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miércoles, 22 de diciembre de 2021

Ugalde, el multifacético

Bernardo Guinand Ayala

 

Escribí inicialmente estas líneas para la postulación del Padre Luis Ugalde a un premio internacional patrocinado por la Fundación Mapfre en España que busca reconocer a personas por su legado de “toda una vida profesional” independientemente del área a la cual hayan dedicado sus esfuerzos. Bajo la autorización del propio Padre Ugalde, quien me expresó su aprobación si con ello contribuía en algún modo a la sostenibilidad de las obras con las cuales colabora, me dediqué a escribir el texto - que ahora sintetizo a efectos prácticos - esperando ir vadeando los diversos niveles del concurso.

 

Luego de aceptada la postulación y la espera del tiempo perentorio, al no tener noticias del concurso, escribí a su e-mail de contacto recibiendo la siguiente respuesta: “Son muchos cientos de candidatos los que se presentan cada año a estos premios. Les animo a que continúen intentándolo en la siguiente edición”. Meses después, veía publicado en su portal web que el premio había sido otorgado al cantante español Raphael con el cual crecimos allá por los ochenta, viéndolo sopotocientas veces en Sábado Sensacional. Sin desmerecer para nada la carrera de Raphael, para mis adentros pensé cómo la farándula está siempre por encima de la educación, aunque todo el mundo hable de la importancia de esta última.     

 

Por ello, hoy, en la celebración del cumpleaños número 83 del Padre Luis Ugalde, como breve y personal homenaje, quiero dejar asentadas estás líneas, para agradecer - en vida - su trayectoria dedicada a la educación y a un país que hizo suyo, mucho más que millones de compatriotas que nacieron en estas tierras.    

 


Adiós a España, para toda la vida

 

Hablar de Luis Ugalde, tal como sucede con muchas figuras multifacéticas que dejan hondas huellas a su paso, dependerá del área de su trayectoria que destaque quien le reseñe, así como de la propia vinculación y legado que deje en quienes han tenido el privilegio de acompañarle en alguna de sus tantas facetas. Sacerdote, educador, jesuita, académico, visionario, gerente, escritor, líder, filántropo, innovador, son algunas de las diversas connotaciones sobre las cuales podríamos dirigir esta presentación. Sin temor a equivocarme, en este momento de su vida y luego de una larga trayectoria al servicio del país a través de diversas responsabilidades, se ha convertido en un referente en temas sociales, políticos, empresariales, académicos y religiosos, destacando como uno de los hombres más respetados de Venezuela, patria que hizo suya al punto de ser uno de los académicos más estudiosos de su historia pasada y presente.

 

Luis María Ugalde Olalde, el jesuita, nació en Bergara, País Vasco, el 22 de diciembre de 1938 y llega a Venezuela postulándose como voluntario - para toda la vida - con tan solo 18 años, como tantos otros jesuitas que hicieron de Venezuela su nuevo hogar. Estudió Filosofía y Letras, luego Teología y Sociología, así como un Doctorado en Historia, estudios realizados en universidades de Colombia, Alemania y Venezuela tal como reseña su amplio curriculum vitae que tuve que resumir al máximo para su postulación.

 

Aun cuando ha ejercido diversos cargos en obras dirigidas por la Compañía de Jesús en Venezuela - siendo incluso Provincial entre 1979 y 1985 -  su paso por la Universidad Católica Andrés Bello UCAB, destaca como el momento más representativo de su carrera, siendo primero Vicerrector Académico y luego Rector durante 5 períodos rectorales seguidos entre 1990 y 2010. Durante su gestión, la UCAB creció en todos los aspectos del quehacer universitario, desde infraestructura y número de sedes (Caracas, Los Teques, Coro y Guayana con un campus amplio y novedoso que apostaba al desarrollo del país en el extremo sur), así como en docencia, investigación y extensión, convirtiéndose en la universidad privada de mayor referencia a nivel nacional, con especial atención y dedicación por los problemas sociales, políticos, económicos y culturales del país. Todo ello, en medio de períodos de grandísima conflictividad política y social, que lejos de apagar su ímpetu, repercutió como voz contundente para denunciar y proponer una visión de país.     

     

Durante ese tránsito, también fue Presidente de la Asociación de Universidades de la Compañía de Jesús de América Latina (AUSJAL), ampliando su radio de influencia a toda Latinoamérica en aspectos del acontecer universitario. Una profunda reflexión desde AUSJAL guiada por la interrogante: ¿Estaremos formando profesionales exitosos para sociedades fracasadas? moviliza indiscutiblemente a Ugalde para hacer de la UCAB una universidad orientada, no solo a investigar y proponer, sino también a desarrollar iniciativas novedosas que logren dar respuestas al principal drama del país: la pobreza.

Como académico, Luis Ugalde ha sido docente e investigador universitario, prolífico escritor, destacando sus artículos en revistas y periódicos, que constituyen un referentes en el acontecer nacional. Es Individuo de Número de la Academia de Ciencias Políticas y Sociales de Venezuela así como de la Academia Nacional de la Historia y posee Doctorado Honoris Causa de la Universidad Centro Americana de Nicaragua, la Universidad de Los Andes ULA en Venezuela y el Sistema Mexicano de Universidades Jesuitas.   

La Iglesia Católica a través de la Conferencia Episcopal Venezolana, así como los diversos líderes de otras religiones, el empresariado agrupado en todas sus federaciones y gremios, las asociaciones civiles de diversas índoles, las universidades y centros educativos, profesionales, políticos, líderes sociales y jóvenes universitarios tienen en Ugalde un vocero permanente en los más variados foros y conferencias tanto dentro como fuera de Venezuela. Sumado a todas estas atribuciones, en mi experiencia personal, el Padre Luis Ugalde tiene una característica muy difícil de encontrar en una misma persona: combina una visión estratégica muy amplia con la habilidad gerencial capaz de involucrarse en los detalles y el trabajo minucioso. Me atrevería a decir que esa confluencia de atributos le otorga legitimidad a su liderazgo, pues no se trata de un visionario desde la academia sino de un liderazgo que puede demostrar con propiedad el resultado de su visión. Y sus obras dan fe de ello.  


