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sábado, 20 de julio de 2024

Acto de grado Colegio San Ignacio 2024

Palabras Acto de Grado Colegio San Ignacio
(En representación de las familias de los graduandos)

Apreciadas autoridades del colegio, docentes y trabajadores, familiares y - muy especialmente - jóvenes graduandos:

Cierto día, cuando Bernardo – nuestro hijo – apenas iniciaba sus estudios en Villa Piscina, luego de recogerlo al colegio, Mimina le preguntó: “Ajá ¿qué hiciste hoy?”, a lo que Nando respondió: “Mamá: hoy fuimos a la parrilla”.  “¿A la parrilla?” preguntó de vuelta Mimina sorprendida. “¿Y qué hiciste en la parrilla?”. “Lo que nos dijo la Hermana, mamá, fuimos a rezar con Jesús”.
 
Confundir parrilla con capilla puede parecer, sencillamente, una anécdota divertida, sin embargo, en esta confusión hay muchas similitudes; porque a cada una de ellas – sea parrilla o capilla – uno asiste para compartir y creo que esa es una buena definición de lo que ha sido el Colegio San Ignacio para nuestros hijos y nuestras familias; un colegio que sobrepasa los requerimientos básicos de formación académica para ser un espacio de crecimiento humano, espiritual, intelectual y de relaciones. Un espacio donde, ciertamente, nos puede convocar un acto de acción de gracias – como acabamos de tener minutos antes – así como una disciplina deportiva o cultural, alguna actividad extracurricular, formación académica y, por qué no, una sabrosa parrilla entre panas.  
 
Entonces, nuestras primeras palabras, procurando ser eco de las cientos de familias aquí representadas es de agradecimiento al colegio y a todo su personal directivo, docente, administrativo, servicios generales y de las numerosísimas actividades que aquí confluyen, por habernos acompañado en la formación de nuestros hijos, en estos años tan significativos para sus vidas.
 
La educación vive, en el mundo entero, enormes desafíos marcados por la velocidad en que están ocurriendo los cambios, la imprescindible necesidad de actualización docente, los avances vertiginosos de las nuevas tecnologías y un larguísimo etcétera. Deseamos, como familias salientes, que el colegio siga asumiendo tales desafíos con talento y creatividad, en esta Venezuela llena de retos.
 
Para ustedes graduandos, tres mensajes que quisiera recordaran en la celebración de este día tan significativo para todos nosotros.
 
En primer lugar, no voy a hablarles de valores, aun cuando fue la única directriz que nos dieron para estas palabras. Aunque realmente sí quiero resaltarlos. Los valores no podemos enseñarlos en un discurso, los valores se viven, se reconocen en aquel que nos sirve de modelo, en aquellos que son consistentes entre lo que dicen y lo que hacen. Y aquí, aún con todos los defectos que tanto sus padres como maestros podamos tener, les aseguro que han tenido buenos ejemplos.  Hoy, ese privilegio que han tenido se convierte en un compromiso que deben asumir, porque de nada les sirve haber salido de estas aulas recitando “En Todo Amar y Servir” como si fuera un pasaporte que les abre automáticamente las puertas, si verdaderamente no están dispuestos a ponerlo en práctica. Venezuela y el mundo entero requieren gente preparada, pero, sobre todo, requieren ciudadanos con don de gente. Ustedes están llamados a serlo.
 
Segundo mensaje. Agarré mi celular, abrí Copilot, la aplicación de inteligencia artificial que uso y le escribí: “dame frases inspiradoras sobre educación dichas en Venezuela”. Y más allá de las frases me llamó la atención que todas esas citas eran de venezolanos que ya murieron, incluso la mayoría hace muchos años: Arturo Uslar Pietri, Rómulo Gallegos, Andrés Bello o José María Vargas. Entonces más que inspirarlos con sus frases, creo que la gran conclusión es que ustedes forman parte de una generación que les tocará reinventar la educación, la política, el país… y que sean sus frases y sus logros los que en un futuro alguien, aquí parado, los ponga de ejemplo.
 
