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lunes, 6 de marzo de 2017

Reto Con Causa

Bernardo Guinand Ayala
Desde hace algunos años, los maratones y grandes competiciones deportivas del mundo se han convertido en extraordinarios eventos para hacer fundraising - recaudación de fondos - para causas sociales. Tanto así, que el Maratón de Londres - uno de los seis principales maratones del mundo[1] - está considerado el evento que más fondos recauda en todo el planeta, en un solo día. En 2016, los 40.000 corredores que recorrieron los 42,195 kilómetros de Londres, ayudaron a diversas causas benéficas a levantar cerca de £60 millones. Una cifra con la cual se pueden hacer milagros en el mundo de las ONGs.

Las formas para recaudar fondos son diversas. Muy común entre los grandes maratones [que se dan el lujo de tener una demanda de postulantes muy superior a la capacidad real de corredores del maratón] es garantizar cupos a aquellos que están dispuestos a correr - y donar - para una causa benéfica. Funciona como un complemento de la inscripción, pero garantizando un donativo más que significativo. Y para aquellos que salen beneficiados del sorteo para inscribirse en el maratón, se despliega, al momento de concretar su inscripción, una lista de organizaciones y fundaciones por las cuales estarían dispuestos a correr y a donar.

En la era moderna, las plataformas digitales también han sido extraordinarias aliadas para hacer fundraising. Muchos corredores son motivados por ONGs a correr en su nombre y a ponerse una meta de recaudación que el competidor busca completar con amigos y familiares. Recientemente, Ramón Martínez - mi amigo del colegio a quien tenía años sin ver - me contaba cómo había corrido varios medio-maratones a favor de instituciones que investigan sobre el Parkinson, causa con la cual está plenamente sensibilizado. El corredor se pone una meta, aprovecha los portales de crowdfunding - financiación colectiva - para canalizar allí los aportes y utiliza todos los medios que estén a su alcance para motivar a sus relacionados a que lo ayuden a cumplir con su meta. Hoy en día, las redes sociales son extraordinarias aliadas para impulsar esta estrategia.  

Si bien en Venezuela se han hecho populares algunas carreras - especialmente de 10k - cuyo propósito es recaudar fondos para alguna organización social en particular [en las cuales se buscan patrocinantes para cubrir los costos de la carrera y se destinan los fondos de la inscripción para la causa] no existe un modelo aún donde el corredor - y su esfuerzo personal - sea el gran movilizador en la meta de recaudación. De hecho, el Maratón de Caracas, único maratón de categoría mundial que hay en el país y organizado impecablemente por el Banco de Desarrollo de América Latina - CAF - hasta estos momentos no ha contado con alguna estrategia en esa dirección.     
  
Esta realidad nos motivó a un grupo de personas - y corredores - que trabajamos para
causas sociales, así como para la promoción de la solidaridad en Venezuela, a proponer algo similar en nuestro país, más aún en estos momentos tan difíciles que nos ha tocado vivir. Del encuentro entre la Asociación Venezolana de Fundraising AVF, Correlonas y la AC Dar y Recibir [portal de crowdfunding solidario venezolano] nace Reto Con Causa, una iniciativa para “promover la solidaridad y la cultura de DAR en Venezuela, a través de eventos deportivos, animando a corredores y deportistas en general a apoyar causas sociales, a competir con propósito y a contagiar a otros a que se sumen”.

El despegue de esta iniciativa será en el marco del Maratón de Caracas CAF 2017 que se correrá el venidero 26 de marzo. Arrancamos en pequeño y a puro pulmón, pero no dudamos que pueda ser una alternativa que crezca y agarre vuelo a futuro. Todo dependerá del entusiasmo de la propia gente. Para este año hemos querido canalizar todo el esfuerzo en apoyar a 5 organizaciones de reconocido prestigio, con proyectos en el ámbito nacional y con diversas áreas de acción como salud, tecnología, juventud, ambiente, alimentación y deporte con foco en la discapacidad. A futuro, la idea es que los corredores y los clubes de corredores puedan también postular las causas, lo cual genere un interés en comprometerse más de cerca con las necesidades y que las organizaciones logren involucrar a los impulsores de sus iniciativas.

