sábado, 16 de mayo de 2015

Te quiero

Agarro las llaves del carro para salir y veo a Bernardo Andrés echado viendo televisión. En automático le digo: “Nando ¡te quiero!”. Le comento que voy al autolavado, ya que hay poca agua para lavar el carro en la casa y le digo nuevamente pero ahora más consciente: “¿Sabes que eres lo que más quiero en el mundo?”. Responde casi sin dejar de ver su programa: “Si Pa, sé que a mí y a Ale es lo que más quieres en el mundo”.

Es sábado y Nando había tenido juego de fútbol en la mañana. No había sido su mejor juego pero tampoco estuvo mal. Otra vez les tocó jugar con niños mayores que ellos y el peso de un año en pleno crecimiento es determinante. Otra derrota que manejar para sacar provecho en su desarrollo. Casualmente, justo antes de salir al autolavado leía “Terapia para el emperador”, un libro de Manuel Llorens, psicólogo con quien compartí muchos años de trabajo en el Parque Social UCAB y quien ha tenido un rol clave como psicólogo de la vinotinto tanto de la selección de mayores como de las fases de formación. Leyendo sus lecciones pensaba en todas las cosas que le he dicho a mi hijo luego de cada juego, procurando no ser uno de esos papás eufóricos, sino tratar de aprovechar las bondades del deporte para ayudarlo a crecer, a vencer sus miedos, a tener más confianza en sí mismo. Ver a mi hijo jugar me ha demostrado una vez más que cada ser es único, que a pesar de las similitudes que veo conmigo en algunas cosas, su manera de jugar y sobretodo de pensar, es propia y característica. Allí he intentado reforzar lo bueno y tratar de transmitirle las áreas a mejorar.

En fin, el día de fútbol con sus altas y bajas y las enseñanzas que trato de transmitir así como aquellas que sencillamente no le interesan, solo me acrecientan un sentimiento: no hay nada más apasionante que ser papá y no hay amor más profundo que el que se siente por un hijo.

Algo parecido me pasó con Alexandra más tarde. Cuando ella se me acercó, yo acababa de leer un párrafo del libro de Manuel que dice: “Un estudio encontró que más de la mitad de una muestra de niños de ocho y nueve años afirmaban que no participaban en actividades deportivas por miedo a tener un mal desempeño o por miedo a no quedar en el equipo final”  Se lo leí a ver su reacción e inmediatamente me sonrió de manera cómplice. Ale está en el equipo de kickingball de su colegio pero le tiene pánico a los juegos por el riesgo de que se le caiga una pelota. Ha sido un tema que hemos venido trabajando para reforzar su confianza y vuelvo a pensar como papá: no importa cuánto falles, tienes  que aventurarte, tienes que tener confianza en ti misma, tienes que aprender de las caídas, pero siempre, siempre, siempre te querré.

Este sencillo post nació de la necesidad de expresar eso que a veces tanto escuchamos como recomendación para aplicar a la vida diaria. No dejar para mañana decir un ¡te quiero! a la gente que te importa - sin sonar a gurú motivacional ni a predicador de tv de medianoche -. Cada uno de nosotros tiene que asumir cada día un sinfín de actividades, trabajo, tráfico, expectativas, etc. que nos copa en tiempo y disposición, pero fundamentalmente tenemos que enfrentarnos a nosotros mismos, a nuestra personalidad, nuestro carácter. Eso a veces nos bloquea y no nos permite saborear lo sabroso de las cosas sencillas.

Sé que con mis hijos me tocará crecer como papá, que habrá momentos de alegrías y también procesos difíciles. Cada uno es un ser irrepetible con su característica personalidad y sus talentos. Lo único que les puedo garantizar es ese “te quiero” y especialmente para ellos con esa certeza de ser “lo que más quiero en el mundo”. Pero por otro lado hay muchísimas más personas que quiero, a algunas más fáciles de decirlo y trasmitirlo que a otras, pero que a medida que escribo van surgiendo nombres, rostros, recuerdos. Y por esas cosas de la vida, a veces a quienes más quieres es con quien también más pleitos tienes, producto de esa misma confianza, producto de que el querer es recíproco.

A quien me quiere, puede tener la certeza que estas líneas van directo a ellos. Y a mis hijos - este blog, este post, este pequeño esfuerzo por dejar algunas cosas escritas que probablemente en algunos años les interese leer - les queda la certeza, para siempre, que son lo que más quiero en el mundo. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Un maratón no se corre solo

Medalla CAF 2015 42K
Esta historia comienza muchos años atrás, cuando en algún momento de mi infancia - como millones de niños - pensé que algún día correría un maratón. Sin embargo me dediqué a los deportes de equipo y aunque siempre me fascinó la velocidad, fue bien adulto que me calcé los zapatos para salir a correr.

La onda de los 10K nos puso a muchos el reto más alcanzable y hace varios años decidí por fin aventurarme a correr una carrera cuando la "Nike 10K" era de las pocas que se organizaban, previo al boom del circuito Gatorade. Luego, como es natural, comencé el reto de ir bajando tiempos y buscar nuevas distancias.

Más adelante, gracias al empuje de Guillo Hernández, me inscribí en los 21K del Maratón CAF 2013 justo el último día de las inscripciones, con el susto de saltar a una media maratón. La experiencia fue increíble y se me metió la espinita de aventurarme a dar el salto completo.     