Para los que quedan con la intriga, me quedo con una frase atribuida a Miguel Rojas Sánchez: “La educación es el vestido de gala para la fiesta de la vida”. Y allí los veo, vestidos de gala, ahora enrumbados a seguir nuevos desafíos en sus estudios. 
 
Último mensaje. Insistí con la asistencia de la inteligencia artificial, pero esta vez fui mucho más específico: “¿qué mensaje transmitirías a jóvenes venezolanos en su grado de bachiller, que han vivido la pandemia del Covid, la migración de sus familiares y amigos, los apagones, la crisis económica y la polarización política”… y luego de una serie de sugerencias sobre resiliencia, solidaridad, persistencia, ciudadanía…el texto concluye (y oigan bien): “les diría que son capaces de enfrentar cualquier desafío y que su generación tiene el poder de transformar Venezuela”.
 
Hoy, empiezo a sentir un guayabo grande al dejar atrás ese momento tan especial de cada semana. Venir a compartir con mi hijo, desde una grada, esa pasión que descubrió entre amigos y en un colegio que ha sido mucho más que un salón de clases. Pero celebro la alegría de que seguirá siendo su colegio, con las puertas abiertas para siempre.
 
Y cierro con algo que la inteligencia artificial definitivamente no podrá sustituir nunca, y es una mamá o un papá, parado frente a ustedes y que les diga de corazón: los queremos, estamos completamente orgullosos de ustedes y saben que estaremos acompañándolos en todos los desafíos que están por venir.      
 
¡Felicitaciones y viva la 97!
  

Familia Guinand Frías
19 de julio de 2024

sábado, 28 de octubre de 2023

Hermano Iñaki

Bernardo Guinand Ayala


     “Ustedes son los que Él ha escogido para ayudarle en su obra, anunciando a los niños el Evangelio de su Hijo”

San Juan Bautista De La Salle

 

Aquel era un día de semana cualquiera. Con catorce algunos y quince los mayores, estábamos en plena efervescencia de la adolescencia. Nos sorprendieron aquella mañana notificándonos que no tendríamos clases convencionales. “Salgan al patio que hoy tendrán una jornada diferente” nos avisó alguno de nuestros profesores del colegio. Acto seguido dijo: “van al salón audiovisual”. A finales de los ochenta, el salón audiovisual del Colegio La Salle La Colina era una total novedad que, hasta ese momento, había estado reservado exclusivamente para los alumnos del ciclo diversificado. Era un honor pisar aquel moderno lugar por primera vez.

 

“¿Qué vendremos a hacer aquí?” fue nuestra primera reacción, amplificada aún más cuando nos dijeron que aquella clase sería dada por el Hermano Iñaki quien, efectivamente, supo sacarle todo el potencial a la herramienta audiovisual. Iñaki había sido referente de La Salle en Venezuela y, por esa misma razón, siempre se había dedicado a labores directivas más que al salón de clases. Tener una clase con él, garantizaría una experiencia singular.

 

Aquel Hermano, que para la fecha estaba casi a mitad de sus cuarenta, se dispuso a hablarnos, de la manera más cercana y abierta sobre temas de sexualidad. Nunca había aprendido y comprendido tantas nuevas cosas como en aquella hora y pico que, con absoluta claridad nos transmitió. La Salle La Colina, para ese entonces, seguía siendo totalmente de varones, lo cual facilitaba el lenguaje y lo explícito de las imágenes que con total pertinencia nos exponía. Iñaki era una de esas extrañas personas que tenía especial facilidad para conectarse con los especímenes más complejos del mundo: los adolescentes. Y lo hacía desde una posición de respeto y confianza que impresionaban.

 

Antes de descubrir su valía como educador de jóvenes, Iñaki para mi representaba al gran artífice detrás del evento de mayor relevancia que tenía el colegio. Un evento a gran escala, que era una mezcla de talento, espiritualidad en el sentido más práctico y magia pura. El Hermano Iñaki era el director de la representación viviente de La Pasión de Cristo, que involucraba absolutamente a todo el colegio y se presentaba en el enorme campo de fútbol, en varias funciones, antes del asueto de Semana Santa. Eran largas jornadas de ensayo, con la música de la obra “Jesucristo Superstar” adaptada completamente al castellano con voces de reconocidos artistas de habla hispana y el audio, magistralmente acondicionado, por lo mas “top” de la época: la miniteca Betelgeuse.