Prepararse y correr un maratón no es tarea sencilla. Hay que estar en buen estado de salud, conlleva al menos 4 meses de entrenamiento con mucha disciplina, así como requiere mucha fortaleza, cabeza y corazón para poder cruzar la meta el día pautado. Las similitudes entre lograr esa hazaña personal y el esfuerzo de una ONG para alcanzar sus metas de recaudación son muchas y por eso creo, en particular, que la combinación ha sido muy fructífera en otras latitudes. Ojalá, gran parte de los 11.000 corredores que patearán las calles de Caracas este año puedan leer esto y animarse a ponerse un #RetoConCausa

Más allá de mi rol como promotor de esta iniciativa, en lo personal me pondré mi reto, pues siento que quienes creemos en esto debemos marcar la pauta. Por tercera vez correré los 42k caraqueños y me siento comprometido a apoyar - en la medida de mis posibilidades - a las 5 causas propuestas: Sociedad Anticancerosa de Venezuela, Superatec AC, Fundación Tierra Viva, Meals 4 Hope y Achilles Venezuela. De hecho, hago público que si cruzo la meta por debajo de 4 horas, estoy dispuesto a duplicar el aporte que pienso hacer desde ahora y si logro establecer un nuevo récord personal (3:39:49) consideraría triplicarlo.

Para esto, a partir del lunes 6 de marzo estará habilitado el portal Dar y Recibir para registrarnos y poder hacer las donaciones vía TDC o transferencia. Invito a todos los corredores a que se animen a apoyar alguna de estas maravillosas causas. Pregunten, averigüen, involúcrense y hagan ruido por sus redes para sumar a sus amigos a alcanzar sus metas. Vamos a ver cuál corredor logra sumar más donaciones. Animo también a los clubes de corredores a motivar a su gente. Estaremos llevando estadísticas a ver cuál club es el más solidario del país. Y, sobre todo, invito a mi familia y amigos a apoyar con donaciones estas 5 causas que hoy impulso. Me encantaría poder ser uno de esos corredores que logre sumar más contribuciones a la meta.

Tal como podrán ver en este video de Run for charity, las personas corren por razones muy diversas. Esperamos que tú también seas de esos que corren por una causa.         
      

Marzo 2017





[1] World Marathon Majors (Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago, Nueva York)

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Running y pausa ignaciana

Probablemente quien comience a leer estas líneas pensará lo incongruente de poner bajo un mismo título cosas que aparentemente nada tienen que ver. Para mí tampoco tendría sentido, pero las cosas van sucediendo de una manera muy particular. O podría incluso afirmar que Dios obra de manera muy misteriosa.

Hace algún tiempo he empezado a correr en serio, entrenar todas las semanas y recorrer distancias cada vez más largas, al punto de haber realizado mis primeros tres maratones en el último año y medio. Dos veces en Caracas y más recientemente la maratón de Buenos Aires. En este último pude afirmar casi con total precisión aquella máxima de los runners que dice que un maratón se corre 30 kilómetros con las piernas, 10 kilómetros con la cabeza y 2 kilómetros con el corazón.
Maratón de Buenos Aires Octubre 2016

Parecerá tal vez cursi para algunos corredores y más aún para quien jamás ha recorrido esa distancia, pero la interpretación es casi exacta a lo que sucede en la práctica. Para quien ha entrenado, los primeros 30 kilómetros son el primer - y largo - escalón, pero al estar en buenas condiciones puedes transitar esta etapa con bastante consistencia. Los kilómetros se van consumiendo con relativa rapidez y el nivel de concentración permite disfrutar la ciudad mientras el cronómetro va haciendo lo suyo y las piernas van aguantando la mecha.

La segunda parte - cuando uno alcanza el kilómetro 30-32 - es sin duda la más dura de la prueba. Muchos dicen que allí realmente comienza un maratón. Aún quedan suficientes kilómetros por recorrer, pero el cuerpo ya experimenta síntomas de agotamiento y aparece ese fantasma que tanto teme un corredor: “la pared” que no es otra cosa que el agotamiento del glucógeno almacenado en los músculos, que sirve como carburante para correr. A partir de esta distancia, empiezas a sentir que el peso del cuerpo recae sobre la cadera y esta no puede empujar las piernas con tanta velocidad como deseas. Pero más allá del agotamiento físico, la cabeza empieza a tomar el control de la situación, para bien o para mal. Dejas de percibir la ciudad con la misma nitidez y los kilómetros empiezan a parecer más largos. La concentración, el foco, la mente, es la que manda. Y cuando uno dice que manda, quiere decir que cuando ella dice para, se acabó lo que se daba.

