Mostrando entradas con la etiqueta Don Bosco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Don Bosco. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de julio de 2024

Sentido de trascendencia

Bernardo Guinand Ayala

 

Esa tarde estaba conociendo a Laura y sus ojos aguados me movieron la fibra. Una vez más supe que estaba en el lugar correcto, haciendo lo correcto, con la gente correcta. Echemos la película para atrás porque no fue casualidad que, aquella tarde en Turumo, Laura me hiciera aquella confesión.

 

Al fundar Impronta establecimos cinco valores orientadores: dignidad, solidaridad, pasión, impacto y un quinto valor bastante particular: trascendencia. Personalmente me mueve profundamente la trascendencia, no tanto – o no solo – por el interés en ser memorables, sino como una especie de antídoto contra un flagelo que tenemos tatuado en nuestra idiosincrasia: el cortoplacismo. El mundo entero se ha vuelto obsesionado con el ¡para ya!, ¡para ahora!, ¡lo que me dé rédito inmediato! y un largo etcétera.

 

En Venezuela, habernos echado al pico la enorme bonanza que supuso el petróleo, sin haberlo invertido en el futuro, en un verdadero plan de desarrollo, así como en educación, es uno de los ejemplos más tristes de las gríngolas cortoplacistas. No sembramos el petróleo, nos reclamaría Uslar Pietri. Adicionalmente, la premura del corto plazo actúa como caldo de cultivo para vicios acaba-países como la corrupción y el clientelismo.   

                                                 

En contraposición, una impronta – una huella – tiene que ver con el largo plazo e invita a transitar una vida coherente – con la maravillosa oportunidad de equivocarnos en el camino – pero que apunta a dejar ese legado para nuestros seres queridos, nuestra comunidad y el país.

 

Como fundación, la trascendencia también ha sido una invitación para que otros apunten a ese largo plazo, a visibilizar su legado sumándose a nuestra causa. Y vaya que hemos visto casos, pero hoy vengo a recordar uno en particular con dos historias paralelas.

 

Hace algunos años, la familia De Sola se acercó a nosotros para, en alianza, ayudar a cumplir con el legado de su abuelo. Don René De Sola, luego de una larga y muy productiva vida, encomendó a sus nietos la noble tarea de crear una fundación familiar que hoy lleva el nombre de “Letras en Acción” para promover la lectura con foco en niños en su temprana edad escolar. De esta alianza nació “Lectura sobre Ruedas”, probablemente el programa más bonito y contundente que, hasta ahora, hemos desarrollado en Fundación Impronta.

 

Además de su dilatada trayectoria y destacada hoja de vida como jurista al servicio del país, René De Sola era un ávido lector y motivador por excelencia de la literatura en su núcleo familiar. Sus hijos recuerdan, con especial lucidez, la práctica rutinaria de la lectura a la que su padre los animaba, leyendo él en paralelo los mismos libros para luego poder comentarlos junto a cada uno de ellos.

 

No cabe ninguna duda que, cuando casi 140 niños de Caucagüita del programa reciben una palabra de aliento por parte de los familiares directos de ese señor mayor a quien no conocieron o incluso escriben un cuento sobre quien dio la oportunidad de que existiese Lectura sobre Ruedas, sigue vivo el recuerdo de Don René De Sola. Eso, justamente, es trascender. Y no solo por tenerlo muy presente, sino porque cuando un niño de Turumo es capaz de llevarse durante un año escolar, sin obligación, más de 30 cuentos para leer en casa, es como si ese niño o niña hubiese estado sentado en un puesto de aquella biblioteca del Doctor De Sola en su casa de Caracas.

 

Pero trascender va más allá. Quizás es común que una persona de la talla de un abogado destacado, que vivió casi 100 años y tuvo la fortuna de juntar algunos recursos en su carrera, pueda darse el lujo de seguir presente a través del deseo que manifestó a sus nietos. Pero quizás otros nos sintamos algo más pequeños frente a tal desafío o pensemos que solo la riqueza material puede acercarnos a semejante nivel de trascendencia. Yo también lo creía así, hasta que Laura, con sus ojos claros y brillosos detrás de sus lentes, me hablara aquella tarde.