Ugalde y su conexión con lo social 

Si bien su carrera académica y sacerdotal, así como su compromiso con Venezuela y la Compañía de Jesús ya son dignas de reconocimiento, su vinculación con lo social representa, a mi manera de ver las cosas, uno de los atributos más resaltantes del legado del Padre Luis Ugalde. Su filosofía no es una aproximación predominantemente académica, sino que ha sido un planteamiento recurrente de su visión de país, como vía necesaria para la construcción de ciudadanía y convivencia. Ha sido un planteamiento permanente y amplio, en el cual no solo ha propuesto soluciones sino que ha trabajado decididamente en ellas.

Un mensaje recurrente en su pensamiento transmite la necesidad del “rescate de lo público”, donde Ugalde hace énfasis en que “lo público” no es exclusiva responsabilidad de entes gubernamentales. Lo público nos corresponde a todos y por ello, la implementación de programas sociales de diversa índole en temas como la educación, la salud, la atención a los más vulnerables, tienen una perspectiva de servicio público, aunque perfectamente puedan ser gestionados desde iniciativas privadas. La responsabilidad o área que se atiende es de carácter público, independientemente de quien lo gerencie. Esta visión plantea la necesidad de trabajo articulado entre organizaciones sociales, gobiernos y entes privados para atender la severa crisis de servicios y oportunidades que aqueja a los venezolanos.

 

Vivir y servir en comunidad:

Durante un largo período de tiempo, Luis Ugalde vivió en Los Canjilones, una barriada de La Vega en el oeste de la ciudad de Caracas, población reconocida por la carencia de servicios públicos, inseguridad y pobreza en general. La cercanía de los jesuitas con esa parroquia ha sido muy fructífera, lo cual ha generado la posibilidad de vincular sus obras (movimientos juveniles, parroquias, centros de enseñanza, universidad) con dicha comunidad.

Vivir desde la comunidad genera por un lado apego, pero sobre todo la posibilidad de ponerse en los zapatos del otro. La dinámica del barrio hay que vivirla para entenderla. Esa cercanía significó para Ugalde un norte para el desarrollo de programas y proyectos desde la visión del barrio y desde la generación de capacidades que permitan desarrollar el talento de las personas y no solo la consecución de dádivas o auxilios esporádicos.       

Durante más de 30 años, el Padre Ugalde ha venido acompañando a la comunidad de La Pradera, sector ubicado en la parte más alta de La Vega, que como la gran mayoría de los barrios en Caracas nació producto de invasiones que luego fueron consolidándose como asentamiento y buscando resolver los enormes desafíos de vivienda, vialidad, servicios públicos y convivencia.

Además de su acercamiento inicial como sacerdote, la presencia de Ugalde garantizó un desarrollo digno de la comunidad en compañía de las Hermanas Misioneras de Acción Parroquial, presentes en la zona. Una capilla, un hogar de cuidados diarios, un centro asistencial de salud, un centro comunitario con diversos programas, una escuela de Fe y Alegría, formación para jóvenes, son algunos de los proyectos que la presencia de Ugalde y su vinculación con empresarios y aliados pudo canalizar para dar respuesta a las enormes demandas que tienen los más desfavorecidos. No hay empresario, estudiante, político, aliado, diplomático o visitante extranjero a quien Ugalde no le haya hecho un tour en tan alejado lugar, para tratar siempre de “sumar y multiplicar” como suele enfatizar, para lograr el desarrollo de dicha comunidad.  

 

Estudio para la superación de la pobreza:

Tal como mencioné previamente, desde la asociación de universidades confiadas a los jesuitas en América Latina AUSJAL, había una reflexión muy latente a inicios de la década de los noventa: “¿Estaremos formando profesionales exitosos para sociedades fracasadas?” lo cual fue para Ugalde un disparador para dedicar sus esfuerzos al más completo estudio de la pobreza vinculando academia y diversos sectores de la vida nacional.

Así nace, desde la universidad el denominado “Proyecto Pobreza” impulsado desde el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales, sumando luego a las más importantes universidades del país y creando para ello la Asociación Civil para la Promoción de Estudios Sociales formada por un grupo de empresarios preocupados por dar respuesta a los desafíos del país.

Luego de innumerables publicaciones, presentaciones, asesorías a lo largo de varias décadas, aún hoy, este proyecto y las generaciones de investigadores que allí se formaron siguen en constante producción de contenido e investigaciones. De hecho, en ausencia de datos estadísticos oficiales de hogares en Venezuela actualmente, la principal fuente de información referencial es la Encuesta de Condiciones de Vida del venezolano ENCOVI y que viene siendo una consecuencia significativa del otrora Proyecto Pobreza. 

Muy lamentablemente, mientras se gestó toda esta vocación por lo público desde la academia y el empresariado, Venezuela entró en uno de los períodos más complejos de nuestra historia reciente que lejos de “sumar y multiplicar” con los más capaces, se encargó de “restar y dividir”. Luis Ugalde ha sido un permanente crítico de tal situación, pero siempre con una convicción y visión esperanzadora, lo cual lo catapulta como hombre necesario para la Venezuela actual.    

 

El Parque Social Padre Manuel Aguirre SJ:

Si el Proyecto Pobreza fue la respuesta académica a la pregunta cuestionadora, el Parque Social fue la respuesta práctica, el laboratorio experimental, para seguir haciendo de la UCAB una universidad cónsona con la realidad venezolana.

Tengo un sesgo al postular al Parque Social UCAB como una de las expresiones más brillantes de la carrera del Padre Ugalde, pues tuve el privilegio de acompañarle en este desafío. Lo defiendo por lo osado del proyecto y contundente de sus resultados, superando incluso las expectativas del propio Ugalde: “Mientras muchas iniciativas se ven frustradas, pues su realidad poco pudo acercarse al sueño inicial, en el caso del Parque Social ocurrió lo contrario, pues la realidad, sencillamente, superó lo que soñamos” (Luis Ugalde sj, 2010, Homilía de despedida como Rector de la UCAB)

La construcción conceptual y física del Parque Social UCAB a finales de la década de los noventa del siglo XX fue realmente un ejemplo de audacia y de visión de futuro cónsona con el país. En medio de tantas necesidades de crecimiento de toda la planta física de la universidad, se opta por la creación de un proyecto social de gran envergadura que sirva como plataforma para generar un impacto tanto a lo externo como a lo interno de la universidad.