 

Aquella apoteósica obra, que comenzaba con la entrada triunfal de Jesús el Domingo de Ramos, nos hacía sentir que estábamos realmente en Jerusalén siguiendo los pasos de Cristo. Arrancaba el acto y en las cornetas sonaba a todo volumen: “Hosanna Hey Sanna, Sanna Sanna Ho…” y saltábamos al unísono cientos de personas – niños de primaria, jóvenes de bachillerato y adultos - con nuestras palmas hacia el cielo, levantando polvo que se convertía en una gran nube, tras la búsqueda de Jesús que iba montado en burro, sujetado por el Hno. Iñaki, cuyo vestuario siempre destacaba por su autenticidad. A raíz de aquella experiencia, el Domingo de Ramos siempre ha significado, para mí, la fecha más especial de las celebraciones eucarísticas por su alegría, por aquellos recuerdos y por la presencia de un Jesús vivo y cercano, que particularmente siempre he preferido.   

 

Iñaki Sein Goñi, ese Hermano Lasallista, fue capaz de transmitirme, como nadie, la presencia cercana de Dios en la tierra, y a la vez, hablarnos con absoluta claridad sobre sexualidad y desafíos de la juventud. Todo esto, aderezado siempre, con una de sus indiscutibles marcas de fábrica: su sonrisa. Iñaki siempre estaba sonreído, y más allá de ello, siempre transmitía la alegría de verte y la disposición a escucharte.

 

Los Hermanos de las Escuelas Cristianas, esos discípulos de San Juan Bautista de La Salle, no son curas. No dicen misa, ni imponen los sacramentos. Aquel noble francés creó una congregación de maestros para quienes no tenían acceso a la educación y evitó la tentación de los compromisos, privilegios y cargos eclesiásticos. Así aseguró un rebaño de gente humilde, dentro de la iglesia, con el foco claro en formar a niños y jóvenes.

 

El Hermano Iñaki murió a finales de septiembre. Fue un digno discípulo de La Salle, un verdadero Hermano de las Escuelas Cristianas. En estos momentos, cuando veo con dolor el abandono de la profesión docente en Venezuela, donde la educación está en su momento más caótico y los jóvenes necesitan más que nunca una guía, cuanta falta nos hacen más educadores de la talla de Iñaki. Ojalá pueda iluminarnos desde el cielo.

 

Doy gracias a Dios por haber tenido la fortuna de tenerlo en mi camino.               

 

          28 de octubre de 2023

 

domingo, 27 de marzo de 2022

Algo raro está pasando

 

Bernardo Guinand Ayala


¿Cómo ves la cosa?” ha sido una pregunta recurrente en la Venezuela de finales de 2021 y principios de 2022. La verdad que no hay nada más complejo que tomarle el pulso a esta Venezuela tan enrevesada y cambiante, que ni siquiera quienes vivimos aquí, logramos descifrar.

 

Hay personas que se enfurecen si alguien insinúa la existencia de alguna mejoría económica, como si eso significara una victoria para el régimen, o como si seguir ahogados en nuestras miserias sea la vía para salir de él. Hay otros que con sarcasmo declaran que, si Venezuela ya se mejoró, entonces no hay que seguir apoyando ningún programa de desarrollo social.

 

En fin, opiniones hay muchas y diversas, pero ciertamente la voluntad del ser humano es seguir hacia adelante y aprovechar cada brecha para colarse y aspirar a su propio bienestar. Efectivamente comienza como una burbuja, pero que va ampliándose en la medida que llegue a quienes tienen alguna capacidad productiva, mientras aquellos sin capacidades, lamentablemente puedan quedar atrapados en una espiral de mayor desigualdad.

 

En definitiva, tanto hemos retrocedido que Venezuela necesitará inversión y crecimiento por muchos años. Pero como la economía es cosa de mayores y decisiones cargadas de análisis, cuando a mi me preguntan ¿cómo ves la cosa? se me ocurre más bien ver las lecciones que estoy recibiendo de niños y maestros en el sector educativo, que, aun siendo siempre tan subestimado, me está dando los mejores aprendizajes de ese deseo de la gente común de avanzar.