 

Laura asistió para sacarnos unas fotos que iban a ser publicadas junto a una entrevista realizada para Debates IESA. La verdad que la foto la hemos podido hacer en nuestra oficina, pero ha sido maravilloso conectar a la gente con el trabajo que hacemos, en el lugar donde lo hacemos. De esa forma, aprovechando una tarde cualquiera del programa en la Escuela Don Bosco en la parte más alta de Turumo, Laura se encaramó en el Impronto Móvil junto a Virgilio – el redactor de la entrevista – y terminó recorriendo cada una de las estaciones donde los niños hacían sus actividades y apuntando con su lente cada circunstancia que le llamaba la atención.  

 

Al cerrar la tarde, Laura se me acerca, baja la voz en medio del bullicio de una escuela repleta de niños y me pregunta si puede comentarme algo. Allí me confiesa que su hijo murió hace 11 años, que era también un ávido lector y que ella – y su esposo – aún no habían podido desprenderse de muchas de sus cosas. Entre palabras pausadas y sus ojos húmedos se evidenciaba ese duelo tan profundo que está aún presente. Simón, su hijo, tenía apenas 13 años. Entonces me dijo: “Bernardo, aún conservamos muchas de sus cosas, entre ellas sus cuentos. No habíamos tenido el valor de desprendernos de ellos. Hasta hoy. Creo que encontré el lugar donde quiero que estén los cuentos de mi hijo”.

 


Volví a ver a Laura hace pocas semanas. La invitamos al cierre de Lectura sobre Ruedas nuevamente nos regaló sus maravillosas fotografías. Luego de haber hablado con su esposo, ambos llegaron ese día con los cuentos de Simón, cuentos que ahora son leídos por nuestros niños y niñas de Caucagüita, como legado de aquel niño lector y de sus padres.

 

Ese día aprendí que para trascender no hacen faltan grandes proezas ni riqueza, sino vivir de manera auténtica entre nuestros seres queridos y mirando un poco más allá de nuestra zona de confort. En Impronta honramos tanto el legado de Don René De Sola, como de Simón, así como de tantos otros que nos apoyan pensando en el futuro de nuestros niños y no sólo en algún resultado o beneficio inmediato.      

 

01 de julio de 2024

domingo, 26 de enero de 2020

Historias que inspiran


Bernardo Guinand Ayala

“La base de toda educación es cuestión de corazónDon Bosco

Sucedió esta semana. No es cuento chino, ni escritura creativa motivadora, ni siquiera producto del deseo optimista de que haya sido así. Simplemente sucedió y emociona. Solo trataré de ponerle palabras a lo que viví.

Como parte de las tareas de inicio de año y gracias al trabajo sostenido de Fundación Impronta en Caucagüita, recibimos una serie de comunicaciones de escuelas de la parroquia para visitarlas y ver de qué manera podemos articular esfuerzos para apoyarlas. Desde Impronta, así como por años hemos constatado - y aprendido - de Fundación Empresas Polar, seremos más efectivos en ayudar a reducir la pobreza en la medida que podamos fortalecer las capacidades propias que tiene cada comunidad. En ese sentido, nuestro foco está en apoyar lo que existe, poner nuestro mayor esfuerzo en acercarles aquello que les cuesta conseguir, justo por estar atrapados en la cotidianidad y la rutina, más aún en el complejo contexto venezolano.      

El martes nos embalamos hacia Turumo, sector muy populoso en la parte alta de
De visita en la Escuela J.A. Calcaño, Turumo
Caucagüita. Visitamos la Escuela Primaria José Antonio Calcaño gracias a la invitación de Zarith, su directora. Recorrimos el plantel que cuenta con una matrícula de algo más de 400 niños, visitamos cada salón lleno de caritas alegres, que no vacilaron en pararse cada vez que pisábamos sus aulas dándonos los buenos días de manera cariñosa y sincera. Como típica escuela pública, Zarith nos reveló algunas deficiencias de infraestructura, problemas con los baños, falta de bombillos, etc. Sin embargo, a la hora de sentarnos a hablar y visualizar algún tipo de ayuda, Zarith no se focalizó en la infraestructura. Su foco fue la gente. No hay escuela sin maestros y no hay buena escuela sin buenos maestros. Es evidente la fuga de personal docente por migración o por cambio de área productiva para dar sustento a sus familias, pero aun así, la escuela ha logrado retener a unos tantos y formar a otros para mantener la escuela abierta y los salones full. Incluso Zarith no se focalizó en poder remunerar mucho más a su plantilla, sino en poderles dar lo que esté a nuestro alcance para motivarlos, capacitarlos, mantenerlos lo mejor preparados para los retos que viven. De hecho, manifestó su preocupación por la evidencia de 5 de sus alumnos con trastorno del espectro autista y la manera cómo podíamos ayudar a sus docentes para saber atenderles mejor.   