Recuerdo que mientras entrenaba para Buenos Aires, en los domingos que me tocaban largos de más de 30k, mi cabeza me mandó a parar en un par de ocasiones. Simplemente me desconcentraba y decidía que no podía más. Una vez me tocó incluso un largo retorno a la casa caminando, pues el abandono mental me dejo “botado” en la Plaza Las Tres Gracias a la altura del kilómetro 27, en un día que tocaban 34. Los domingos siguientes me empecé a preocupar y comencé a explorar técnicas que ya había dejado atrás: música para distraerme. Eso logró tranquilizarme las siguientes jornadas, sin embargo, luego aparecería otra estrategia para cuando la cabeza es la que manda en un maratón: la pausa ignaciana.

San Ignacio de Loyola
Resulta que nunca he sido muy bueno con la oración. Honestamente me cuesta concentrarme y seguir una reflexión tranquila y ordenada. Hace algún tiempo le pedí a un joven jesuita que me diera algunas claves para rezar y me habló de la pausa ignaciana, propuesta en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

La pausa ignaciana es una propuesta de oración muy sencilla para culminar el día. Es una reflexión para examinar la jornada y hacer un examen de conciencia para irte a dormir tranquilo. En rigor, consta de 5 pasos sencillos que según la información que encuentres puede tener sus variantes, pero en mi caso, este joven jesuita me decía que podría resumirse en tres pasos: agradecer, pedir perdón y confiar en Dios.

El agradecimiento es la parte más sabrosa y en ella incorporo uno de los pasos claves de la pausa: hacer una evaluación del día. De lo bueno y de lo malo, de cómo te sentiste frente a determinada situación, qué viviste, qué sucedió desde que te levantaste hasta ese momento. Para finalmente apreciarlo todo y agradecer por todo. Lo bueno nos da satisfacción, pero los obstáculos nos enseñan y nos permiten apreciar mejor las demás cosas.

Pedir perdón, así como perdonar, es el segundo gran paso de esta reflexión. Es la parte más dura pues evaluamos nuestras debilidades y tocamos la fibra de nuestras situaciones de mayor vulnerabilidad. Reiteradas veces llego a identificar esos rasgos de personalidad que sabemos menos constructivos, pero que nos cuesta desarraigar de nuestra forma de ser.

La tercera y última parte es ponernos en manos de Dios, confiar en Él, sobre todo en aquellas cosas que escapan de nuestras manos. Para esta fase, me ha servido de guía la muy conocida conversación con “Jesús de la Misericordia”, una extraordinaria oración para descargar nuestras angustias y preocupaciones en Dios, haciendo, por supuesto, todo lo que esté a nuestro alcance aquí en la tierra. Venezuela es un tema recurrente en este punto y así como con nuestro trabajo y esfuerzo ciudadano esperamos que haya un cambio, nunca es inoportuno mirar arriba y decir ¡Jesús, yo confío en Ti! Al final de la pausa, pensamos en el día que está por venir, nos preparamos para enfrentarlo con entusiasmo, optimismo y dedicación.  

Aunque casi a diario rezo con mis hijos y tomamos algunos elementos de esta guía - agradecemos por lo que tenemos y recordamos las cosas vividas durante el día - realmente no cumplo a diario esta fabulosa fórmula. Para mí y casi sin percatarme, el mejor momento para hacer esta pausa ha aparecido en esos largos kilómetros cuando corro más de lo normal y sobre todo en esos que me llevan a la meta, cuando el cuerpo está agotado y la cabeza necesita concentración. No es que vaya todo ese trayecto reflexionando y rezando, pero he encontrado suficiente tiempo, paz y dedicación, no solo para hacer la pausa del día, sino para hacer una reflexión más general de lo que estoy viviendo en esos momentos. No tienen idea de cuántas personas y situaciones aparecen al momento de agradecer. Cuántos defectos y cosas por las cuales pedir perdón y cuánta necesidad de confiar en un Dios sobre el cual descargar algunas angustias.

