(En representación de las familias de los graduandos)
sábado, 20 de julio de 2024
Acto de grado Colegio San Ignacio 2024
(En representación de las familias de los graduandos)
sábado, 28 de octubre de 2023
Hermano Iñaki
Bernardo Guinand Ayala
“Ustedes son los que Él ha escogido para ayudarle en su obra, anunciando a los niños el Evangelio de su Hijo”
San Juan Bautista De La Salle
Aquel era un día de semana cualquiera. Con catorce algunos y quince los
mayores, estábamos en plena efervescencia de la adolescencia. Nos sorprendieron
aquella mañana notificándonos que no tendríamos clases convencionales. “Salgan
al patio que hoy tendrán una jornada diferente” nos avisó alguno de
nuestros profesores del colegio. Acto seguido dijo: “van al salón
audiovisual”. A finales de los ochenta, el salón audiovisual del Colegio La
Salle La Colina era una total novedad que, hasta ese momento, había estado
reservado exclusivamente para los alumnos del ciclo diversificado. Era un honor
pisar aquel moderno lugar por primera vez.
Aquel Hermano, que para la fecha estaba casi a mitad de sus cuarenta, se
dispuso a hablarnos, de la manera más cercana y abierta sobre temas de
sexualidad. Nunca había aprendido y comprendido tantas nuevas cosas como en
aquella hora y pico que, con absoluta claridad nos transmitió. La Salle La
Colina, para ese entonces, seguía siendo totalmente de varones, lo cual
facilitaba el lenguaje y lo explícito de las imágenes que con total pertinencia
nos exponía. Iñaki era una de esas extrañas personas que tenía especial
facilidad para conectarse con los especímenes más complejos del mundo: los
adolescentes. Y lo hacía desde una posición de respeto y confianza que
impresionaban.
Antes de descubrir su valía como educador de jóvenes, Iñaki para mi
representaba al gran artífice detrás del evento de mayor relevancia que tenía
el colegio. Un evento a gran escala, que era una mezcla de talento,
espiritualidad en el sentido más práctico y magia pura. El Hermano Iñaki era el
director de la representación viviente de La Pasión de Cristo, que involucraba
absolutamente a todo el colegio y se presentaba en el enorme campo de fútbol,
en varias funciones, antes del asueto de Semana Santa. Eran largas jornadas de
ensayo, con la música de la obra “Jesucristo Superstar” adaptada completamente
al castellano con voces de reconocidos artistas de habla hispana y el audio,
magistralmente acondicionado, por lo mas “top” de la época: la miniteca
Betelgeuse.
Aquella apoteósica obra, que comenzaba con la entrada triunfal de Jesús el
Domingo de Ramos, nos hacía sentir que estábamos realmente en Jerusalén siguiendo
los pasos de Cristo. Arrancaba el acto y en las cornetas sonaba a todo volumen:
“Hosanna Hey Sanna, Sanna Sanna Ho…” y saltábamos al unísono cientos de
personas – niños de primaria, jóvenes de bachillerato y adultos - con nuestras
palmas hacia el cielo, levantando polvo que se convertía en una gran nube, tras
la búsqueda de Jesús que iba montado en burro, sujetado por el Hno. Iñaki, cuyo
vestuario siempre destacaba por su autenticidad. A raíz de aquella experiencia,
el Domingo de Ramos siempre ha significado, para mí, la fecha más especial de
las celebraciones eucarísticas por su alegría, por aquellos recuerdos y por la
presencia de un Jesús vivo y cercano, que particularmente siempre he preferido.
Los Hermanos de las Escuelas Cristianas, esos discípulos de San Juan
Bautista de La Salle, no son curas. No dicen misa, ni imponen los sacramentos.
Aquel noble francés creó una congregación de maestros para quienes no tenían
acceso a la educación y evitó la tentación de los compromisos, privilegios y
cargos eclesiásticos. Así aseguró un rebaño de gente humilde, dentro de la
iglesia, con el foco claro en formar a niños y jóvenes.