Un ratico más tarde seguimos subiendo una cuesta muy empinada que nunca habíamos tomado en Turumo, sector Marín, donde nos encontraríamos con Yuleima, maestra especialista y psicopedagoga de la Escuela Don Bosco, iniciativa de los salesianos y subsidiada por la AVEC. Como buena escuela de inspiración católica, sus condiciones de infraestructura y limpieza eran muy buenas, aunque Yuleima y sus directivos no se conforman con estar bien. Hicimos nuevamente un recorrido y vimos áreas de mejoras en salones y muchas necesidades que desean cubrir. Sin embargo la petición expresada volvió a ser la misma: “Ayúdennos a mantener a nuestra gente capacitada y motivada”.

Dos días más tarde, parte de mi equipo volvería a reunirse con Yuleima en la Escuela Básica Negro Primero del sector La Embajada, escuela pública muy grande de Caucagüita, donde tanto Yuleima como Zarith trabajan en las tardes, para volver a constatar lo mismo: Apoyo a los maestros, formación de padres que han sustituido a los titulares, herramientas para atender a niños especiales, en fin, mantener las condiciones claves para ser escuela.    
        
Eneyda, Carlina y Carmen, voluntarias destacadas Impronta
Las sorpresas continuarían durante la mañana del miércoles. En la guardería Crecer con Jesús, iniciativa privada pero de carácter social ubicada en locales de la Iglesia Cristo Rey de Caucagüita, el equipo en pleno de Eneyda, fundadora de la guardería y aliada clave de Impronta, se formaba en “Estrategias didácticas” gracias al apoyo de Vanessa Páez, voluntaria estrella nuestra, quien involucró a su iniciativa de consultoría Eklektikos para preparar un taller que ayude a las maestras a salir de la rutina e implementar dinámicas diferentes en la formación de los niños. Nuevamente Zarith estuvo allí, así como muchas otras maestras de escuelas públicas. Rieron, trabajaron y supieron romper con la rutina para atender de nuevo a sus niños al día siguiente. La próxima semana se seguirán formando.   

Fuera de Caucagüita la cosa no ha sido distinta. El jueves en la oficina estuve con Marco,
Marco Dujmovic, director de proyectos IT Jesús Obrero
director de proyectos del Instituto Técnico Jesús Obrero de Catia, que debe ser el secreto mejor guardado de los jesuitas en pleno corazón del oeste caraqueño. Una verdadera tacita de plata, con una infraestructura y equipo humano sorprendente para formar técnicos en informática, electrónica y mucho más áreas. Desde ALSI Foundation, iniciativa de venezolanos en los Estados Unidos que busca captar recursos para la educación en Venezuela y con quienes me vinculé desde el 2019, hemos visto la posibilidad de ayudar al Jesús Obrero a través de un financiamiento que ubicamos en una plataforma virtual a la cual estamos suscritos. Viendo las bases del concurso y las necesidades del Instituto Técnico, nuevamente la conclusión fue la misma: “Vamos a redactar un proyecto para la capacitación continua de nuestros maestros, para su retención, para su motivación y para formar a aquellos profesionales que entraron este año como docentes pero que nunca lo había sido” Nuevamente su gente, nuevamente la calidad educativa como prioridad y como vocación.

Vanessa Páez, voluntaria profesional Impronta
Zarith, Yuleima, Eneyda, Vanessa, Marco y muchísimos más me hacen recordar la canción de Fito Páez, que junto a la melodía de su piano arranca diciendo: “quien dijo que todo está perdido, Yo vengo a ofrecer mi corazón." Zarith, Yuleima, Eneyda, Vanessa, Marco y seguramente la inmensa mayoría de los maestros venezolanos, aún con las necesidades tangibles de cada una de sus familias, saben que su trabajo probablemente no les rendirá jamás el fruto - monetario - justo de todo el esfuerzo puesto en ello, pero su vocación y deseo de servir va mucho más allá. Su recompensa es otra y no hay dinero que la pague.  

Solemos ver lo terrible y en el caso venezolano es inocultable. Jamás podremos conformarnos. ¿Pero cuántos maestros, especialistas de la salud y otros tantos profesionales en áreas sensibles están ahora abocados a “ofrecer su corazón”, su vocación de servicio para superar este trance? Por ellos celebro hoy, me llenan de alegría y esperanza.    

26 de enero de 2020