Durante 20 semanas me preparé, entre madrugonazos en el Parque del Este y los "largos" tempraneros de cada domingo para saltar al ruedo en febrero de 2014; pero justo una semana antes de la carrera, de manera sensata la CAF suspendía el maratón pues en Caracas reinaba el caos. La CAF reorientó para 2015 mudando además la fecha para abril, con la idea de no tener las celebraciones del mes de diciembre en el culmen del entrenamiento. A la postre no sabríamos que sería peor, si entrenar en diciembre o correr con el calor de abril. 

Con Jose recogiendo nuestros números
Mientras pasaba el tiempo, Maickel Melamed iba corriendo los maratones más representativos del mundo, inspirando a venezolanos y extranjeros. Su célebre frase: "si lo sueñas, haz que pase" se me clavaba en la mente cuando sentía que 42K eran imposibles. Seguí entrenando y logré motivar a mi hermano y partner José Antonio para acompañarnos mutuamente y disciplinarnos cada semana. Nos acostumbramos al casi diario mensaje de WhatsApp de las 4:45am: Ahhhh levantarse!!!!  

En fin, el pasado domingo 26 de abril – y a pesar de una virosis estomacal entre jueves y sábado - llegó nuevamente la oportunidad. Si algo aprendí es que muchas carreras las puedes hacer tú, pero un maratón no se corre solo

Con este post recojo mis vivencias y anécdotas de esta experiencia. Con estas líneas pretendo afirmar – como Maickel y muchos otros - que si lo sueñas, sencillamente haz que suceda.

Lo primero a destacar es la enorme emoción de correr en tu ciudad. Alfonso Porras, amigo y experimentado maratonista me decía: “Claro, correr los grandes maratones es fantástico, pero correr en tu ciudad es un privilegio que no tiene precio”. Más en estos momentos que al nombrar Caracas pensamos en hostilidad, tráfico, división política y violencia. Ese día fue distinto, ese día se respiró ciudadanía: las calles fueron para corredores, las aceras repletas de gente para la cordialidad y los únicos colores: el tricolor nacional. Tomar Caracas y recorrer “a pie” sus calles y lugares simbólicos es algo indescriptible, hasta con un saborcito de papelón con limón bien frío que avanzada la carrera algún caraqueño me ofreció.


Kit CAF 2015
Por otro lado, la organización y logística del Banco de Desarrollo de América Latina – CAF – ha sido sin duda el aspecto más reconocido de este evento. Desde la sonrisa y ánimo de todo voluntario – evidentemente entrenados y motivados - en cada labor que les tocó desempeñar, pasando por la extraordinaria hidratación (agua cada 2K que más que para beber se convirtió en placenteros baños de agua fría para bajar la temperatura del cuerpo y atenuar los músculos engarrotados; Gatorade cada ciertos kilómetros, gel energético y bocadillos de guayaba). Todo acompañado de buena señalización, seguridad, voces de ánimo y largas colas de voluntarios que impedían la aglomeración en los puntos de hidratación. En fin, la CAF demostró que el maratón de Caracas es de categoría mundial y nada tiene que envidiarle en organización a los más nombrados del planeta.

Mi carrera fue toda una odisea con sus picos altos y bajos, con sus emociones y sus desánimos propios de quien se aventura por primera vez a correr esta distancia y se estrena en una ruta dura como Caracas justo en medio de una oleada de calor.

Puntualmente dieron la largada a los atletas con discapacidad, para luego, a las 6.00 am en punto, la cuenta regresiva nos decía que era hora. Salí junto a mi primo Gonzalo Guinand, que aunque nunca habíamos corrido juntos, sabíamos que corremos a ritmos similares. La estrategia era la misma que tanto nos habían recomendado: salir suave y conservar las energías la primera mitad. Sin embargo, no llevábamos un kilómetro cuando ya estábamos entusiasmados corriendo junto al grupo que rodeaba la bomba del pacer que ofrecía hacer el maratón en 4 horas exactas. Ya en El Silencio le decía a Gonzalo que íbamos como rápido, pero me sentía tan a gusto entre los otros maratonistas que apostaban por hacer 3:59:59 que seguí la primera mitad entre los gritos de ese animado grupo.

Los primeros 21K son geniales, tanto por lo fresco de las primeras horas como por las zonas de Caracas que se transitan (Av. Bolívar, El Silencio, Av. San Martín, La India, Roca Tarpeya, Av. Victoria). Llegar a Los Ilustres y Los Próceres full de gente, ver las primeras caras conocidas gritando tu nombre, sentir que llevas casi la mitad pero te sientes bien. Sin embargo, aún temprano, en el kilómetro 22 fue que me di cuenta que la mañana estaba caliente y empecé a descender un pelo el ritmo viendo como la bomba del pacer se empezaba a alejar. En ese mismo kilómetro, la parte posterior del muslo izquierdo me tiró un primer templón. Aún estaba a muchos kilómetros de la famosa “pared” y por primera vez un músculo me estaba echando broma. Luego fue la pierna derecha y así descendiendo al resto de los músculos de ambas piernas. En pocos kilómetros mis piernas eran como una tabla y faltaban cerca de 20k por recorrer.

