Bernardo Guinand Ayala
Junto al P. Adolfo Nicolás sj |
Había
sido una mañana extraordinaria. Desde hacía algunos meses, la curia provincial
de los jesuitas en Venezuela nos había encomendado recibir aquel día al
Superior General de la Compañía de Jesús en el mundo, tradicionalmente conocido
como el “Papa Negro”. Para esa fecha - abril de 2014 - el Padre General era un
jesuita español, que de manera muy similar a otro recordado superior como el
Padre Arrupe o incluso uno de los fundadores de la orden como San Francisco
Javier, había destinado su carrera pastoral en Asia. Su nombre Adolfo Nicolás y
hoy he decidido contar esta anécdota, que por años he tenido en el tintero, a
propósito de su fallecimiento este pasado 20 de mayo.
La famosa pasarela del Parque Social. Caricatura de Meollo Criollo |
Aquella
visita había estado en tres y dos. El primer trimestre de aquel 2014 había sido
terrible en Venezuela a raíz de las protestas que se agudizaron en febrero a
partir del día de la juventud. Sin embargo, aún con la situación de tensión - ¿cuándo
no? - aquella mañana de finales de abril nos permitió mostrarle al P. Nicolás sj
el trabajo social que venía desarrollando la UCAB con gran compromiso. Pasear
al Padre General por todo el Parque Social P. Manuel Aguirre sj era todo un
privilegio. Recuerdo que en su alocución en medio de la plaza concluyó diciendo
“Creo que aquí en el
Parque Social se están realizando todos los sueños que tenemos en la Compañía
de Jesús de hacer un puente, la pasarela esa famosa que hemos visto. Ánimo,
esta es la vía… sigan construyendo pasarelas y puentes que nos acerquen a la
gente”
Después de una
mañana que casi valdría para otro cuento, tuve la suerte de anotarme en la
visita que daríamos con nuestro insigne invitado a la parte alta de La Vega,
donde los jesuitas y la Universidad Católica han sostenido una dilatada
trayectoria de trabajo pastoral, voluntariado estudiantil y verdadero
compromiso social. Debía ser algo más de mediodía y con el calor a cuestas nos
resguardamos en la casa de la comunidad de jesuitas que queda contigua al
Colegio Andy Aparicio de Fe y Alegría en el sector Las Casitas. Para ese
momento tres jesuitas jóvenes residían allí y con mucho entusiasmo transmitían
al “gran jefe” los avatares de su vida en comunidad.
Recorriendo el Parque Social junto a Adolfo Nicolás sj |
No sé cómo llegamos
a ese punto, ni cómo sucedieron las cosas pero en cierto momento arrancó una interesante
conversa entre curas sobre quien estaba
más cerca de Dios. El disparador había sido la reciente canonización de
Juan XXIII y Juan Pablo II ya que el tema de la santidad despierta múltiples
emociones, más aún entre los siempre agudos jesuitas. Ahora bien, lo
verdaderamente insólito es que después de esa disertación me quedé solo en un
pasillo de la casa y sin saber cómo, de repente me encontré conversando en
privado con el Superior de la Compañía de Jesús.
Hna. Pari (Una Santa de carne y hueso) |
Después de tanta
conversación teologal, no me quedaba más que aterrizar el tema a un plano más
terrenal y le comento al padre Nicolás que yo estaba convencido de la
existencia de los santos más cercanos, los de carne y hueso, aquellos que
seguramente no van a ser canonizados pero llevan una verdadera vida de
santidad. En mis comentarios me refería sin duda a la hermana Pari, sobre quien
escribí uno de mis primeros post titulado “El
día que contraté a una Santa” http://revistasic.gumilla.org/2015/el-dia-que-contrate-a-una-santa/ y le hice mención al video en el cual ella
hablaba justamente de la pasarela – del Parque Social - como símbolo de
conexión entre la universidad y nuestros vecinos más vulnerables, tal cual como
él había también referido esa misma mañana.
Luego de esa
introducción a la conversación, toma la palabra, baja el volumen de la voz y me
dice - más o menos - algo así: “te voy a
confesar algo, yo siempre tuve algún tipo de problema con esto de los santos. A
mí me incomodaba profundamente ver las campañas que se hacen o las presiones
que en la historia han existido para que alguien llegue - formalmente - a ser santo”.