 

Y este es el cuento. Al retomar actividades en escuelas en esta fase “post pandemia”, desde Fundación Impronta hemos impulsado, con mucho ánimo, programas educativos en Caucagüita con especial foco en cerrar la brecha agravada por el Covid, mejorar la lectura y comprensión lectora e impulsar la lectura por placer. Lo primero que vale la pena resaltar, aunque parezca obvio, es el alarmante rezago de nuestros niños. Los dos años sin clases presenciales parecen como si el tiempo se hubiese detenido a principios de 2020. Una evaluación en una pequeña escuela en la parte alta de Turumo demostró que hay al menos un niño en 6to grado que no sabe leer, pero solo uno que sabe leer en 2do grado.

 

Como podrán imaginarse, hablar de lectura por placer, cuando ni siquiera se lee, ha venido replanteando el alcance y las estrategias de los programas, con un equipo docente animado a adaptarse a los cambios. Y así, el programa Lectura sobre Ruedas que apenas arrancamos, rápidamente y con mucha creatividad ideó una respuesta creando el “taller mecánico” como el espacio donde acuden los niños que requieren ajustar algunas piezas o darles alineación y balanceo.

 

El primer día de Lectura sobre Ruedas, que nació para incentivar el amor por la lectura y hacerlo de manera lúdica, se acercó Yeiler, un niño des-escolarizado de 13 años que deambula por las calles del sector Marín de Turumo y que Pily interceptó al ver el interés del niño en averiguar qué estaba sucediendo esa tarde en esa escuela. Al enterarse que no sabía leer, Pily lo invitó a pintar, lo cual agradeció con una sonrisa. Honestamente pensé que Yeiler iría solo ese día, pero desde aquella acogida, no ha perdido una sola clase los martes y jueves, aún con su desventaja. Yeiler, con su cara siempre feliz y su sonrisa inocultable, pasó a ser inspiración para todos siendo aplicado en todas las actividades y alumno ejemplar del taller donde Vanessa tiene el desafío de enseñarle a leer.

 

No ha habido, a la fecha, un representante adulto como intermediario, solo el deseo de un niño de 13 años que, por alguna razón, se quedó atrás, pero vio en esta movida una tabla de salvación para su futuro. Igual sucedió en una de las últimas lecciones de Lectura sobre Ruedas, donde dos representantes llevaron a su hijo a una sesión con la psicopedagoga de la escuela, quien les recomendó que dejaran al niño aquella tarde en el programa. Es un niño de 1er grado con algún tipo de dificultad de aprendizaje, pero que, bajo el asombro de sus acompañantes, por primera vez se quedó trabajando con otros niños y aunque está algo debajo de la edad del programa, también se quedó fijo ante la súplica de los padres.

 

Algo raro está pasando. Los mismos niños están saliendo al encuentro de oportunidades. Como Omar, de 12, que hace algunos años abandonó el programa de refuerzo escolar que tenemos con Vanessa en Los Guacamayos, pero al ver que su primo - quien si siguió - aprendió a leer y a escribir, acaba de pedir por cuenta propia, ser readmitido en el programa.

 

Como los adultos con la economía, estamos palpando a través de niños en edad escolar, ese deseo de avanzar. Ciertamente, la voluntad de nuestros niños no será suficiente si no viene acompañada por un impulso institucional y la suma de voluntades a todo nivel. En todas las organizaciones que apoyo estamos poniendo especial énfasis en este tema, así como la visualización de cómo la tecnología nos permitirá avanzar más rápidamente. Hace poco, un potencial colaborador me hablaba de la necesidad de dar “un salto de rana” hacia adelante, al hacer uso de nuevas estrategias en educación que aceleren el proceso de aprendizaje. A eso queremos dedicar tiempo y recursos en apoyo a las escuelas donde echamos una mano.

 

Algo raro ciertamente está pasando. Y para mí, más allá de la burbuja económica o el fenómeno de bodegones y movimiento comercial que viene creciendo, es ver el deseo de los más vulnerables, por tomar decisiones en su vida a través de la educación.          