Honestamente, a diferencia de lo que me había preparado mentalmente, mi verdadero maratón estuvo entre el kilómetro 22 y 25. La cabeza me hizo estragos: era imposible terminar el maratón “engarrotado” desde tan temprano. Empecé a descender el ritmo sin dejar de pensar que había fracasado y que había esperado tanto para ni siquiera llegar al kilómetro 30. Pero mi mayor preocupación estaba en cómo le iba a avisar a mis hijos que me estarían esperando en el kilómetro 34-35 y cómo explicarles que no siempre se llega a la meta. No sé cómo transité esos tres kilómetros, pero opté por hidratarme muy bien y tomarme otro gel que me dio un segundo aire y me catapultó hasta el kilómetro 31 cuando tuve que parar por el dolor en las piernas. Cabizbajo y desesperanzado veía que se acercaba además la parte más dura, la subida entre la Río de Janeiro y la Av. Francisco de Miranda. Fue en ese momento que un ciclista desconocido que iba en la vía de al lado - sin entorpecer el maratón - me empezó a gritar: “Epa tú, 625, ¿te vas a quedar parado luego de llegar hasta aquí? ¿Cuánto te faltan, unos 11k? Dale pues”. Al intentar justificarle mi dolor, el pana anónimo siguió insistiendo: “No me muevo de tu lado hasta que no sigas corriendo” Y así fue, empecé a correr de nuevo en la subida con el ciclista alentándome. Me olvidé de marcas, de tiempos, salvo de una: quería llegar a la meta así fuera gateando. Era mi primer maratón y siempre mi primer reto había sido completar la distancia.

Mensaje de Ale
Al ciclista lo vi algo más adelante y seguía pendiente de mí. A duras penas alcancé la Francisco de Miranda pero ya los tiempos no me importaban sino alcanzar agua para bajarme la temperatura, ir sumando metros y poder llegar a donde debían estar mis hijitos. Durante el trayecto nunca dejé de ver mis dos brazos. En el derecho, Alexandra (mi hija de 10 años) me había escrito: “No te rindas Papi”; en el izquierdo, Nando (mi hijo de 8) fue más competitivo: “Que ganes Pa”. El reto y compromiso había trascendido a ser solo conmigo mismo. Finalmente llegué al elevado de Los Ruices y justo al bajar los vi esperándome con pancartas. Sentí mucha emoción por un lado al verlos allí, pero algo de vergüenza por llegar bastante peor de lo que estimaba. Había alcanzado otra meta, pero esa me llevaba a la siguiente. A mi alrededor, todos mis compañeros trotadores se agarraban los muslos y vi a muchos atletas acostados en la acera con sus respectivos calambres. Así sería el panorama que mi esposa al verme me preguntó si quería que me acompañara. Creo que nunca se imaginó que mi respuesta sería afirmativa. Afortunadamente, Carolina - mi comadre - había ido con ella y se pudo quedar con los chamos, así que sin prepararse Mimina se embarcó en los últimos casi 8k para empujarme a la meta.
Llegando a ver a mis chamos. Se nota
que no era el único agotado. 

Negociamos cada paso, cada cuadra para no decaer. Nos pusimos metas cortas: hasta la esquina, hasta el semáforo, pasar los grupos de gente sin parar. En Plaza Altamira encontré a la esposa de mi mejor amigo de infancia y me dio un cooler de agua gélida. Al despedirse recuerdo haberle escuchado: “solo 5 más, solo 5”.

Físicamente – salvo las piernas - me sentía bien y faltando 3k quise trotar más rápido pero la batata izquierda se engarrotó de una manera que tuve que parar en seco y casi pensar que hasta ahí llegaba. El músculo no solo estaba tieso sino que se había dividido en dos. Unos 50 metros de destemplada y piano piano arrancamos de nuevo. En el 40 tenía ganas de salir a correr y ahora más bien mi esposa me decía que no tan rápido. Cuando vi La Previsora sabía que era cuestión de tiempo, y justo antes de meternos debajo de la fuente de Plaza Venezuela apareció mi eterno compañero – mi hermano Jose que había culminado sus 21K – a completar el último kilómetro a mi lado. Un esfuerzo más en la última subida y luego tener que controlar las ganas de correr más rápido cuando todo el mundo coreaba: “vas llegando, vas llegando”. Reconocí la voz de la Tati Rojas gritando: “Vamos Bernie, dale, fino”. Ella había completado sus primeros 21K y luego supe que el hecho de yo correr 42 le habían servido a ella para alcanzar su meta. Así que esto de la motivación es como una cadena.

Misión cumplida!
Con Mimina luego del maratón













Unos pasos más y listo. Ninguna marca récord, muy lejos de mis expectativas iniciales, pero acababa de completar mi primer maratón cuando en el kilómetro 22 lo sentía imposible. Era cuestión de adaptar la meta a lo que me parecía más importante: llegar.

Mi otra medalla que vale oro
Después de correrlo me enteré de lo sobrehumano del clima y que todo el mundo subió sus tiempos. “Mal de muchos, consuelo de tontos” dice el refrán popular. Llegué a mi casa y puse un check en mi propio “Bucket List” que decía: Correr un maratón. Ese día dije no más, misión cumplida… pero debo reconocer que ya hoy - una semana después - estoy pensándolo de nuevo. Tal vez si salgo más lento, tal vez si el clima no es tan terrible, tal vez si busco otra experiencia.