Como todo proyecto, el Parque Social contó con personas visionarias que impulsaron su gestación y desarrollo. Los jesuitas Luis Ugalde y Luis Azagra fueron los gestores conceptuales y reales de la obra, cuyas directrices, orientaciones y acompañamiento fueron claves para crear un modelo totalmente novedoso de universidad basada en el servicio y orientada a formar profesionales comprometidos con el desarrollo de la sociedad venezolana. Ya Ugalde, varios años antes, siendo vicerrector académico había creado la Dirección de Proyección a la Comunidad como espacio necesario para la vinculación de la tarea académica con la realidad que nos interpelaba. 

Luego desarrolló conceptualmente la propuesta y acuñó el término “Parque Social” poniendo especial énfasis en la concepción de un Proyecto para el Rescate de lo Público. El objeto del proyecto exponía: “Se trata de que esta sociedad deje de considerarse llevada en brazos y sin costos por el Estado petrolero y pase a ser ella la que asume el Estado y la gestión eficaz de los servicios públicos” (Ugalde, Parque Social Manuel Aguirre Elorriaga, 1996). Vale destacar que estas líneas son previas a la llegada del “Socialismo del Siglo XXI” cuyo enfoque, lamentablemente para el país, fue diametralmente opuesto a lo planteado por Ugalde a mediados de los noventa.

Hoy día, el Parque Social de la UCAB supera las dos décadas de atención ininterrumpida a las comunidades más vulnerables con un proyecto de salud - Centro de Salud Santa Inés UCAB - que supera las 100.000 atenciones médicas por año a muy bajo costo y bajo un modelo de auto-sostenibilidad financiera; lidera una red de centros de salud de organizaciones religiosas a lo largo del país - AVESSOC - y vincula a estudiantes de toda la universidad y sus carreras para conectarse a través de cada una de sus disciplinas con el servicio a los más vulnerables dentro del Centro de Educación Comunitaria. Este modelo de Universidad-Servicio cuenta con sede permanente para las clínicas jurídicas dando asesoría legal gratuita, también una unidad de psicología que combina docencia, servicio e investigación con un equipo de profesionales y estudiantes de pre y postgrado, asesoría económica, apoyo educacional a las escuelas de la zona y sede para todo el voluntariado de las diversas escuelas de la UCAB.

El Parque Social es un caso de estudio a nivel mundial y no han sido pocas las veces que visitantes nacionales e internacionales, de muy diferentes áreas de conocimiento, hayan quedado boquiabiertos ante la osadía de un proyecto de tal envergadura desde una universidad.     

 

Reflexión final:

Luis Ugalde llega a sus 83 años con la cabeza lúcida y en plena actividad. Como muchos otros quienes han dedicado su vida entera al país, llega con la impotencia de no terminar de ver un cambio para la inmensa mayoría de los venezolanos que anhela calidad de vida, pero siempre con una palabra esperanzadora en cada línea que sale de su laptop o cada palabra dada en una conferencia, homilía o entrevista. Si algo conoce el Ugalde historiador, es que las cosas no son eternas y que más temprano que tarde, su visión de país podrá ser un modelo puesto en práctica, no solo en los espacios en los cuales tienen la dicha de contar con su liderazgo, sino en toda una Venezuela que clama por ello.

Sus lecciones han tenido resonancia en muchos de los que hemos tenido la fortuna de aprender a su lado y mi propia fundación lleva su impronta a otros sectores donde procuramos construir junto a su gente. Dios lo bendiga Padre Ugalde y le permita ver el comienzo de la Venezuela que soñó.  

 

22 de diciembre de 2021

sábado, 25 de julio de 2020

¿Por dónde sale el sol?

Bernardo Guinand Ayala

 

Diciembre de 2001, todavía rondaba mis veinte y todo acontecimiento era aprendizaje puro. Aún con los tres años previos de experiencia en una institución no lucrativa, poco sabía de fundraising y menos de diplomacia. Afortunadamente tuve excelentes maestros y esta anécdota se la debo a ellos.

 

El Padre Luis Ugalde me había encomendado la retadora tarea de hacer del Centro de Salud Santa Inés UCAB un modelo que aspirara al autofinanciamiento, pero sin descuidar jamás el perfil de los pacientes a los que queríamos atender. Durante esos primeros años nos habíamos abocado a la tarea de buscar la fórmula para lograrlo. Un componente clave en la ecuación era encontrar financiamiento externo para los equipos médicos, haciendo más accesible la tarifa al paciente al no trasladarle esa cuota de inversión. Por su parte, los pacientes – provenientes en su mayoría de Antímano, La Vega, Caricuao y Macarao - contribuían con los costos de insumos, honorarios médicos, personal y mantenimiento. Esa fórmula, convertida luego en una de las claves del éxito del modelo, la denominamos “corresponsabilidad en el financiamiento”.

 

En esos momentos, mi trabajo era más hacia lo interno, tratando de equilibrar ingresos con egresos, conociendo muy bien la estructura de costos de la institución y generando buenas alianzas para alcanzarlo. La labor de fundraising la encabezaba fundamentalmente nuestra recordada María Matilde Zubillaga, en su rol de Gerente General.

 

Santa Inés creció de manera vertiginosa durante muchos años. A medida que abríamos nuevos servicios, mayor era el nivel de autofinanciamiento, pues los nuevos servicios rápidamente cubrían sus costos directos y dejaban una cuota para cubrir los indirectos. El modelo funcionaba. Transcurría el 2001 y habíamos estado planificando la apertura del servicio de gastroenterología para el año entrante, lo cual representaba un desafío mayor, pues a diferencia de muchas otras especialidades, un buen servicio de gastro debía considerar de entrada el establecimiento de una unidad de video endoscopia de vías digestivas.