Mientras transitaba Buenos Aires entre el kilómetro 30 y el final del maratón vi a mucha gente quedarse en el camino. Recuerdo haber alentado a un paraguayo que después de dejar atrás Puerto Madero frenó su trote. Le grité suavemente “vamos Paraguay” al ver la camisa que, como la mía, identificaba su nacionalidad. Después de recibir el gesto amable del paraguayo indicando que ya retomaría, recordé que tenía que concentrarme en mi carrera y me encerré un rato en esta pausa. Estar allí, en ese momento, en ese instante, totalmente agotado, pensando lo mucho que había soñado durante años hacer una proeza como esa, fue lo primero que agradecí. Vivir el ahora y tenerlo totalmente presente. En fin, de eso se trata la felicidad.

Por cierto, los últimos dos kilómetros no hay piernas, ni cabeza, ni nada. Solo una fuerza extraordinaria que te anima a seguir adelante tratando de no perder el ritmo ya tambaleante para alcanzar tu meta. Pero nunca llegaría a ese momento de no tener la mente enfocada durante los kilómetros anteriores. Como muchas cosas en la vida, cada quien tiene su modo de matar pulgas. Creo haber descubierto la mía.      
 

16 de noviembre de 2016

domingo, 3 de mayo de 2015

Un maratón no se corre solo

Medalla CAF 2015 42K
Esta historia comienza muchos años atrás, cuando en algún momento de mi infancia - como millones de niños - pensé que algún día correría un maratón. Sin embargo me dediqué a los deportes de equipo y aunque siempre me fascinó la velocidad, fue bien adulto que me calcé los zapatos para salir a correr.

La onda de los 10K nos puso a muchos el reto más alcanzable y hace varios años decidí por fin aventurarme a correr una carrera cuando la "Nike 10K" era de las pocas que se organizaban, previo al boom del circuito Gatorade. Luego, como es natural, comencé el reto de ir bajando tiempos y buscar nuevas distancias.

Más adelante, gracias al empuje de Guillo Hernández, me inscribí en los 21K del Maratón CAF 2013 justo el último día de las inscripciones, con el susto de saltar a una media maratón. La experiencia fue increíble y se me metió la espinita de aventurarme a dar el salto completo.     

Durante 20 semanas me preparé, entre madrugonazos en el Parque del Este y los "largos" tempraneros de cada domingo para saltar al ruedo en febrero de 2014; pero justo una semana antes de la carrera, de manera sensata la CAF suspendía el maratón pues en Caracas reinaba el caos. La CAF reorientó para 2015 mudando además la fecha para abril, con la idea de no tener las celebraciones del mes de diciembre en el culmen del entrenamiento. A la postre no sabríamos que sería peor, si entrenar en diciembre o correr con el calor de abril. 

Con Jose recogiendo nuestros números
Mientras pasaba el tiempo, Maickel Melamed iba corriendo los maratones más representativos del mundo, inspirando a venezolanos y extranjeros. Su célebre frase: "si lo sueñas, haz que pase" se me clavaba en la mente cuando sentía que 42K eran imposibles. Seguí entrenando y logré motivar a mi hermano y partner José Antonio para acompañarnos mutuamente y disciplinarnos cada semana. Nos acostumbramos al casi diario mensaje de WhatsApp de las 4:45am: Ahhhh levantarse!!!!  

En fin, el pasado domingo 26 de abril – y a pesar de una virosis estomacal entre jueves y sábado - llegó nuevamente la oportunidad. Si algo aprendí es que muchas carreras las puedes hacer tú, pero un maratón no se corre solo

Con este post recojo mis vivencias y anécdotas de esta experiencia. Con estas líneas pretendo afirmar – como Maickel y muchos otros - que si lo sueñas, sencillamente haz que suceda.

Lo primero a destacar es la enorme emoción de correr en tu ciudad. Alfonso Porras, amigo y experimentado maratonista me decía: “Claro, correr los grandes maratones es fantástico, pero correr en tu ciudad es un privilegio que no tiene precio”. Más en estos momentos que al nombrar Caracas pensamos en hostilidad, tráfico, división política y violencia. Ese día fue distinto, ese día se respiró ciudadanía: las calles fueron para corredores, las aceras repletas de gente para la cordialidad y los únicos colores: el tricolor nacional. Tomar Caracas y recorrer “a pie” sus calles y lugares simbólicos es algo indescriptible, hasta con un saborcito de papelón con limón bien frío que avanzada la carrera algún caraqueño me ofreció.