Quien sabe, lo que si tengo claro es que cuando vuelva a salir a patear el asfalto recordaré que un maratón no lo corre uno solo, sino una ciudad entera y que un montón de gente – los que he nombrado y muchos otros que no – me hicieron cruzar la meta.

Esperamos que la CAF nunca se vaya de Caracas. Gracias CAF, gracias Caracas!

jueves, 26 de marzo de 2015

Gerencia de pasillo

Si hoy alguien me preguntara qué estrategia gerencial me ha sido útil en mi vida, sin dudarlo diría: Gerencia de Pasillo.

En 1999, cuando trabajábamos en el modelo organizacional para el Centro de Salud Santa Inés UCAB meses antes de su apertura al público, María Matilde Zubillaga me invitó a que la acompañara en esa filosofía que ella denominó gerencia de pasillo y que no era otra cosa sino estar presente.

La propuesta no me parecía para nada ajena, pues el otro mentor del proyecto, el P. Luis Azagra SJ, aplicaba algo parecido en los pasillos y oficinas de la UCAB que tuve el gusto de constatar y apreciar mientras trabajaba en la administración de la universidad, siendo aún estudiante. De hecho, esa práctica de Azagra permitió conocernos y de allí que me propusiera trabajo años más tarde. En fin, esta estrategia le daba a Azagra la oportunidad de conocer a la gente y ser cercano.

Durante mis años en Santa Inés, la gerencia de pasillo ha tenido diversas fases y motivaciones. Aunque en esencia siempre ha sido lo mismo: “estar allí”, cada período ha tenido un enfoque y un gusto diferente.



En los inicios de la institución el foco estuvo fundamentalmente en nuestro personal. La esencia, según rezaba el modelo que compartía María Matilde, estaba en dar los buenos días a nuestra gente. Fundamentalmente eso, dar los buenos días. Tan sencillo y a la vez tan potente cuando se hace día tras día. No se puede dudar que en esos primeros años esta iniciativa tuviese un acentuado efecto de supervisión. Aunque el foco no estaba en controlar, esa presencia cotidiana ejercía un mecanismo supervisor automático, pero no de una manera punitiva, sino más bien de modelaje. Estar presente, saludar, enterarse de las anécdotas, los chismes. Es decir, estar encima de la obra pero a través del acompañamiento.

Esos primeros años, el equipo gerencial se fajó realmente en dar el ejemplo. Llegar a primera hora a “abrir el centro” se convirtió en un patrón y los buenos días como modelo fue penetrando en la filosofía, dando una altísima legitimidad a quienes lo practicábamos.   
El segundo gran período de mi experiencia en gerencia de pasillo fue como subir un gran escalón. Las dudas sobre si lo que se hacía inicialmente era pura supervisión, se fueron disipando a tal punto, que entonces nuestros empleados empezaban a reclamar cariñosamente si algún día no pasaba a saludarlos. El efecto de la constancia de los primeros años cobraba buenos dividendos.

En este período, el énfasis consistió no solo en dar los buenos días, sino que se empezaron a resolver diversos asuntos gerenciales en los puestos de trabajo. Nuestro equipo humano de alguna manera se acostumbró a que la gerencia estaba al alcance todos los días y con tener un bolígrafo y un papelito en el bolsillo bastaba para anotar las diversas cosas que iban sucediendo y necesitaban solución: el equipo que le falta mantenimiento, los nuevos procedimientos que se pueden aplicar en determinada área, los técnicos que desean que se revise su bono de productividad y así miles de cosas más que luego iba derivando a quien corresponde dar solución.

El tercer período ha sido uno de los descubrimientos más fascinantes y consistió en tomar conciencia del gusto del servicio. Ha sido un período muy enriquecedor y orientado fundamentalmente a los pacientes. Aunque desde el inicio incluimos a nuestros pacientes en el saludo de todos los días, algo así como en el noveno año en que ya venía haciendo los recorridos de pasillo empecé a percatarme del impacto que tenía esa visita en las personas a quienes servimos. Empecé a escuchar rumores en la cola de caja de gente que decía “por eso es que esto funciona bien”, “eso se hace todos los días”, etc. Y también me empecé a dar cuenta que cuando iba caminando aún lejos de algunos pacientes, se iban acomodando cuando me veían pasar para devolverme el saludo. Sobretodo las “doñitas” ponían su mejor sonrisa al verme pasar y me dejaban saber que no era la primera vez que les brindaba un saludo.

Ese año me impactó mucho un señor a quien atendí una vez en el pasillo por una queja. Venía de Barquisimeto y estaba muy molesto porque tuvo algún inconveniente. Su queja se canalizó y se pudo resolver, luego lo vi meses después en el laboratorio y a viva voz me dijo que había vuelto por mí, pues había resuelto una vez su problema por haber estado en los pasillos.