 

Durante meses, María Matilde, con el apoyo cercano del Dr. Carlos Eduardo Paradisi que, además de ser nuestro Director Médico era gastroenterólogo, había estado preparando el proyecto para una convocatoria que había realizado la Embajada del Japón en Venezuela. Recuerdo que hasta broma le echábamos a MM pues no hacía sino reunirse con el Sr. Ikuo Takahashi de la embajada. La dupla técnica Zubillaga-Takahashi abonó todo el terreno para completar - con rigurosidad japonesa - todas las demandas del proyecto, mientras Paradisi y yo buscábamos las diversas cotizaciones de los equipos de endoscopia avanzados para la fecha.

 

Con el verdadero trabajo ya realizado, fuimos invitados a la Embajada del Japón para presentar el proyecto directamente al embajador. De ese día vienen los aprendizajes que ahora, a la distancia, he valorado y me han servido de anécdota para hablar de claves del fundraising.

 

Al saber que seríamos recibidos por el embajador Dr. Masateru Ito, lo razonable era que nos acompañara a la cita el Padre Ugalde en su rol de máxima autoridad de la fundación. Agradecí profundamente la invitación, pero obviamente la clave estaba en la presencia de Ugalde, María Matilde, el Dr. Paradisi, así como la compañía de Mafer Mujica por prensa UCAB.

 

Luego de acomodarnos muy protocolarmente en el sofá del despacho del embajador, un atareado Sr. Takahashi entraba y salía como quien tiene todo el peso de la responsabilidad, afinando documentos y esperando que todo se cumpliera a la perfección. El Embajador Ito se comportaba con total normalidad y comodidad, hablando un perfecto español [gracias a este escrito supe que su verdadera vocación es ser traductor de obras de la literatura japonesa al español y viceversa] mientras que Ugalde también se movía a sus anchas.

 

Una vez hechas las introducciones de rigor, el embajador hizo una sola pregunta: “¿por qué nosotros?” Recuerdo que en ese momento lo primero que pensé fue: “tan sencillo como que ustedes abrieron una convocatoria, nosotros nos enteramos, las bases daban pie a financiamiento de equipos médicos y además los montos establecidos correspondían”. Menos mal no me tocaba responder. Yo era un espectador aprendiendo lecciones de diplomacia.

 

Toma la palabra mi muy recordado y querido Dr. Paradisi, quien siendo gastroenterólogo dice: “Señor Embajador: este equipo permitirá el diagnóstico temprano de tumores de vías digestivas, entre ellos cáncer de estómago que tiene una altísima tasa de incidencia en el Japón, es decir, este es un tema especialmente sensible para los japoneses” Evidentemente yo no tenía idea de ello, pero me pareció brillante la respuesta de Paradisi. Sin duda sabía de lo suyo e iba bien preparado. Pensé: “punto a favor”.   

 

Pero la cosa no quedó allí, el Doc retoma la palabra y continúa su exposición: “Pero aún más importante Sr. Embajador, dentro de las mayores casas comerciales con tecnología de punta, hay tres en Venezuela y dos de ellas son japonesas. Ustedes fabrican en Japón los mejores equipos de endoscopia y la cotización anexa al proyecto es un equipo marca Fujinon, representado por una empresa cuyo dueño es un japonés residenciado en Venezuela y con quienes queremos además establecer un contrato de mantenimiento” En pocas palabras, Japón se pagaba y se daba el vuelto. Yo estuve a punto de pararme a aplaudir a Paradisi; jamás había considerado que el proyecto estuviera tan redondito.

 

Sin embargo, como si no fuera suficiente, una vez que el Dr. Paradisi terminó su brillante

exposición, el Embajador voltea hacia Ugalde, así como esperando que su legítimo interlocutor le responda a su pregunta “¿y por qué nosotros?”. Al sentir la mirada encima, como quien se siente interpelado pero con una actitud de profunda calma, Ugalde capta el mensaje y responde muy suavemente: “Y a quien más íbamos a pedir de primero, si el sol sale es por el Oriente” Bueno, casi caigo como Condorito ¡Plop! Pronto en 2002 estaríamos inaugurando nuestra consulta de gastroenterología junto a su modernísima unidad de video-endoscopia de vías digestivas marca Fujinon y financiada al 100% por el proyecto de cooperación japonesa.    

 

Esta anécdota la he usado luego en todos los talleres, diplomados y clases de fundraising que he dictado para recordar dos premisas claves. La primera, es quizás uno de los mayores y principales aprendizajes en fundraising: “People give to people”- “Las personas dan a las personas”. Obvio que existen instituciones, procedimientos, parámetros, convocatorias estructuradas, pero a la hora de pedir, la gente es la clave, la que pide y la que da. La confianza nunca se genera entre procedimientos o instituciones sino entre las personas que las representan. Las personas, las instituciones y los gobiernos dan a quienes confían.

 

La segunda moraleja tiene mucho que ver con el relacionamiento con grandes donantes. En dichos casos, el que pide, es clave. Por más expertos que puedas hacerte en materia de fundraising, quien abre la puerta, quien da entrada porque conoce a un donante, es fundamental. Así como para el embajador, Ugalde suponía su contraparte válida, muchas veces nos queremos lucir tratando de deslumbrar a un potencial donante con nuestro conocimiento técnico de un proyecto, cuando lo primordial es que nos dé entrada alguien en el cual el donante confía.

 

Cuando, años más tarde, Ugalde me propuso formarme en esta materia, no solo aproveché la oportunidad de hacerlo técnicamente, sino que traté de identificar y transmitir a otros, el bagaje de experiencias vividas al haber visto en acción a quienes saben por dónde siempre sale el sol.    

 

          25 de julio de 2020


sábado, 23 de mayo de 2020

Un típico jesuita


Bernardo Guinand Ayala

Junto al P. Adolfo Nicolás sj
Había sido una mañana extraordinaria. Desde hacía algunos meses, la curia provincial de los jesuitas en Venezuela nos había encomendado recibir aquel día al Superior General de la Compañía de Jesús en el mundo, tradicionalmente conocido como el “Papa Negro”. Para esa fecha - abril de 2014 - el Padre General era un jesuita español, que de manera muy similar a otro recordado superior como el Padre Arrupe o incluso uno de los fundadores de la orden como San Francisco Javier, había destinado su carrera pastoral en Asia. Su nombre Adolfo Nicolás y hoy he decidido contar esta anécdota, que por años he tenido en el tintero, a propósito de su fallecimiento este pasado 20 de mayo.