Kit CAF 2015
Por otro lado, la organización y logística del Banco de Desarrollo de América Latina – CAF – ha sido sin duda el aspecto más reconocido de este evento. Desde la sonrisa y ánimo de todo voluntario – evidentemente entrenados y motivados - en cada labor que les tocó desempeñar, pasando por la extraordinaria hidratación (agua cada 2K que más que para beber se convirtió en placenteros baños de agua fría para bajar la temperatura del cuerpo y atenuar los músculos engarrotados; Gatorade cada ciertos kilómetros, gel energético y bocadillos de guayaba). Todo acompañado de buena señalización, seguridad, voces de ánimo y largas colas de voluntarios que impedían la aglomeración en los puntos de hidratación. En fin, la CAF demostró que el maratón de Caracas es de categoría mundial y nada tiene que envidiarle en organización a los más nombrados del planeta.

Mi carrera fue toda una odisea con sus picos altos y bajos, con sus emociones y sus desánimos propios de quien se aventura por primera vez a correr esta distancia y se estrena en una ruta dura como Caracas justo en medio de una oleada de calor.

Puntualmente dieron la largada a los atletas con discapacidad, para luego, a las 6.00 am en punto, la cuenta regresiva nos decía que era hora. Salí junto a mi primo Gonzalo Guinand, que aunque nunca habíamos corrido juntos, sabíamos que corremos a ritmos similares. La estrategia era la misma que tanto nos habían recomendado: salir suave y conservar las energías la primera mitad. Sin embargo, no llevábamos un kilómetro cuando ya estábamos entusiasmados corriendo junto al grupo que rodeaba la bomba del pacer que ofrecía hacer el maratón en 4 horas exactas. Ya en El Silencio le decía a Gonzalo que íbamos como rápido, pero me sentía tan a gusto entre los otros maratonistas que apostaban por hacer 3:59:59 que seguí la primera mitad entre los gritos de ese animado grupo.

Los primeros 21K son geniales, tanto por lo fresco de las primeras horas como por las zonas de Caracas que se transitan (Av. Bolívar, El Silencio, Av. San Martín, La India, Roca Tarpeya, Av. Victoria). Llegar a Los Ilustres y Los Próceres full de gente, ver las primeras caras conocidas gritando tu nombre, sentir que llevas casi la mitad pero te sientes bien. Sin embargo, aún temprano, en el kilómetro 22 fue que me di cuenta que la mañana estaba caliente y empecé a descender un pelo el ritmo viendo como la bomba del pacer se empezaba a alejar. En ese mismo kilómetro, la parte posterior del muslo izquierdo me tiró un primer templón. Aún estaba a muchos kilómetros de la famosa “pared” y por primera vez un músculo me estaba echando broma. Luego fue la pierna derecha y así descendiendo al resto de los músculos de ambas piernas. En pocos kilómetros mis piernas eran como una tabla y faltaban cerca de 20k por recorrer.

Honestamente, a diferencia de lo que me había preparado mentalmente, mi verdadero maratón estuvo entre el kilómetro 22 y 25. La cabeza me hizo estragos: era imposible terminar el maratón “engarrotado” desde tan temprano. Empecé a descender el ritmo sin dejar de pensar que había fracasado y que había esperado tanto para ni siquiera llegar al kilómetro 30. Pero mi mayor preocupación estaba en cómo le iba a avisar a mis hijos que me estarían esperando en el kilómetro 34-35 y cómo explicarles que no siempre se llega a la meta. No sé cómo transité esos tres kilómetros, pero opté por hidratarme muy bien y tomarme otro gel que me dio un segundo aire y me catapultó hasta el kilómetro 31 cuando tuve que parar por el dolor en las piernas. Cabizbajo y desesperanzado veía que se acercaba además la parte más dura, la subida entre la Río de Janeiro y la Av. Francisco de Miranda. Fue en ese momento que un ciclista desconocido que iba en la vía de al lado - sin entorpecer el maratón - me empezó a gritar: “Epa tú, 625, ¿te vas a quedar parado luego de llegar hasta aquí? ¿Cuánto te faltan, unos 11k? Dale pues”. Al intentar justificarle mi dolor, el pana anónimo siguió insistiendo: “No me muevo de tu lado hasta que no sigas corriendo” Y así fue, empecé a correr de nuevo en la subida con el ciclista alentándome. Me olvidé de marcas, de tiempos, salvo de una: quería llegar a la meta así fuera gateando. Era mi primer maratón y siempre mi primer reto había sido completar la distancia.