Los pacientes se volvieron mi debilidad y el motivo de mayor fuerza de la gerencia de pasillos; sin embargo, en cada fase nunca se dejaron atrás las premisas previas: el saludo, atender los asuntos de los servicios y el personal y ahora los pacientes.
Gracias a esa experiencia de encuentro con los pacientes nacieron luego dos iniciativas que se han logrado institucionalizar en el Centro de Salud Santa Inés UCAB. En primer lugar, se creó la coordinación de apoyo al paciente como respuesta a esa necesidad de muchos de nuestros usuarios de ser escuchados, orientados o asistidos económicamente. Afortunadamente, para el momento en que esta idea me venía a la mente llegaba la Hermana María del Carmen Pariente – Pari – buscando trabajo en CSSI. Y así nació esa coordinación cuya oficina se mudó permanentemente a los pasillos, donde debía estar. Hoy ya Pari ha sido relevada de su cargo, manteniendo la esencia y la presencia de un equipo en esos pasillos, más allá del tiempo que un gerente puede dedicar a su recorrido diario.

La otra iniciativa que nació de esa vivencia fue la campaña Amigo Solidario como estrategia de recaudación de fondos para apoyar a los pacientes más vulnerables que nos visitan y que gracias a esa gerencia de pasillo hemos sabido identificar y tender una mano.

Siempre he creído en la gerencia de pasillo, pero en las últimas semanas he tenido la certeza que es definitivamente el elemento que más ha repercutido en mi gestión y por el cual cierro una fase de mi vida con el corazón lleno de agradecimiento. Creo que haber “estado allí” es algo que de cara a mi personal, médicos y pacientes, nadie me puede arrebatar. Para gerenciar hay que conocer a la institución que lideras y eso a mí me lo brindó este tipo de gerencia.

Termino estas líneas a escasas horas de dar mi último recorrido formal como gerente por los pasillos del Centro de Salud Santa Inés UCAB. Ahora me tocará recorrer otras realidades y probablemente cambie pasillos por algunas calles aún sin asfaltar del Municipio Revenga del Estado Aragua, siguiendo las recomendaciones del Papa Francisco: salir a la periferia para ir al encuentro de los demás. Cambiaré el escenario pero no esta herencia tan fructífera que he recibido y cultivado y que hoy también dejo como principal legado para quienes seguirán mis pasos y para todo aquel a quien pueda ser útil esta experiencia.

jueves, 5 de marzo de 2015

Despedida

Caracas, 02 de marzo de 2015

DESPEDIDA


Apreciado equipo humano de Santa Inés:

Las personas pasan, las instituciones quedan. Eso es una realidad deseable en toda sociedad y que muy sanamente hemos podido constatar en nuestro Centro de Salud Santa Inés UCAB. 

Hoy me toca a mí decir adiós. Luego de 16 años comprometido con este proyecto, ahora me toca a mí pasar para asumir nuevos retos profesionales y dejar que Santa Inés siga creciendo y fortaleciéndose como institución. No me cabe la menor duda que mi carta de despedida va dirigida a cada uno de ustedes, quienes aceptaron el reto de construir el mejor centro de salud de Venezuela. Ha sido un verdadero honor haber estado al servicio de ustedes y que me permitiesen constatar la meta más ambiciosa de mi gestión: demostrar que podemos tener un mejor país. ¡Así de simple! ¡Así de contundente!

No puedo ocultar que me voy con una gran sonrisa en la cara. Sonrisa que no es otra cosa sino el acumulado de sonrisas agradecidas que veo todos los días cuando doy una vuelta por Santa Inés. Sonrisa de saber que aquello que una vez fue el sueño de unos pocos, hoy es una realidad para muchos, convertida en organización. Una organización, que a pesar de las dificultades que nos ha tocado recorrer, está sólida en cimientos y valores. 

Tocará aún transitar, al menos, varios años difíciles. Nunca dejen que los invada la desesperanza ni el conformismo. Y eso es tarea de todos. Para ello solo dejo una sencilla recomendación, nunca pierdan de vista nuestro norte: nuestros pacientes. Hablar con ellos nos permite recordarnos cada día la razón de ser de esta institución, servirles a ellos es servir a Dios (Mt 25,31-45). Nunca se priven de ese gran gusto que San Ignacio acuñó en una sencilla frase "En todo Amar y Servir". 

Cierro esta sencilla carta de despedida disculpándome por aquellas cosas que no salieron del todo bien o si alguna vez no fui lo suficientemente cercano a cada uno de ustedes. Pero sobretodo culmino estas líneas diciéndoles de corazón: ¡mil gracias! Ha sido un verdadero privilegio trabajar con el mejor equipo humano que cualquier gerente pueda soñar, cada quien desde su responsabilidad y con sus talentos, cada quien con su tarea encomendada y su personalidad. La diversidad, lejos de separarnos, nos acerca y complementa. Y eso es Santa Inés. Nunca pierdan ese horizonte.

Una vez más, mil gracias. Ha sido un honor ser, más que un gerente, un Amigo Solidario de esta maravillosa obra. ¡Los aprecio de corazón! 

Bernardo Guinand Ayala

domingo, 1 de marzo de 2015

Decisiones

Hace ya muchos años, solíamos pasar las vacaciones familiares de agosto en Chichiriviche, Edo. Falcón. Recuerdo un año, en que un cassette de Rubén Blades de alguno de mis primos - probablemente de su mejor disco "Buscando América" - sonaba una y otra vez en el reproductor que estaba en el corredor de "La Burra Blanca", la casa a la cual llegamos tantas veces y que quedaba casi encaramada en el mar frente a los Cayos de Morrocoy. Muchas canciones de ese cassette me encantaban, pero particularmente "Decisiones" se convirtió en una de mis canciones favoritas para toda la vida y aún subo el volumen de la canción cuando el aleatorio del iPod la selecciona.