La famosa pasarela del Parque Social. Caricatura de Meollo Criollo
Aquella visita había estado en tres y dos. El primer trimestre de aquel 2014 había sido terrible en Venezuela a raíz de las protestas que se agudizaron en febrero a partir del día de la juventud. Sin embargo, aún con la situación de tensión - ¿cuándo no? - aquella mañana de finales de abril nos permitió mostrarle al P. Nicolás sj el trabajo social que venía desarrollando la UCAB con gran compromiso. Pasear al Padre General por todo el Parque Social P. Manuel Aguirre sj era todo un privilegio. Recuerdo que en su alocución en medio de la plaza concluyó diciendo “Creo que aquí en el Parque Social se están realizando todos los sueños que tenemos en la Compañía de Jesús de hacer un puente, la pasarela esa famosa que hemos visto. Ánimo, esta es la vía… sigan construyendo pasarelas y puentes que nos acerquen a la gente”

Después de una mañana que casi valdría para otro cuento, tuve la suerte de anotarme en la
Recorriendo el Parque Social junto a Adolfo Nicolás sj
visita que daríamos con nuestro insigne invitado a la parte alta de La Vega, donde los jesuitas y la Universidad Católica han sostenido una dilatada trayectoria de trabajo pastoral, voluntariado estudiantil y verdadero compromiso social. Debía ser algo más de mediodía y con el calor a cuestas nos resguardamos en la casa de la comunidad de jesuitas que queda contigua al Colegio Andy Aparicio de Fe y Alegría en el sector Las Casitas. Para ese momento tres jesuitas jóvenes residían allí y con mucho entusiasmo transmitían al “gran jefe” los avatares de su vida en comunidad.

No sé cómo llegamos a ese punto, ni cómo sucedieron las cosas pero en cierto momento arrancó una interesante conversa entre curas sobre quien estaba más cerca de Dios. El disparador había sido la reciente canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II ya que el tema de la santidad despierta múltiples emociones, más aún entre los siempre agudos jesuitas. Ahora bien, lo verdaderamente insólito es que después de esa disertación me quedé solo en un pasillo de la casa y sin saber cómo, de repente me encontré conversando en privado con el Superior de la Compañía de Jesús.

Hna. Pari (Una Santa de carne y hueso)
Después de tanta conversación teologal, no me quedaba más que aterrizar el tema a un plano más terrenal y le comento al padre Nicolás que yo estaba convencido de la existencia de los santos más cercanos, los de carne y hueso, aquellos que seguramente no van a ser canonizados pero llevan una verdadera vida de santidad. En mis comentarios me refería sin duda a la hermana Pari, sobre quien escribí uno de mis primeros post titulado “El día que contraté a una Santa” http://revistasic.gumilla.org/2015/el-dia-que-contrate-a-una-santa/ y le hice mención al video en el cual ella hablaba justamente de la pasarela – del Parque Social - como símbolo de conexión entre la universidad y nuestros vecinos más vulnerables, tal cual como él había también referido esa misma mañana.

Luego de esa introducción a la conversación, toma la palabra, baja el volumen de la voz y me dice - más o menos - algo así: “te voy a confesar algo, yo siempre tuve algún tipo de problema con esto de los santos. A mí me incomodaba profundamente ver las campañas que se hacen o las presiones que en la historia han existido para que alguien llegue - formalmente - a ser santo”. Mi sorpresa no se hizo esperar, imagino que mi cara - entre la confesión y ser receptor de tan abierta conversa - se debe haber notado. Pero el Padre Superior continuó: “Tenía ese problema e incomodidad hasta que yo mismo tuve que hacer mi propia clasificación de los santos y sentirme en paz. Ahora los tengo clasificado en cuatro escalafones y cada vez que pienso en alguno que me genere tal incomodidad, lo pongo en mi orden y listo”

Entonces, pasó a revelar sus cuatro categorías de santos, que si mi memoria no falla o con algún pequeño detalle que quizás pueda haber variado sería algo así. “La primera categoría son los Santos Indiscutibles, donde fundamentalmente yo ubico a los fundadores de la Iglesia, a los apóstoles. El mejor ejemplo de esta categoría vendría dado por San Pedro y San Pablo, indiscutiblemente. Allí nadie tiene dudas”

Volteo para los lados y nadie se acerca ni interrumpe nuestra conversación. Sigo siendo el privilegiado de tener exclusivamente esa tertulia, aunque supongo que a muchos más lo habrá contado a lo largo de su vida. Entonces pasa a hablar de la segunda categoría cuyo nombre era algo así como Vidas de Santidad. “En esta segunda categoría yo ubico a aquellas personas que verdaderamente llevaron una vida admirable y un legado importante para la Iglesia, una vida de santidad. Allí ubico a algunos grandes fundadores de órdenes religiosas, así como aquellos que sentaron unas bases sólidas para llegar a la Iglesia de hoy” Por supuesto que entre los primeros que nombró destacó a San Ignacio de Loyola, sin embargo aparecen allí grandes hombres y mujeres como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Asís por nombrar algunos.

Llegó el momento crucial de la conversación. La tercera categoría realmente ere el meollo de todo su conflicto con la iglesia, que recordemos, está conformada por hombres y mujeres, con sus egos, deseos y toda típica característica del ser humano. Entonces me dice: “Antes me enojaba mucho ver en un mismo pedestal a santos destacados con algunos otros que creo que no están a la misma altura; mucho peor cuando sentía que su canonización venía por presiones de ciertos sectores de la iglesia. Pero para ellos inventé la categoría Medalla de Honor. Entonces, cuando siento que algún caso me genera algo de conflicto interno me digo internamente, a ese le otorgaron su medalla de honor, me tranquilizo y paso la página. Desde que asumí eso, soy más feliz”.