Mensaje de Ale
Al ciclista lo vi algo más adelante y seguía pendiente de mí. A duras penas alcancé la Francisco de Miranda pero ya los tiempos no me importaban sino alcanzar agua para bajarme la temperatura, ir sumando metros y poder llegar a donde debían estar mis hijitos. Durante el trayecto nunca dejé de ver mis dos brazos. En el derecho, Alexandra (mi hija de 10 años) me había escrito: “No te rindas Papi”; en el izquierdo, Nando (mi hijo de 8) fue más competitivo: “Que ganes Pa”. El reto y compromiso había trascendido a ser solo conmigo mismo. Finalmente llegué al elevado de Los Ruices y justo al bajar los vi esperándome con pancartas. Sentí mucha emoción por un lado al verlos allí, pero algo de vergüenza por llegar bastante peor de lo que estimaba. Había alcanzado otra meta, pero esa me llevaba a la siguiente. A mi alrededor, todos mis compañeros trotadores se agarraban los muslos y vi a muchos atletas acostados en la acera con sus respectivos calambres. Así sería el panorama que mi esposa al verme me preguntó si quería que me acompañara. Creo que nunca se imaginó que mi respuesta sería afirmativa. Afortunadamente, Carolina - mi comadre - había ido con ella y se pudo quedar con los chamos, así que sin prepararse Mimina se embarcó en los últimos casi 8k para empujarme a la meta.
Llegando a ver a mis chamos. Se nota
que no era el único agotado. 

Negociamos cada paso, cada cuadra para no decaer. Nos pusimos metas cortas: hasta la esquina, hasta el semáforo, pasar los grupos de gente sin parar. En Plaza Altamira encontré a la esposa de mi mejor amigo de infancia y me dio un cooler de agua gélida. Al despedirse recuerdo haberle escuchado: “solo 5 más, solo 5”.

Físicamente – salvo las piernas - me sentía bien y faltando 3k quise trotar más rápido pero la batata izquierda se engarrotó de una manera que tuve que parar en seco y casi pensar que hasta ahí llegaba. El músculo no solo estaba tieso sino que se había dividido en dos. Unos 50 metros de destemplada y piano piano arrancamos de nuevo. En el 40 tenía ganas de salir a correr y ahora más bien mi esposa me decía que no tan rápido. Cuando vi La Previsora sabía que era cuestión de tiempo, y justo antes de meternos debajo de la fuente de Plaza Venezuela apareció mi eterno compañero – mi hermano Jose que había culminado sus 21K – a completar el último kilómetro a mi lado. Un esfuerzo más en la última subida y luego tener que controlar las ganas de correr más rápido cuando todo el mundo coreaba: “vas llegando, vas llegando”. Reconocí la voz de la Tati Rojas gritando: “Vamos Bernie, dale, fino”. Ella había completado sus primeros 21K y luego supe que el hecho de yo correr 42 le habían servido a ella para alcanzar su meta. Así que esto de la motivación es como una cadena.

Misión cumplida!
Con Mimina luego del maratón













Unos pasos más y listo. Ninguna marca récord, muy lejos de mis expectativas iniciales, pero acababa de completar mi primer maratón cuando en el kilómetro 22 lo sentía imposible. Era cuestión de adaptar la meta a lo que me parecía más importante: llegar.

Mi otra medalla que vale oro
Después de correrlo me enteré de lo sobrehumano del clima y que todo el mundo subió sus tiempos. “Mal de muchos, consuelo de tontos” dice el refrán popular. Llegué a mi casa y puse un check en mi propio “Bucket List” que decía: Correr un maratón. Ese día dije no más, misión cumplida… pero debo reconocer que ya hoy - una semana después - estoy pensándolo de nuevo. Tal vez si salgo más lento, tal vez si el clima no es tan terrible, tal vez si busco otra experiencia.

Quien sabe, lo que si tengo claro es que cuando vuelva a salir a patear el asfalto recordaré que un maratón no lo corre uno solo, sino una ciudad entera y que un montón de gente – los que he nombrado y muchos otros que no – me hicieron cruzar la meta.

Esperamos que la CAF nunca se vaya de Caracas. Gracias CAF, gracias Caracas!