El Hermano Iñaki murió a finales de septiembre. Fue un digno discípulo
de La Salle, un verdadero Hermano de las Escuelas Cristianas. En estos momentos,
cuando veo con dolor el abandono de la profesión docente en Venezuela, donde la
educación está en su momento más caótico y los jóvenes necesitan más que nunca
una guía, cuanta falta nos hacen más educadores de la talla de Iñaki. Ojalá pueda
iluminarnos desde el cielo.
Doy gracias a Dios por haber tenido la fortuna de tenerlo en mi camino.
28 de octubre de 2023
domingo, 27 de marzo de 2022
Algo raro está pasando
Bernardo Guinand Ayala
“¿Cómo ves la cosa?” ha sido una pregunta recurrente en la
Venezuela de finales de 2021 y principios de 2022. La verdad que no hay nada más
complejo que tomarle el pulso a esta Venezuela tan enrevesada y cambiante, que
ni siquiera quienes vivimos aquí, logramos descifrar.
Hay personas que se enfurecen si alguien insinúa la existencia de alguna
mejoría económica, como si eso significara una victoria para el régimen, o como
si seguir ahogados en nuestras miserias sea la vía para salir de él. Hay otros
que con sarcasmo declaran que, si Venezuela ya se mejoró, entonces no hay que
seguir apoyando ningún programa de desarrollo social.
En fin, opiniones hay muchas y diversas, pero ciertamente la voluntad
del ser humano es seguir hacia adelante y aprovechar cada brecha para colarse y
aspirar a su propio bienestar. Efectivamente comienza como una burbuja, pero
que va ampliándose en la medida que llegue a quienes tienen alguna capacidad
productiva, mientras aquellos sin capacidades, lamentablemente puedan quedar
atrapados en una espiral de mayor desigualdad.
En definitiva, tanto hemos retrocedido que Venezuela necesitará
inversión y crecimiento por muchos años. Pero como la economía es cosa de mayores
y decisiones cargadas de análisis, cuando a mi me preguntan ¿cómo ves la
cosa? se me ocurre más bien ver las lecciones que estoy recibiendo de niños
y maestros en el sector educativo, que, aun siendo siempre tan subestimado, me
está dando los mejores aprendizajes de ese deseo de la gente común de avanzar.
Y este es el cuento. Al retomar actividades en escuelas en esta fase “post pandemia”, desde
Fundación Impronta hemos impulsado, con mucho ánimo, programas educativos en
Caucagüita con especial foco en cerrar la brecha agravada por el Covid, mejorar
la lectura y comprensión lectora e impulsar la lectura por placer. Lo primero
que vale la pena resaltar, aunque parezca obvio, es el alarmante rezago de nuestros
niños. Los dos años sin clases presenciales parecen como si el tiempo se
hubiese detenido a principios de 2020. Una evaluación en una pequeña escuela en
la parte alta de Turumo demostró que hay al menos un niño en 6to grado que no
sabe leer, pero solo uno que sabe leer en 2do grado.
Como podrán imaginarse, hablar de lectura por placer, cuando ni siquiera se
lee, ha venido replanteando el alcance y las estrategias de los programas, con
un equipo docente animado a adaptarse a los cambios. Y así, el programa Lectura
sobre Ruedas que apenas arrancamos, rápidamente y con mucha creatividad ideó
una respuesta creando el “taller mecánico” como el espacio donde acuden los niños
que requieren ajustar algunas piezas o darles alineación y balanceo.