Curiosamente, había dicho todo eso y aún estábamos él y yo. Quizás para la cuarta categoría podría haberse acercado alguien, pero allí no había mucho más que agregar: “La cuarta categoría ya me la has dicho tú, son esos santos de carne y hueso, sin duda esas vidas increíbles de santidad que solo la gente que vivió alrededor de ellos lo pueda constatar. Allí está la religiosa que mencionas y cientos de miles de historias similares”.

P. Adolfo Nicolás sj y P. Arturo Peraza sj 
Llegó el tiempo de agarrar el jeep y bajar de La Vega. Después de la cena de aquel día en la residencia de los curas en la UCAB no lo volví a ver, aunque seguí su trayectoria. Siendo un hombre de estos tiempos - aunque su cargo fuera vitalicio - decidió dar un paso a un lado en 2016 y convocó una nueva Congregación General de la cual resultó electo el venezolano Arturo Sosa Abascal como nuevo Superior General, siendo el primer jesuita no europeo en llegar allí. Esta semana Adolfo Nicolás sj murió en Japón; no podría especular sobre todos los detalles de su vida, pero entre la manera en que lo describen como “una persona de espíritu alegre y servicio”, así como la agudeza mezclada con ese humor tan peculiar que pude disfrutar en vivo, podría decir que fue un típico jesuita. ¡Descansa en paz!                 
          
23 de mayo de 2020

lunes, 3 de febrero de 2020

Dignidad y solidaridad | 3 años de Fundación Impronta


Bernardo Guinand Ayala

Apreciado P. Ugalde, equipo, aliados comunitarios, colaboradores, familiares y amigos:

En 2015 tomé una de las decisiones más complejas de mi vida. Desprenderme de lo que había sido mi casa, mi escuela, mi verdadero grado profesional y hasta personal, mi aporte a un sueño hecho realidad, para aventurarme a seguir. Como suelen decir en estos días, salir de la zona de confort y dejar a otros también crecer. Luego de 16 años, salir del Centro de Salud Santa Inés y del Parque Social P. Manuel Aguirre de la UCAB no fue tarea sencilla, pero muchas cosas se conjugaron para percibir que era momento de buscar otros horizontes. Eran tiempos en que el Papa Francisco reflexionaba sobre “salir hacia la periferia” y lo tomé como una invitación.

Luego de experiencias enriquecedoras, de cambios retadores en el ínterin, de arrancar de nuevo y los subi-baja que ello conlleva, se fue gestando la idea de dar un paso más allá. En una Venezuela donde recomendaban no dejar para nada el terreno seguro, el quince y último, lo estable, terminé haciendo lo contrario para darle pulitura a lo que finalmente, en 2017, nacería como Fundación Impronta.  

La idea inicial fue muy sencilla, seguir siendo útiles en una Venezuela que se cae a pedazos. Aprovechar la experiencia previa – ese gustico apasionado por servir - para generar oportunidades a aquellos que la han tenido bastante más cuesta arriba que muchos de nosotros. Sin embargo, arrancar sin el amparo institucional que alguna vez tuve en la UCAB o el respaldo financiero que significaba la empresa privada [Fundación Santa Teresa] no es tarea fácil en medio de una economía que cierra santamarías a diario, que persigue a quien produce y expulsa a su gente más talentosa, ya sea de PDVSA como del barrio.   

Un primer borrador comenzó con dos simples palabras. Dos valores contundentes. Tenía muy marcado aun lo que había significado la creación de la Campaña Amigo Solidario del Centro de Salud Santa Inés UCAB y su correspondiente uso: el área de atención al paciente más vulnerable de dicho centro, encomendado a la hermana María del Carmen Pariente, mejor conocida como Pari. Las anécdotas de los pacientes que atendíamos pasaron a ser una bitácora extraordinaria de lo que representa servir al más humilde. No era cuestión fundamentalmente de dinero, era cuestión de compañía, de consejo, de escucha activa, de redes, de ayudar a conectar. De esa experiencia y esos relatos nace la idea de Impronta y por ello, las dos palabras que llenaron ese primer bosquejo fueron los mayores aprendizajes tomados de allí: Dignidad y Solidaridad.

El peso de esas dos palabras no fue un hallazgo de un día. Es la experiencia continuada, aprendida, vivida cotidianamente. Por eso, su contundencia vino por intermedio de algunos referentes que han sido modelo para sentar las bases de Fundación Impronta y hoy son Miembros Honorarios de la Fundación. Son a los primeros que quiero agradecer en este aniversario:

Al Padre Luis Azagra, quien confío guíe nuestros pasos desde el cielo. Siempre he dicho que fue él quien descubrió para qué podía ser yo útil. Me invitó a participar en su proyecto más ambicioso y al que dedicó sus últimos años de vida. Nadie ha confiado tanto en mí, en lo profesional, como ese curita alegre y agudamente inteligente - como buen jesuita -. La dignidad del otro fue su práctica cotidiana.

A la Hermana Pari, esa santa de carne y hueso que una vez contraté, a sus 77 años, para constatar que Dios hace milagros a diario. Su nobleza, su sencillez, su trato con el otro serán para mí, para Impronta, un referente obligado.

Al Padre Luis Ugalde, a quien agradezco enormemente que hoy esté celebrando esta misa. Recuerdo aún haber entrado atemorizado al rectorado de la UCAB en abril de 1998, meses antes de graduarme y haber recibido, de su parte, mi primera oferta de trabajo con miras a ser profesional. Lo que el P. Ugalde me dijo aquel día sigue siendo el norte para cualquier organización sin fines de lucro de cualquier parte del mundo: “Bernardo, me dijo, no vamos a resolver los problemas de salud que tiene el país, ni pretendemos lograrlo ni nos corresponde; pero si podemos establecer un modelo de atención y servicio basado en la dignidad de la persona, que le diga a todo el país, que es factible brindar servicios de calidad humana, técnica y solidaria para los más vulnerables”. Padre, creo que lo demostramos e Impronta es el deseo de extender ese legado.        

