fuera de Caucagüita la cosa no ha sido distinta. El jueves en la oficina estuve con Marco,
Marco Dujmovic, director de proyectos IT Jesús Obrero
director de proyectos del Instituto Técnico Jesús Obrero de Catia, que debe ser el secreto mejor guardado de los jesuitas en pleno corazón del oeste caraqueño. Una verdadera tacita de plata, con una infraestructura y equipo humano sorprendente para formar técnicos en informática, electrónica y mucho más áreas. Desde ALSI Foundation, iniciativa de venezolanos en los Estados Unidos que busca captar recursos para la educación en Venezuela y con quienes me vinculé desde el 2019, hemos visto la posibilidad de ayudar al Jesús Obrero a través de un financiamiento que ubicamos en una plataforma virtual a la cual estamos suscritos. Viendo las bases del concurso y las necesidades del Instituto Técnico, nuevamente la conclusión fue la misma: “Vamos a redactar un proyecto para la capacitación continua de nuestros maestros, para su retención, para su motivación y para formar a aquellos profesionales que entraron este año como docentes pero que nunca lo había sido” Nuevamente su gente, nuevamente la calidad educativa como prioridad y como vocación.

Vanessa Páez, voluntaria profesional Impronta
Zarith, Yuleima, Eneyda, Vanessa, Marco y muchísimos más me hacen recordar la canción de Fito Páez, que junto a la melodía de su piano arranca diciendo: “quien dijo que todo está perdido, Yo vengo a ofrecer mi corazón." Zarith, Yuleima, Eneyda, Vanessa, Marco y seguramente la inmensa mayoría de los maestros venezolanos, aún con las necesidades tangibles de cada una de sus familias, saben que su trabajo probablemente no les rendirá jamás el fruto - monetario - justo de todo el esfuerzo puesto en ello, pero su vocación y deseo de servir va mucho más allá. Su recompensa es otra y no hay dinero que la pague.  

Solemos ver lo terrible y en el caso venezolano es inocultable. Jamás podremos conformarnos. ¿Pero cuántos maestros, especialistas de la salud y otros tantos profesionales en áreas sensibles están ahora abocados a “ofrecer su corazón”, su vocación de servicio para superar este trance? Por ellos celebro hoy, me llenan de alegría y esperanza.    

26 de enero de 2020

sábado, 11 de noviembre de 2017

Hoy puede ser un gran día

Bernardo Guinand Ayala

A menos de dos meses para terminar este complejo 2017, quien pueda decir con algún grado de certeza cual será el futuro próximo de Venezuela tendrá, o mucho de adivino, o muchísimo de farsante. Sentimos - y con razón - que el país se nos va por un despeñadero gigantesco, sin que sepamos realmente cómo detenerlo. Para colmo de males, si no fuera suficiente con el nefasto gobierno que agobia a los venezolanos, la oposición política pareciera haber entrado en un proceso de desconexión total con la realidad y con la gente, terminando de cegar alguna esperanza, al menos de corto o mediano plazo.

Aún así seguimos. Y seguimos porque la catástrofe en la que estamos metidos no hace sino decirnos: “hay demasiado por hacer”. Somos, como reza uno de los lemas de la Bill & Melinda Gates Foundation unos “Optimistas impacientes”. Optimistas, porque nada alienta más a un ser humano que poder ser un eslabón del cambio y del progreso que requiere una empresa o el país. Impacientes, porque pasan los días, los meses, los años y sentimos que se nos va la vida sin poder desarrollar esos cambios a profundidad.

Esta semana tenía en mi agenda algunos eventos significativos para mí y para mi recién creada fundación. Entre esas cosas que vienen - sin saber de donde - a la cabeza, recordé aquella canción de Serrat titulada: “Hoy puede ser un gran día”.  Si bien creo que soy una persona optimista y motivadora, tampoco soy el mayor fan de aquellos gurús que predican constantemente que hay que tener “mente positiva” para todo, todo el tiempo, como si no fuese válido decir a veces que estamos frustrados, desesperanzados, molestos o intolerantes. Sin embargo, esa mañana busqué en You Tube la canción del catalán y me vacilé mi dosis de buena vibra. Tenía verdaderas ganas y razones para querer un buen día.

Uno de los elementos más objetivos de la canción en cuestión, es que Serrat no asegura que “va a ser un buen día” sino que “podría serlo” y allí da en el clavo: “Hoy puede ser un gran día, duro con el. Es decir, si quieres que el día sea bueno, hay que echarle ganas al asunto. No es solo mente positiva, sino que es trabajo duro y si hay trabajo puede haber recompensa.

Efectivamente el día fue bueno y es aquí donde expongo lo que quiero dejar de reflexión. En cualquier país en general, para cualquier persona en cualquier circunstancia, pero particularmente en esta Venezuela que nos ha tocado transitar, es clave que cada quien se enfoque en lo que sabe hacer mejor, en lo que construye, en donde pones al servicio de la sociedad los talentos que tienes. Aquel día y la semana en general fueron positivos para mi y para mi equipo porque logramos proponer una ruta para hacer las cosas que sabemos hacer bien, porque logramos sumar a otros, porque nos seguimos arriesgando por el país con propuestas concretas que aterrizaron y ahora tienen un norte claro y por supuesto, mucho más trabajo por desarrollar.

Fue particularmente maravilloso cautivar y proponer a la Junta Directiva del Instituto de Previsión
Junta Directiva del IPN y de Fundación Impronta
del Niño - cuyo promedio de edad, sin exageración, ronda los 80 años - una alianza para un novedoso y audaz programa de atención y generación de oportunidades para adolescentes venezolanos de sectores populares. Fue también genial constatar el poder de convocatoria para un taller sobre adolescencia, sirviendo de bisagra entre todos los interesados.


Como si fuera poco, esta misma semana hemos podido llevar los primeros folletos de nuestra fundación a un antiguo y muy apreciado aliado en España para comenzar a dejar nuestra impronta internacionalmente y dejar un mensaje claro: hay mucho por hacer en Venezuela y aquí estamos proponiendo.        

Comedor en casa de Henry Vivas en Caucagüita
También han sido unos días para conectarnos con otros, particularmente con esos que están en nuestra misma sintonía y hacen cosas realmente maravillosas. Visitamos a Henry Vivas - aliado del Radar de los Barrios - quien transformó la sala de su casa en Caucagüita en un comedor para los niños más vulnerables del sector La Embajada. Conocimos la puesta en marcha del “Panabus”, una buseta convertida en sala de baño, peluquería, comedor y atención médica que rueda por Caracas brindándole dignidad a las personas en situación de calle. Conversé a través de nuestro #RadarEnPositivo con mi pana Juancho Pérez quien reporta estar optimista con una generación de jóvenes en formación a quienes tuvo la fortuna de dirigirse cuando la desesperanza reina.  
El Panabus de la Fundación Santa En Las Calles
        

Quien se centra en lo que sabe hacer y es capaz de servir con gusto a los demás, tiene en Venezuela, aún a pesar de las muy objetivas adversas circunstancias, un horizonte de posibilidades de acción.  Muchos de nosotros, al igual que Bill y Melinda Gates – pero sin la chequera claro está – somos unos optimistas impacientes. De hecho, hoy puede ser un gran día…. y mañana también!


11 de noviembre de 2017