Hoy, la palabra que da título a esa canción - Decisiones - retumba más fuerte que nunca. Todos los días tomamos decisiones en mayor o menor medida, pero esta semana he tomado la decisión más relevante que haya asumido en muchos años: me despido del Centro de Salud Santa Inés UCAB. Me despido del único trabajo que he tenido, hasta ahora, como profesional. Me despido de la obra que he visto nacer y crecer. Me despido de 16 años abocado a un sueño que se convirtió en realidad y en modelo. Me despido con el gustico de 1.400.000 servicios prestados con dignidad, que se traducen en rostros que he visto pasar cada día desde 1999. Me despido con la convicción de haber tendido puentes desde un lugar maravilloso llamado Parque Social P. Manuel Aguirre SJ.


Paradójicamente, aunque titulé este post "decisiones" no pretendo esbozar aquí todas las razones que me llevan a este cambio, más allá del motivo fundamental: seguir creciendo y dejar crecer. Seguir apostando por este país llamado Venezuela. Seguir apostando a la actividad profesional orientada al servicio a los demás. Seguir apostando al fortalecimiento de la sociedad civil, pasando de "Santa Inés" a "Santa Teresa".

Esta semana, como lo he venido haciendo todas las semanas desde 1999, recorrí los pasillos del Centro de Salud Santa Inés UCAB para saludar a nuestros pacientes y particularmente a nuestros empleados y médicos. Pero esta vez para transmitirles mi decisión e informarles que marzo será mi último mes de trabajo desde este centro de salud que me dio el chance de crecer. No puedo expresar con palabras lo que siento del feedback de mi gente. Lágrimas, caras de shock, ánimos, respaldo, negación, abrazos, correos..... Solo puedo expresar que doy gracias infinitas a Dios por sentir, después de unos significativos años de gestión, que he dejado algo. El cariño demostrado en todo tipo de comentarios y sobretodo en cada mirada me deja un maravilloso sabor en la boca y la satisfacción de haber cumplido. Doy gracias infinitas a todo ese equipo, por la confianza y por hacer del CSSI y de todo el Parque Social UCAB un signo de esperanza. Doy gracias infinitas a los jesuitas Azagra y Ugalde por creer en mí, mostrarme su sueño y convocarme a construirlo. Así podría seguir nombrando a cientos de personas una a una, pero hoy lo dejo aquí. Hoy me quedo con los rostros, las lágrimas y el gusto de "en todo, haber amado y servido"



Y aunque en la canción de Rubén Blades, las anécdotas expuestas son bastante diferentes a la mía, queda claro que cada decisión es una apuesta, con sus oportunidades, sus retos y sus riesgos. En fin "Decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas, ciudadanía". Y sigo apostando por mi, por Venezuela, por los retos que están por venir desde la Fundación Santa Teresa y por el equipo que queda al frente del Centro de Salud Santa Inés UCAB. 

domingo, 1 de febrero de 2015

La gente pasa, los cimientos quedan

Al Padre Luis Azagra lo conocí a principios de 1994 cuando yo comenzaba a trabajar como "Oficinista III" en la administración general de la UCAB, mientras cursaba el primer año de mi carrera. La manera como saludaba y se aproximaba a cada trabajador de la universidad hacía imposible no sentirse atraído por el buen humor de aquel curita.

A María Matilde Zubillaga la conocí exactamente 5 años después. Aunque probablemente la había visto antes, fue el 4 de enero de 1999 cuando formalmente el Padre Azagra nos reunió en su oficina (desde la que trabajamos varios meses antes de mudarnos a Parque Social UCAB) y nos dijo que haríamos equipo. Ese primer día supe que me tocaba una jefa apretada.

Al Dr. Carlos Eduardo Paradisi lo conocimos poco tiempo después. También fue Azagra quien nos reunió una tarde en la célebre mesa redonda del Cura's Hilton - como quedó bautizada la residencia de los jesuitas en el campus de Montalbán -. Al salir de ese encuentro recuerdo que María Matilde y yo pensamos que nos habían endosado a un médico un poco chiflado y muy particular para acompañarnos en la conducción médica del Centro de Salud Santa Inés, aún por fundar.

Azagra "el curita"


El P. Azagra fue una persona fuera de lote. Era educador de profesión, aunque todos lo creían psicólogo, pues su carrera docente estuvo ligada a la escuela de Psicología de la UCAB, así como por su característico y natural don de consejo. Esa cualidad lo convirtió en una pieza clave de la Compañía de Jesús en Venezuela y particularmente de la Universidad Católica Andrés Bello, donde jugó roles claves como mediador en la crisis del 72, así como cargos de vicerrector administrativo, director de proyectos y lo que a la final sería el mejor trabajo de su vida: fundador y director del Parque Social P. Manuel Aguirre SJ, al cual dedicó sus últimos años de vida transmitiendo, a quienes nos incorporábamos, todo su sueño por convertir a la universidad-academia en una universidad volcada al servicio, y particularmente, al servicio de la dignidad humana.