A mis viejos, agradecimiento extensible a toda mi familia, por ser desde siempre, el vivo ejemplo de la dignidad y la solidaridad puesta en lo cotidiano, no con palabras sino con el modelaje permanente. Si hoy me preguntasen cual sería el factor que más me aleja de la pobreza, quizás más allá de la estabilidad económica, la educación u otros determinantes, creo que tener papá y mamá, presentes, más aún en un contexto familiar amoroso y de apoyo sin condiciones, podría ser una parte clave de la respuesta. Si el mundo entero tuviese a unos padres como los míos, sin duda alguna sería otro planeta. La palabra impronta también viene de ustedes; ejemplo calcado para fundar, junto a Mimina, nuestra propia familia que ha sido apoyo cercano, constante y sin condiciones en todas mis aventuras. Los quiero con todo mi corazón.

Así, con todos esos buenos condimentos se fue gestando una idea, la cual un día como hoy, hace 3 años se materializó en estatutos, en plan estratégico y en unas primeras acciones. Frente a una Venezuela agotada del modelo de repartición a cambio de dignidad, desde Impronta no hemos pretendido resolver los problemas de nadie, mucho menos sustituir al Estado, sino acercar a los más vulnerables oportunidades que les permitan dar lo mejor de sí, independientemente de donde o en qué condiciones les tocó crecer. Impronta es como un tren que pasa frente a la casa de muchos. Es decisión de cada quien tomar o no ese tren, esa oportunidad. Vemos a los jóvenes descubriendo sus talentos, pero son ellos quienes deben esforzarse en desarrollarlos, pulirlos, aprovecharlos. Como sabemos que una de las condicionantes de la pobreza es que pasan por sus hogares, sus comunidades, menos trenes, allí está nuestra tarea.

Tampoco queremos descubrir el agua tibia ni seguir creando estructuras paralelas. Nuestro foco está en desarrollar las capacidades que tiene cada comunidad, cada institución - sea pública o privada - pero sirviendo como mecanismo articulador para apoyarlos en aquello en lo que puedan ser más débiles y en lo que tengamos nosotros fortalezas. Muy emocionante fue recibir a principios de este año invitaciones de diversas escuelas públicas, justo para que le apoyáramos en lo que sienten ahora clave: mantener a sus maestros motivados, activos, formados, para que la escuela siga. Que esperanza da ello como país. Y en eso, queremos y podemos apoyar.

Todo lo aquí expuesto sería solo un sueño muy bonito si no fuese porque llegamos a donde teníamos que llegar. Dice la sabiduría popular: “Cuando una puerta se cierra, se abre una ventana” y así, justamente cuando algunas apuestas iniciales se vieron truncadas, Papá Dios nos puso una ventanota – en la periferia - llamada Caucagüita. A mediados de 2017, por razones más que sociales, ciudadanas, y atendiendo una solicitud del equipo de la AC El Radar de los Barrios, llegué a Caucagüita y conocí brevemente a Henry Vivas. Meses más tarde, Henry escribe invitándonos para visitar su casa pues la había convertido en el primer comedor popular del sector. El impacto en el equipo de Impronta nos llevó a plantear algunas actividades allá y luego de algunas jornadas de salud y un plan vacacional, comenzamos a conocer más y más gente y empezamos a sentirnos en casa. Caucagüita poseía una serie de características ideales para nosotros: vulnerabilidad por la situación económica y además por quedar algo desconectados del resto de la ciudad; poca presencia de otras organizaciones sociales, lo cual hace oportuna nuestra llegada; alta dependencia de instituciones del Estado, por lo cual podemos ser equilibrio; pero sobre todo, por ser una comunidad deseosa de abrir las puertas y querer construir juntos. Hoy, aquí nos acompañan algunos de estos aliados y amigos que nos han permitido pensar en un “nosotros” y practicar aquello que tantas veces he escuchado de boca del Padre Ugalde: “hay que esforzarse más en sumar y multiplicar, en vez de tanto restar y dividir”. A cada uno de ustedes, mil gracias por estrecharnos la mano y abrirnos todas esas ventanas.    
    
Quiero agradecer muy especialmente a todo mi equipo. Como solemos bromear en la intimidad, somos una especie de perros verdes, algo extraños o diferentes a los cuales muchos nos siguen viendo con incredulidad. Después de 21 años dedicado 100% al mundo social, sigo encontrando gente que me pregunta ¿pero el resto del tiempo a qué te dedicas? O personas que creen que uno es político porque si no hay un objetivo más allá de lo social, como que no entienden la cosa. Bueno, mi gente es así o mucho más, gente buena, comprometida y capaz de percibir los pequeños detalles que la vida nos pone por delante. Gracias por creer en Impronta como parte sustancial de sus vidas.

Y hoy aquí también se agrupan una cantidad de colaboradores, aliados, amigos que han puesto sus proyectos conjuntos, recursos, talento y sobre todo confianza para haber crecido durante estos 3 años y para pensar seriamente en continuar con mucho más impacto y pasión, transformando vidas a nuestro alrededor. Su apoyo ha germinado y hoy vemos esa semilla convertida en primeros frutos. Un caluroso abrazo para cada uno de ustedes y la invitación permanente para que sigan dejando su huella junto a nosotros.        

Cierro estas líneas citando textualmente las palabras con que culminaba el Padre Azagra su discurso al recibir de la UCAB, en el año 2005, el Doctorado Honoris Causa en Psicología. Cito:

“Y termino: dándole gracias a Dios. Si como dice San Juan, el modo más verdadero y más auténtico de amar a Dios es amar al prójimo; el mejor modo de dar gracias a Dios será también dar las gracias a todos ustedes que vivieron conmigo estos años y que hicieron posible que llegara este día”

¡Muchas gracias!
3 de febrero de 2020

sábado, 13 de septiembre de 2014

Esperanza y verdad

Esperanza y verdad
Discurso por los 15 años del Centro de Salud Santa Inés UCAB


Apreciados colaboradores, directivos y familiares del Centro de Salud Santa Inés UCAB:

Santa Inés llega a estos 15 años en tiempos turbulentos (muy turbulentos diría yo), aunque si recorremos nuestra historia, no hemos dejado nunca de estar en tiempos turbulentos. Y eso no nos ha frenado para construir lo que hoy vemos que hemos construido. Y no hemos construido sólo edificios, laboratorios, servicios, programas; hemos construido solidaridad y esperanza. Solidaridad y esperanza en un país que parece perderlas a ambas. Y lo hemos hecho nosotros, y lo hemos hecho JUNTOS.