          27 de marzo de 2022

domingo, 26 de enero de 2020

Historias que inspiran


Bernardo Guinand Ayala

“La base de toda educación es cuestión de corazónDon Bosco

Sucedió esta semana. No es cuento chino, ni escritura creativa motivadora, ni siquiera producto del deseo optimista de que haya sido así. Simplemente sucedió y emociona. Solo trataré de ponerle palabras a lo que viví.

Como parte de las tareas de inicio de año y gracias al trabajo sostenido de Fundación Impronta en Caucagüita, recibimos una serie de comunicaciones de escuelas de la parroquia para visitarlas y ver de qué manera podemos articular esfuerzos para apoyarlas. Desde Impronta, así como por años hemos constatado - y aprendido - de Fundación Empresas Polar, seremos más efectivos en ayudar a reducir la pobreza en la medida que podamos fortalecer las capacidades propias que tiene cada comunidad. En ese sentido, nuestro foco está en apoyar lo que existe, poner nuestro mayor esfuerzo en acercarles aquello que les cuesta conseguir, justo por estar atrapados en la cotidianidad y la rutina, más aún en el complejo contexto venezolano.      

El martes nos embalamos hacia Turumo, sector muy populoso en la parte alta de
De visita en la Escuela J.A. Calcaño, Turumo
Caucagüita. Visitamos la Escuela Primaria José Antonio Calcaño gracias a la invitación de Zarith, su directora. Recorrimos el plantel que cuenta con una matrícula de algo más de 400 niños, visitamos cada salón lleno de caritas alegres, que no vacilaron en pararse cada vez que pisábamos sus aulas dándonos los buenos días de manera cariñosa y sincera. Como típica escuela pública, Zarith nos reveló algunas deficiencias de infraestructura, problemas con los baños, falta de bombillos, etc. Sin embargo, a la hora de sentarnos a hablar y visualizar algún tipo de ayuda, Zarith no se focalizó en la infraestructura. Su foco fue la gente. No hay escuela sin maestros y no hay buena escuela sin buenos maestros. Es evidente la fuga de personal docente por migración o por cambio de área productiva para dar sustento a sus familias, pero aun así, la escuela ha logrado retener a unos tantos y formar a otros para mantener la escuela abierta y los salones full. Incluso Zarith no se focalizó en poder remunerar mucho más a su plantilla, sino en poderles dar lo que esté a nuestro alcance para motivarlos, capacitarlos, mantenerlos lo mejor preparados para los retos que viven. De hecho, manifestó su preocupación por la evidencia de 5 de sus alumnos con trastorno del espectro autista y la manera cómo podíamos ayudar a sus docentes para saber atenderles mejor.   

Un ratico más tarde seguimos subiendo una cuesta muy empinada que nunca habíamos tomado en Turumo, sector Marín, donde nos encontraríamos con Yuleima, maestra especialista y psicopedagoga de la Escuela Don Bosco, iniciativa de los salesianos y subsidiada por la AVEC. Como buena escuela de inspiración católica, sus condiciones de infraestructura y limpieza eran muy buenas, aunque Yuleima y sus directivos no se conforman con estar bien. Hicimos nuevamente un recorrido y vimos áreas de mejoras en salones y muchas necesidades que desean cubrir. Sin embargo la petición expresada volvió a ser la misma: “Ayúdennos a mantener a nuestra gente capacitada y motivada”.

Dos días más tarde, parte de mi equipo volvería a reunirse con Yuleima en la Escuela Básica Negro Primero del sector La Embajada, escuela pública muy grande de Caucagüita, donde tanto Yuleima como Zarith trabajan en las tardes, para volver a constatar lo mismo: Apoyo a los maestros, formación de padres que han sustituido a los titulares, herramientas para atender a niños especiales, en fin, mantener las condiciones claves para ser escuela.    
        