El foco de Azagra siempre fue la gente y donde estuvo lo hizo saber. Desde sus estudiantes a quienes recordaba por años y mantenía una especie de álbum de barajitas con sus datos relevantes, hasta todos los trabajadores de la UCAB y el Parque Social por quienes siempre intercedió para establecer políticas institucionales de mejoras y beneficios, pero sobretodo con su trato diario cercano y cálido. Todo ello lo hacía con el elemento más característico de su personalidad, su buen humor. Reunirse a tomar decisiones relevantes con Azagra era casi como el momento relax del día. Su capacidad de contar una historia o un chiste era inigualable y siempre su presencia influía en un clima extraordinariamente propicio para avanzar.

A Azagra además le estaré eternamente agradecido pues fue él quien pensó que yo era la persona idónea para administrar su obra predilecta. Cuando yo estaba inseguro o temeroso de mis propios talentos, Azagra siempre me dió seguridad con su confianza y era capaz de alegrarse por los logros de uno, tanto o más que uno mismo. Mi segundo hijo, Bernardo Andrés Luis, lleva su tercer nombre en honor a la persona que tanto creyó en mi.

María Matilde "MM"


No me cabe la menor duda que los logros alcanzados hasta ahora en el Centro de Salud Santa Inés - CSSI -, tuvieron su base en la determinación, profesionalismo, capacidad organizativa, claridad institucional, valores, identificación total con la obra y con los jesuitas y duro trabajo de María Matilde Zubillaga. Estuvo encargada del proyecto de gestación del CSSI y de su conducción durante los primeros 5 años, y aún hoy - 15 años después - nos beneficiamos de los cimientos sólidos que sembró.

MM, como la nombramos entre sus pupilos, fue una jefa exigente, fue maestra y formadora de generaciones futuras, fue meticulosa hasta el detalle, retadora, celosa de su vida personal, mandó hasta a quien no estaba bajo su línea de mando (varios darán fe de ello). Sus agendas, puntos pendientes y "toques técnicos" nos hizo temblar cada semana. Fue mamá, no solo de Santiago y Miguel, sino muy discretamente de cada empleado nuestro. Fue recta hasta la exageración, al punto que durante su paso por la AEUCAB fue muy difícil vincularla con el Parque Social, para que no pensaran que había intereses afectivos o personales. Su lema más frecuente "lo perfecto es enemigo de lo bueno" creo que mas que a nosotros se lo repetía a ella misma para poder avanzar, pues siempre buscó la perfección, la excelencia, el Magis. Pero sobretodo, María Matilde tuvo una cualidad admirable y difícil de ver en estos tiempos, tuvo la capacidad de organizar hasta el mínimo detalle la puesta en marcha de nuevos proyectos con la increíble sabiduría de dar luego paso a los que vienen creciendo. No se eternizó en cargos, supo formar equipos y dar la confianza para que ellos siguieran su senda. Y eso, probablemente es lo que mas le agradezco el día de hoy.

Paradisi "el Dóctor"


Hablar de Paradisi o el Dóctor, como me gustaba llamarlo, es hablar de un ser humano definitivamente diferente y especial; alegre, refunfuñón, refranero, bondadoso, generoso, irreverente y humano, muy muy humano. De él conocí y compartí dos facetas muy claras de su vida y su vocación: Paradisi, “el médico” y Paradisi, “el consejero, el maestro de todos los días”.

Como médico, el Dóctor fue médico general, internista, neumonólogo, gastroenterólogo, geriatra, especialista en salud pública y hasta brujo. Su don de gente hacía que su relación con los pacientes fuese una experiencia única y nunca ocultó su preferencia por los más viejitos. Fue realmente un médico de cabecera, de esos de la vieja guardia, centrado más en ayudar al paciente que en la pura ciencia, centrado más en la persona que en la enfermedad, capaz de ponerse en los zapatos del paciente y en su bolsillo, evitando estudios innecesarios y recetando tratamientos que fuesen accesibles.

La otra faceta fue el Paradisi consejero y maestro. Más que un gerente, el Dr. Paradisi fue un punto de apoyo para todos los que con él convivíamos. Nunca le interesó figurar o como el decía, no quería salir en la foto, pero desde su espacio nos apoyó a muchos en lo humano y en lo profesional. Los martes - su día de médico - solíamos reunirnos con mucha frecuencia al final de la jornada, básicamente para echarnos el cuento de las cosas por las cuales había valido la pena ese día. “Bernardo, no te imaginas la lección que hoy me dio una de nuestras cajeras. Eran cosas que yo antes no valoraba, le debo tanto a Santa Inés” me repitió una y otra vez.

Cimientos sólidos

Un jesuita brillante, cercano y soñador, una socióloga increíblemente trabajadora y perfeccionista, y un médico muy humano pero bastante particular eran mi primer equipo de trabajo recién graduado. Era el primer equipo encargado de la conducción y toma de decisiones formales del centro de salud que la UCAB quería proponer como modelo alternativo para las comunidades más desasistidas. Yo tenía 25 años, poca experiencia, pero muchas ganas de aportar. Y tuve la bendición de hacer equipo con este combo tan parecido en convicciones y compromiso, pero tan diferentes en personalidad. Aún no sé que fue lo que nos hizo tan efectivos como equipo, si las similitudes o las diferencias, si los ratos de risas o las agarronas que todos y cada uno tuvimos. O lo que la fe me ha llevado a pensar una y otra vez: que el Espíritu Santo estuvo presente en la fundación del Centro de Salud Santa Inés UCAB, fundamentalmente por haber puesto en un mismo momento a gente tan valiosa mirando hacia un mismo lado, a pesar de sus múltiples diferencias.