Hoy quise escribir lo que quería decir para evitar el riesgo de encadenarme, pues todos queremos y deseamos más acciones que palabras. Y en ese esfuerzo de síntesis para definir de alguna manera lo que han representado estos 15 años, se me perfilaron dos palabras: justamente una que mencioné antes, ESPERANZA, y VERDAD.

Santa Inés es sin duda una señal de esperanza para nuestro país, una señal de esperanza para quienes día a día ven en nuestras manos una alternativa para su salud y su dignidad, y muy especialmente una señal de esperanza para quienes continuamos aquí. Para quienes viendo lo que somos capaces de edificar, no desfallecemos y seguimos soñando. Soñando y haciendo. Haciendo y volviendo a soñar. Fechas como las que hoy conmemoramos son espacios para evaluar, para reflexionar; pero también para celebrar esos sueños que se concretaron y que hoy hacen que podamos ser una institución reconocida por su prestigio.

Esperanza no quiere decir que no reconozcamos los problemas que tenemos, las dificultades, las angustias tanto institucionales como personales en cuanto a los inconvenientes económicos y de inseguridad que nos afectan día a día. Esperanza es que aún sintiéndonos frágiles seguimos adelante. Esperanza es afrontar el temor de ese duro dicho que reza: "lo que se construye con las manos, se destruye con los pies" y aún así, seguir poniendo nuestras manos para construir.

Somos un pedacito minúsculo de toda Venezuela, pero existiendo e impactado en lo que nos compete, somos ESPERANZA para toda Venezuela.

Pero Santa Inés también es VERDAD. Les confieso que procuro usar esa palabra con enorme precaución, pues siempre he percibido que suele usarse con mucha ligereza y cierto grado de prepotencia. La traigo a colación por la necesidad que tenemos como venezolanos de vivir en la verdad. Tomo la idea de un libro que me he estado leyendo de quien fuera un dramaturgo checoeslovaco y luego líder del cambio que dio su país desde 1989, Václav Havel. Escribió ese pequeño libro titulado "El poder de los sin poder" estando en la cárcel e hizo constantes críticas sobre los regímenes que viven de mentira en mentira, tapando una con otra como en un círculo vicioso interminable. Algo parecido a la Venezuela que vivimos hoy. Allí transmitió, que los ciudadanos comunes y corrientes, sin la necesidad de ser genios (sin necesidad de tener "poder" y de allí el nombre del libro) podían generar cambios con su particular voluntad de "vivir en la verdad”. Y allí radica el poder, de los sin poder.  

Yo creo de corazón que en Santa Inés como conjunto hemos vivido de verdad y hemos vivido en la verdad. Nada hay más contundente que nuestra historia juntos. Nuestras cifras, las historias de vida que hay detrás de cada paciente atendido, nuestro impacto, nuestro continuo caminar adelante a pesar de las adversidades y de nuestras diferencias individuales. Nada ha sido obra de una campaña comunicacional ni de una estrategia promocional. Ha sido el esfuerzo de quienes nos precedieron, de quienes pasaron por aquí y dejaron su huella y de los que estamos hoy aquí, con familia incluida como parte de ese gran logro.

Hoy nuestros 15 años transmiten una verdad.
Una verdad como que el 35% de los habitantes de las parroquias de Antímano, La Vega, Caricuao, Macarao y El Paraíso saben de nosotros o vienen a nosotros.
Hoy nuestros 15 años transmiten una verdad, así como:
las 472.993 consultas realizadas
las 66.334 sesiones de rehabilitación
los 282.969 pacientes servidos en laboratorio
los 313.999 estudios de diagnóstico por imágenes
los 65.300 procedimientos realizados en nuestros consultorios
los 20.110 estudios de exploraciones cardiovasculares
o los 100.096 diversos servicios generales dados en nuestro centro.

En fin, 1.321.801 servicios prestados desde el 13 de septiembre de 1999 cuando abrimos esas puertas, hasta ayer 12 de septiembre de 2014. Así como el empuje decidido para la creación de Avessoc, los programas de promoción de estilos de vida saludable, los adolescentes que hoy ven aquí una alternativa en salud sexual y reproductiva, la campaña Amigo Solidario que nos hace llegar a quienes queremos llegar. Y podemos seguir contando.

Nos toca decir la verdad, con obras, con trabajo. Y no con esto decimos que todo ha sido color de rosa. Somos parte de este país, con sus virtudes y sus defectos, con sus altas y sus bajas, con sus días soleados y también con los lluviosos. Pero por encima de toda adversidad, en nuestros 15 años hemos trabajado en la verdad para todos y hemos construido esperanza para todos.

La mayor celebración que podemos hacer es seguir apostando al futuro. Es la mejor manera de rendir homenaje a aquellos que hoy no están entre nosotros pero dejaron su sello: el Padre Azagra, el Doctor Paradisi, Flor Torcat, Zailé Noa, Lenny García. También muchos otros que decidieron su futuro profesional en otros horizontes, pero que dejaron su impronta. Particular mención hago de María Matilde Zubillaga quien dejó unos cimientos sólidos para lo que es hoy Santa Inés y a quien pedimos particularmente a Papá Dios por su salud; así como de Pari, una santa de carne y hueso que tuvimos el privilegio de conocer, quien vió que su futuro estaba en otras fronteras pero que recordamos día a día su capacidad de escuchar y servir al prójimo.

Miremos hacia adelante. Santa Inés quiere seguir construyendo edificios, servicios y programas, así como esperanza, solidaridad y verdad. Azagra siempre nos invitó a soñar. No podría yo transmitir algo distinto. Sigamos soñando y gracias a todos ustedes por hacer de esos sueños una realidad para Venezuela. Muchas gracias!


Bernardo Guinand Ayala
13 de septiembre de 2014