El primer día de Lectura sobre Ruedas, que nació para incentivar el amor por la lectura y hacerlo de manera lúdica, se acercó Yeiler, un niño des-escolarizado de 13 años que deambula por las calles del sector Marín de Turumo y que Pily interceptó al ver el interés del niño en averiguar qué estaba sucediendo esa tarde en esa escuela. Al enterarse que no sabía leer, Pily lo invitó a pintar, lo cual agradeció con una sonrisa. Honestamente pensé que Yeiler iría solo ese día, pero desde aquella acogida, no ha perdido una sola clase los martes y jueves, aún con su desventaja. Yeiler, con su cara siempre feliz y su sonrisa inocultable, pasó a ser inspiración para todos siendo aplicado en todas las actividades y alumno ejemplar del taller donde Vanessa tiene el desafío de enseñarle a leer.
No ha habido, a la fecha, un representante adulto como intermediario, solo
el deseo de un niño de 13 años que, por alguna razón, se quedó atrás, pero vio
en esta movida una tabla de salvación para su futuro. Igual sucedió en una de
las últimas lecciones de Lectura sobre Ruedas, donde dos representantes
llevaron a su hijo a una sesión con la psicopedagoga de la escuela, quien les recomendó
que dejaran al niño aquella tarde en el programa. Es un niño de 1er grado con
algún tipo de dificultad de aprendizaje, pero que, bajo el asombro de sus acompañantes,
por primera vez se quedó trabajando con otros niños y aunque está algo debajo
de la edad del programa, también se quedó fijo ante la súplica de los padres.
Algo raro está pasando. Los mismos niños están saliendo al encuentro de oportunidades. Como Omar, de 12, que hace algunos años abandonó el programa de refuerzo escolar que tenemos con Vanessa en Los Guacamayos, pero al ver que su primo - quien si siguió - aprendió a leer y a escribir, acaba de pedir por cuenta propia, ser readmitido en el programa.
Como los adultos con la economía, estamos palpando a través de niños en
edad escolar, ese deseo de avanzar. Ciertamente, la voluntad de nuestros niños
no será suficiente si no viene acompañada por un impulso institucional y la
suma de voluntades a todo nivel. En todas las organizaciones que apoyo estamos
poniendo especial énfasis en este tema, así como la visualización de cómo la tecnología
nos permitirá avanzar más rápidamente. Hace poco, un potencial colaborador me hablaba
de la necesidad de dar “un salto de rana” hacia adelante, al hacer uso
de nuevas estrategias en educación que aceleren el proceso de aprendizaje. A
eso queremos dedicar tiempo y recursos en apoyo a las escuelas donde echamos
una mano.
Algo raro ciertamente está pasando. Y para mí, más allá de la burbuja económica o el fenómeno de bodegones y movimiento comercial que viene creciendo, es ver el deseo de los más vulnerables, por tomar decisiones en su vida a través de la educación.
27 de marzo de 2022
domingo, 26 de enero de 2020
Historias que inspiran
| De visita en la Escuela J.A. Calcaño, Turumo |
| Eneyda, Carlina y Carmen, voluntarias destacadas Impronta |
| Marco Dujmovic, director de proyectos IT Jesús Obrero |
| Vanessa Páez, voluntaria profesional Impronta |
domingo, 15 de mayo de 2016
Desobediencia
Y aquí viene el momento en el que quien me lee se podrá
preguntar qué propongo. Obviamente no tengo soluciones mágicas y ni siquiera me
siento tentado por la política, más allá de mi rol como ciudadano, mi identidad
como venezolano y mi aporte como apasionado por las organizaciones de la
sociedad civil, pero sí creo que debemos cambiar la apatía y visión individual por
acciones y decisiones más arriesgadas y contundentes, sin que esto signifique
que salgamos a la calle a matarnos. Creo que hay que buscar alternativas ingeniosas
de desobediencia. A un gobierno que
cada día toma decisiones arbitrarias y con cada vez menos sustento, no podemos
agacharle la cabeza como mansos corderos. A un gobierno débil, que ha perdido
abrumadoramente en las urnas electorales, no hay que hacerle sentir más fuerte
de lo que realmente es.