Escribo esto, pues a principios de este año y luego de batallar 10 meses con un cáncer, de forma muy apresurada se nos fue María Matilde. Vivió intensamente y su partida no es solo un duro golpe para las organizaciones en las que trabajó, sino un golpe durísimo para toda la sociedad civil venezolana, que pierde a una profesional con compromiso y servicio dedicado a este país y a los más necesitados.

También apresurado y justo el día antes de que el CSSI cumpliera 10 años, en 2009 nos sorprendió la partida de Paradisi. Y ya Azagra, aunque más previsible por su enfermedad y los años, se nos había marchado a su natal Pamplona, para de allí tomar el tren directo al cielo sin podernos despedir bien.

Pero estas 3 personas no se fueron por debajo de la mesa. Azagra, María Matilde y Paradisi abonaron una palabra que parece extraña en la Venezuela de hoy: trascendencia. Su legado, sus enseñanzas, sus prácticas, sus valores, los trascienden a ellos y hoy se presentan como sólidos cimientos de las instituciones que ayudaron a crear y de la Venezuela que desearíamos irradiar. Fueron ejemplo tangible que se transforma en esperanza. Gracias por el privilegio de haberlos tenido como maestros, gracias por haberse topado en mi camino.

Tal vez ustedes pasaron, pero sus cimientos quedan.



sábado, 24 de enero de 2015

Venezuela 2015 Carta abierta CSSI

Carta abierta (a los trabajadores y médicos del Centro de Salud Santa Inés UCAB en el marco de la Venezuela 2015)

Caracas, 23 de enero de 2015

Apreciado equipo humano de Santa Inés:

El país está mal. Venezuela no marcha bien y se nos hace más evidente y duro cada día. Independientemente de la visión individual de país que tenga cada uno de nosotros, es inobjetable que temas como la inseguridad, la escasez, el altísimo costo de la vida, la hostilidad que vivimos en la calle y en fin, la desesperanza, ocupe gran parte de nuestra cotidianidad.

En el corto plazo no hay luces de que eso vaya a cambiar mucho. Con la reducción gradual en el tiempo del aparato productivo interno, sumado a un barril de petróleo en caída - lo cual merma la capacidad de importaciones - parece que tomará algo de tiempo salir de esta crisis. 

A lo largo de los últimos años, esta situación se ha ido resintiendo cada vez más en nuestra institución. Si bien hemos sido considerados como "una tacita de plata" o que estamos bajo "una cúpula de cristal", no somos ajenos a este país y a veces sentimos que empezamos a resquebrajarnos también. La realidad nos desborda y con razón. La gran mayoría de los que trabajamos en Santa Inés dependemos de nuestro trabajo para el sustento de nuestras familias y sencillamente a ninguno le alcanza la plata. No porque estemos remunerando menos que en otros lugares o porque se nos haya olvidado hacer los ajustes necesarios, sino sencillamente por un sinnúmero de razones y políticas, como país en conjunto, que han llevado a que los precios se disparen en cohete, mientras los sueldos suben por las escaleras. 

La preocupación del equipo gerencial que lidero ha sido siempre convertirnos en un extraordinario lugar de trabajo, lo cual debe combinar una remuneración adecuada y digna y la creación de una filosofía institucional que nos ayude a todos a motivarnos y querer venir a trabajar a Santa Inés cada día. En 15 años, está orientación ha hecho del CSSI un modelo para el país. Y quiero transmitir que esa seguirá siendo la preocupación de mi equipo. El año pasado hicimos ajustes como no habíamos hecho en la historia, pero toda esta realidad los ha convertido en "sal y agua". Este año, seguiremos buscando alternativas para afrontar esta realidad, considerando todas las otras variables que tenemos en frente: seguir siendo una opción para la población que atendemos, poder mantener y reponer equipos, encontrar insumos de alta calidad - a pesar de la escasez particular en este sector y los exorbitantes costos en los cuales los estamos adquiriendo -. Ese ha sido nuestro compromiso siempre y en este 2015 lo ratificamos, pero necesitamos de cada uno de ustedes, de sus talentos, de su vocación de servicio. Aquí nos necesitamos todos. Nadie sobra, sea cual sea su cargo, el lugar donde vive, su credo, sus creencias. Eso es de los logros más claros que transmitimos al país.

Siento que individualmente tenemos dos caminos a tomar en medio de esta crisis: o nos sumamos al malestar general con nuestras prácticas cotidianas y caemos en la hostilidad y falta de servicio que tanto criticamos al prójimo, o seguimos siendo un oasis en medio de este desierto, sacando fuerzas extraordinarias con la esperanza de salir adelante. Yo en lo personal y todo el equipo que dirijo procurará abonar el terreno para seguir caminando sobre esta segunda senda. Son tiempos difíciles y estamos conscientes de ello y trabajando en ello. La clave está en no perder el norte. Espero que nos sigan acompañando en ese ideal.

Bernardo Guinand Ayala
Gerente General