Eneyda, Carlina y Carmen, voluntarias destacadas Impronta
Las sorpresas continuarían durante la mañana del miércoles. En la guardería Crecer con Jesús, iniciativa privada pero de carácter social ubicada en locales de la Iglesia Cristo Rey de Caucagüita, el equipo en pleno de Eneyda, fundadora de la guardería y aliada clave de Impronta, se formaba en “Estrategias didácticas” gracias al apoyo de Vanessa Páez, voluntaria estrella nuestra, quien involucró a su iniciativa de consultoría Eklektikos para preparar un taller que ayude a las maestras a salir de la rutina e implementar dinámicas diferentes en la formación de los niños. Nuevamente Zarith estuvo allí, así como muchas otras maestras de escuelas públicas. Rieron, trabajaron y supieron romper con la rutina para atender de nuevo a sus niños al día siguiente. La próxima semana se seguirán formando.   

Fuera de Caucagüita la cosa no ha sido distinta. El jueves en la oficina estuve con Marco,
Marco Dujmovic, director de proyectos IT Jesús Obrero
director de proyectos del Instituto Técnico Jesús Obrero de Catia, que debe ser el secreto mejor guardado de los jesuitas en pleno corazón del oeste caraqueño. Una verdadera tacita de plata, con una infraestructura y equipo humano sorprendente para formar técnicos en informática, electrónica y mucho más áreas. Desde ALSI Foundation, iniciativa de venezolanos en los Estados Unidos que busca captar recursos para la educación en Venezuela y con quienes me vinculé desde el 2019, hemos visto la posibilidad de ayudar al Jesús Obrero a través de un financiamiento que ubicamos en una plataforma virtual a la cual estamos suscritos. Viendo las bases del concurso y las necesidades del Instituto Técnico, nuevamente la conclusión fue la misma: “Vamos a redactar un proyecto para la capacitación continua de nuestros maestros, para su retención, para su motivación y para formar a aquellos profesionales que entraron este año como docentes pero que nunca lo había sido” Nuevamente su gente, nuevamente la calidad educativa como prioridad y como vocación.

Vanessa Páez, voluntaria profesional Impronta
Zarith, Yuleima, Eneyda, Vanessa, Marco y muchísimos más me hacen recordar la canción de Fito Páez, que junto a la melodía de su piano arranca diciendo: “quien dijo que todo está perdido, Yo vengo a ofrecer mi corazón." Zarith, Yuleima, Eneyda, Vanessa, Marco y seguramente la inmensa mayoría de los maestros venezolanos, aún con las necesidades tangibles de cada una de sus familias, saben que su trabajo probablemente no les rendirá jamás el fruto - monetario - justo de todo el esfuerzo puesto en ello, pero su vocación y deseo de servir va mucho más allá. Su recompensa es otra y no hay dinero que la pague.  

Solemos ver lo terrible y en el caso venezolano es inocultable. Jamás podremos conformarnos. ¿Pero cuántos maestros, especialistas de la salud y otros tantos profesionales en áreas sensibles están ahora abocados a “ofrecer su corazón”, su vocación de servicio para superar este trance? Por ellos celebro hoy, me llenan de alegría y esperanza.    

26 de enero de 2020

domingo, 15 de mayo de 2016

Desobediencia

Murió otro bebé en el J.M. de Los Ríos. Después de un tiempo en otro hospital donde ni siquiera fue diagnosticado, falleció esta mañana después de días en estado crítico y en el constante deambular buscando donantes de sangre, fenobarbital y una tomografía que no había en el hospital. Se llamaba Sebastián, de 2 años de edad y era nietico de una trabajadora del Instituto de Previsión del Niño, organización de la cual formo parte. Sebastián representa a miles de otros niños y familias venezolanas que sufren día tras día esta tragedia y aunque pedí por redes y radio su medicamento y ofrecí canalizar su tomografía, hoy siento que no pude hacer nada.

El viernes pasado mis hijos nuevamente perdieron clases. Obviamente todo el mundo sabe que esta medida no impactará en ningún ahorro energético, pero la inmensa mayoría de los colegios – y aplaudo a las escasas excepciones – han preferido acatar el decreto y no contrariar al régimen amenazador. A pesar de mi voz de protesta con algunos padres y buscar audiencia con directivos del colegio, a la final - como la gran mayoría - terminamos optando por una solución individual de proveer clases particulares en casa. Pero sin duda creo que la solución no debe, ni puede ser en estos momentos individual y hoy nuevamente siento que no hice nada.