Mi sorpresa no se hizo esperar, imagino que mi cara - entre la confesión y
ser receptor de tan abierta conversa - se debe haber notado. Pero el Padre
Superior continuó: “Tenía ese problema e
incomodidad hasta que yo mismo tuve que hacer mi propia clasificación de los
santos y sentirme en paz. Ahora los tengo clasificado en cuatro escalafones y
cada vez que pienso en alguno que me genere tal incomodidad, lo pongo en mi
orden y listo”
Entonces, pasó a
revelar sus cuatro categorías de santos, que si mi memoria no falla o con algún
pequeño detalle que quizás pueda haber variado sería algo así. “La primera categoría son los Santos Indiscutibles, donde
fundamentalmente yo ubico a los fundadores de la Iglesia, a los apóstoles. El
mejor ejemplo de esta categoría vendría dado por San Pedro y San Pablo, indiscutiblemente.
Allí nadie tiene dudas”
Volteo para los
lados y nadie se acerca ni interrumpe nuestra conversación. Sigo siendo el
privilegiado de tener exclusivamente esa tertulia, aunque supongo que a muchos más
lo habrá contado a lo largo de su vida. Entonces pasa a hablar de la segunda
categoría cuyo nombre era algo así como Vidas de Santidad. “En esta segunda categoría yo ubico a
aquellas personas que verdaderamente llevaron una vida admirable y un legado
importante para la Iglesia, una vida de santidad. Allí ubico a algunos grandes
fundadores de órdenes religiosas, así como aquellos que sentaron unas bases
sólidas para llegar a la Iglesia de hoy” Por supuesto que entre los
primeros que nombró destacó a San Ignacio de Loyola, sin embargo aparecen allí
grandes hombres y mujeres como San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa
de Jesús, San Francisco de Asís por nombrar algunos.
Llegó el momento
crucial de la conversación. La tercera categoría realmente ere el meollo de
todo su conflicto con la iglesia, que recordemos, está conformada por hombres y
mujeres, con sus egos, deseos y toda típica característica del ser humano.
Entonces me dice: “Antes me enojaba mucho
ver en un mismo pedestal a santos destacados con algunos otros que creo que no
están a la misma altura; mucho peor cuando sentía que su canonización venía por
presiones de ciertos sectores de la iglesia. Pero para ellos inventé la
categoría Medalla de Honor.
Entonces, cuando siento que algún caso me genera algo de conflicto interno me
digo internamente, a ese le otorgaron su medalla de honor, me tranquilizo y
paso la página. Desde que asumí eso, soy más feliz”.
Curiosamente, había
dicho todo eso y aún estábamos él y yo. Quizás para la cuarta categoría podría
haberse acercado alguien, pero allí no había mucho más que agregar: “La cuarta categoría ya me la has dicho tú,
son esos santos de carne y hueso,
sin duda esas vidas increíbles de santidad que solo la gente que vivió
alrededor de ellos lo pueda constatar. Allí está la religiosa que mencionas y
cientos de miles de historias similares”.
P. Adolfo Nicolás sj y P. Arturo Peraza sj |
Llegó el tiempo de
agarrar el jeep y bajar de La Vega. Después de la cena de aquel día en la
residencia de los curas en la UCAB no lo volví a ver, aunque seguí su trayectoria.
Siendo un hombre de estos tiempos - aunque su cargo fuera vitalicio - decidió
dar un paso a un lado en 2016 y convocó una nueva Congregación General de la
cual resultó electo el venezolano Arturo Sosa Abascal como nuevo Superior
General, siendo el primer jesuita no europeo en llegar allí. Esta semana Adolfo
Nicolás sj murió en Japón; no podría especular sobre todos los detalles de su
vida, pero entre la manera en que lo describen como “una persona de espíritu alegre y servicio”, así como la agudeza mezclada
con ese humor tan peculiar que pude disfrutar en vivo, podría decir que fue un típico jesuita. ¡Descansa en paz!
23 de mayo de 2020
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