sábado, 7 de junio de 2014

El día que contraté a una santa

En abril de este año tuve el privilegio de conocer y compartir el día entero con el P. Adolfo Nicolás SJ, Superior General de la Compañía de Jesús en el mundo. Aparte de su maravilloso encuentro de esa mañana en el Parque Social UCAB, cuyas palabras fueron transcritas y divulgadas por las redes sociales de la UCAB por su emotivo y alentador significado, la tarde fue otra experiencia increíble al poder acompañar al “Papa Negro” en la visita que realizara a la parte alta de La Vega, donde la UCAB desarrolla un trabajo con esa comunidad desde hace muchos años.


Hacia el final de la tarde hicimos una parada en la casa donde viven 3 jóvenes jesuitas justo al lado de la Escuela Andy Aparicio de Fe y Alegría, y en medio de una interesante conversación entre curas sobre quien está más cerca de Dios, me senté al lado del Padre Nicolás y – a propósito del tema en discusión y de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II que había sucedido el domingo anterior – me aventuré a comentarle que yo había conocido a una santa. Durante esa mañana, habíamos mostrado al “General” el video del Parque Social en donde los mensajes más significativos sobre lo que somos y queremos transmitir con nuestro trabajo son expresados con la característica sencillez, alegría y picardía de la Hna. María del Carmen Pariente, mejor conocida por todos como Pari. En ese video, Pari es quien describe al Parque Social como “la pasarela” que conecta a la universidad con las comunidades que la rodean, justo la simbología que tomó como ejemplo el P. Nicolás durante toda su visita por lo claro y contundente de su mensaje. “Creo que aquí en el Parque Social se están realizando todos los sueños que tenemos en la Compañía de Jesús de hacer un puente, la pasarela esa famosa que hemos visto” habría dicho esa mañana.


A raíz de mi comentario, el jefe máximo de los jesuitas, en un típico despliegue de las características dotes jesuíticas, me contó su posición personal frente a los santos, tema que da para escribir otro artículo más adelante. Al final de su clasificación, compartía mi apreciación: hay santos no canonizados, ni reconocidos, ni promocionados, pero que pasan la vida entre nosotros con su maravillosa y silenciosa labor de santidad. Ello me confirmó mi sospecha: yo tuve el privilegio de contratar a una santa.

María del Carmen Pariente Gombau nació en Madrid en 1931, hija menor de un total de siete hermanos en una familia trasladada de Tarragona a la capital española a raíz de la I Guerra Mundial. Mafer Mujica destaca detalles de la infancia de Pari en una entrevista que le hiciera en 2013: Cuando tenía siete años quedó huérfana. Su padre que era simpatizante de los republicanos, pero católico, fue fusilado por los rojos, y su madre que era monárquica, recorrió cárceles y hospitales buscándolo y murió en uno de esos recorridos porque su salud menguaba. Fueron despojados de su casa y cuando eso sucedió, la hermana mayor tenía doce años. (Años más tarde) Pari se ordena en la congregación del Sagrado Corazón y en 1959 la destacan a Chile que viene a ser, según sus propias palabras, su primer amor”.


Pari vivió muchos años en el Chile de Pinochet y luego de ayudar a un sinnúmero de chilenos a resguardar sus vidas por la característica represión que encarnan las dictaduras, tuvo que partir apresuradamente un día pues trabajaba en la Vicaría de la Solidaridad de la mano del Arzobispo de Santiago, Cardenal Raúl Silva Henríquez, acérrimo defensor de los DDHH durante la dictadura militar. Luego fue a parar al Zaire (actual República Democrática del Congo) durante el gobierno de Mobutu, donde colaboró en diversas actividades en una escuela dedicada a personas discapacitadas. Su continua presencia en países con gobiernos militares dictatoriales o autoritarios la marcó profundamente. Como ella misma tantas veces me dijo: “me confieso devota, pero ni de broma de botas.

Después de algunos ajustes, Pari llega nuevamente a su consentida Suramérica y al tocar Venezuela dedica 15 años a la Federación de Familias de Desaparecidos y Detenidos de América Latina (Fedefam), siendo por ocho años su Directora Ejecutiva. Sobre esta época de su vida, conservo un mail que me envió Ligia Bolívar, reconocida defensora de los DDHH en Venezuela sobre el día que conoció a Pari: En 1984, siendo Secretaria Ejecutiva de Amnistía Internacional en Venezuela, por intermedio de Arturo Sosa, hice contacto con el escritor y dramaturgo argentino Juan Carlos Gené, quien generosamente donó la premier de su obra "Golpes a mi puerta" a beneficio de Amnistía Internacional. Gené insistió en que fuera a ver un ensayo de la obra. Asistí al ensayo y en él se encontraba un grupo de monjitas. Una de ellas temblaba como una hojita al final de la presentación. Para quienes no conocen la obra, se trata del drama ético de unas religiosas que esconden a un perseguido en un país bajo gobierno militar. Me acerqué para hablarle a esta monja temblorosa y así conocí a Pari, quien todavía tenía demasiado frescas las heridas y traumas por la persecución en tiempos de la dictadura de Pinochet”.