Hoy despierto con el titular de que “Maduro llama a tomar las plantas paralizadas, encarcelar empresarios y radicalizar la revolución” en clara alusión a Empresas Polar, nuevamente burlándose de todos y tratando de engañar a quienes se alimentan con resentimiento. Todo lo paralizado, improductivo, expropiado o desvalijado son obras de este gobierno y su política de siembra de miseria. No creíamos en expropiación de fincas y empresas, en la debacle de la industria petrolera, así como vemos aún con asombro que puedan tocar la Polar. Veo un país arruinado y me siento interpelado en un futuro por mis hijos cuestionándome por qué no pudimos hacer nada.
   
Abordo solo tres temas de hoy que me tocan el alma, pero la lista puede ser eterna: la inseguridad, la inflación, el bachaqueo, las indignantes colas por todo, el abuso constante de poder, la corrupción obscena, la pérdida de todos los principios morales, la partida de tanto talento a otros países, el incremento de la pobreza y el hambre luego de la mayor bonanza en la historia y así puedo continuar. ¿Será que vamos a seguir sintiendo que no hemos hecho nada?

Y aquí viene el momento en el que quien me lee se podrá preguntar qué propongo. Obviamente no tengo soluciones mágicas y ni siquiera me siento tentado por la política, más allá de mi rol como ciudadano, mi identidad como venezolano y mi aporte como apasionado por las organizaciones de la sociedad civil, pero sí creo que debemos cambiar la apatía y visión individual por acciones y decisiones más arriesgadas y contundentes, sin que esto signifique que salgamos a la calle a matarnos. Creo que hay que buscar alternativas ingeniosas de desobediencia. A un gobierno que cada día toma decisiones arbitrarias y con cada vez menos sustento, no podemos agacharle la cabeza como mansos corderos. A un gobierno débil, que ha perdido abrumadoramente en las urnas electorales, no hay que hacerle sentir más fuerte de lo que realmente es.

Bastante se ha dicho que los dirigentes actuales no están a la altura de los ciudadanos, pero nosotros los ciudadanos ¿estamos a la altura del país?

Siento que en la medida que sigamos protegiendo nuestra parcelita individual, resolviendo mientras nuestro bachaquero nos consiga lo que necesitamos, justificando que podemos emparejar a nuestros hijos con tareas dirigidas, encontrando medicinas más allá de las fronteras por el privilegio que tenemos algunos de contar con familia afuera, pensando que lo que le ocurrió a Sebastián no le pasará a los nuestros, vamos alargando lentamente esta agonía y acostumbrándonos a este absurdo que estamos padeciendo.

Muchísimos ciudadanos no hacen más que criticar a la oposición, justificando que un gobierno – evidentemente antidemocrático – no se le puede sacar por vías democráticas y probablemente tengan razón, pero a ninguno de ellos los he visto ofrecerse como carne de cañón ¡Que mantequilla! Como yo no estoy dispuesto a cargar un fusil y menos apuntar a algún otro venezolano, no me queda otra que apostar por una salida democrática, constitucional y electoral y presionar para que así sea. Y en esa presión está la desobediencia que creo que tenemos que accionar.

Como dijera Chúo Torrealba cuando tomó las riendas de la secretaría de la MUD, calle no es solo una movilización enorme sino es hablar con el vecino, convencer al chavista, hacer el trabajo poco a poco en tu área de influencia. Y eso repercutió en los resultados del 6D. Hoy en día creo que desobediencia es accionar medidas contra las arbitrariedades del gobierno. Suspenden clases, abramos los colegios. Violan los tiempos de verificación de firmas, no lo asumamos como previsible, accionemos nuestra protesta. No dejan llegar una marcha, veamos que otra estrategia suma y los deja en ridículo.

No tengo todas las respuestas, pero creo que la era de aceptación del abuso de poder está en su ocaso y nuestra presencia ciudadana - nuestra desobediencia - desprendiéndonos un rato de la parcela, va a hacer la diferencia. Vale la pena por Sebastián, por nuestros hijos y su educación, por la Polar y todas las empresas que realmente trabajan por el desarrollo del país. Vale la pena mirarnos en unos años y decir que nosotros, los ciudadanos, lo hicimos.   


15 de mayo de 2016