Luego el destino y la obediencia la llevan a apoyar a la Conferencia de Religiosas y Religiosos de Venezuela CONVER, de donde se produciría el afortunado acercamiento al Parque Social. Desde el Centro de Salud Santa Inés UCAB, nuestra Junta Directiva nos había encomendado la tarea de apoyar la creación de una red de centros de salud de inspiración cristiana, es decir, el comparativo de la AVEC – Asociación Venezolana de Educación Católica - pero en salud. La idea fue apoyar esta iniciativa desde la UCAB y la CONVER, pues esta última ya tenía unos años desarrollando algo similar. Así nace la Asociación Venezolana de Servicios de Salud de Orientación Cristiana AVESSOC y la CONVER tuvo la brillante de idea de destinar a Pari a tal misión. Así pues, Pari junto al Padre Azagra SJ (Director del Parque Social) y María Matilde Zubillaga (Gerente General de CSSI para esa fecha) fueron los fundadores y primer equipo de trabajo de la recién creada AVESSOC.

Luego de varios años de trabajo junto a nosotros desde AVESSOC, pero abrumada por encontrarse nuevamente en una situación militarista - ahora en Venezuela - y con la añoranza de no haberse despedido nunca de los afectos que dejó en Chile, decide retornar a ese país del sur. Allí pasaría solo un año, pues luego contaría que no se fue preparada para tal reencuentro, que las cosas habían cambiado, que no sintió que podía desarrollar todo su potencial en las nuevas tareas asignadas, y que fundamentalmente se dio cuenta que fue a cerrar un ciclo que su abrupta salida a finales de los setenta no le había permitido.

Así, un día de febrero de aquel 2009 en los pasillos de Santa Inés, me reencontré con Pari a sus 77 años y buscando trabajo. AVESSOC estaba en proceso de cambios y no me parecía el mejor destino para ella. Ese día, a pesar de que la lógica gerencial consideraría poco práctico contratar a alguien de esa edad, hice una oferta de trabajo a quien luego reconocería como uno de los santos que en vida he conocido. Creo que ha sido la contratación más acertada que he hecho en mi vida. Tenía algún tiempo pensando en la necesidad de acercarnos más a nuestros pacientes, y justo con eso en mente, apareció ella como caída del cielo. Sólo dos indicaciones le hice para su trabajo y ella lo convirtió en la mejor experiencia para conocer el alcance de nuestro trabajo en el Centro de Salud Santa Inés UCAB. Esas dos indicaciones pautaban en primer lugar que su oficina debía ser los pasillos de CSSI para conocer las necesidades de nuestros pacientes y en segundo lugar, que debía encargarse que nadie se fuera por falta de recursos económicos para pagar. De allí nació la campaña de recaudación Amigo Solidario y las anécdotas más bonitas y a la vez duras que hayamos conocido sobre nuestra gente, nuestros pacientes, nuestros servicios, el alcance de nuestra solidaridad, el agradecimiento del que es escuchado, así como los dramas más profundos del venezolano y la posibilidad de ayudar en lo que está a nuestro alcance. Ha sido descubrir en rostros y nombres, el verdadero sentido de nuestro trabajo. Y eso se lo debemos a Pari y su capacidad de conectarse con la gente sencilla, quienquiera que fuera.

Este blog sería insuficiente para relatar todas las historias que tarde tras tarde Pari me contaba al acercarse a mi oficina, a veces llorosa por la cruda realidad que le toca vivir a nuestra gente: la joven madre adolescente de un niño con Síndrome de Down, sin recursos económicos ni relacionales que necesita que la orienten; la señora – ya mayor - de La Vega que ahora vive en una profunda soledad y que al decir que lo único que sabe hacer es cantar, Pari dedicó 45 minutos a oírla en silencio en su pequeña oficina. La Sra. Dalia (quien tuvo el detalle de contar su historia al Padre General en su visita) a quien Pari acompañó en su depresión y toma de decisión de amputarse una pierna y poder ver que el mundo no terminaba allí.

Lo más sorprendente de Pari es que logra identificar silenciosamente las necesidades. Recientemente alguien me comentó que una vez la vio acompañar a una señora, a quien sus vecinos reconocen por una enfermedad de la piel parecida a la lepra, abrazada a ella sin inmutarse, al más puro estilo del Papa Francisco pero de un bajo perfil inigualable. Y como la necesidad espiritual no tiene distingo ni clase social, una vez recibí este correo de una profesora de la UCAB quien se sorprendía de cómo Pari pudo identificar su necesidad entre el tumulto de gente que día a día visita Santa Inés: Conocí a la Hna. Pari en un momento en el cual yo necesitaba que alguien sencillamente me mirara y entendiera solo con ello que necesitaba ayuda y allí se me apareció Pari, antes de cualquier cosa me metió en su pequeño cubículo y me dijo lo que parecía más inimaginable: suelta tus lágrimas primero y luego me dices qué necesitas. Siguió un largo camino por Santa Inés para hacer lo que tenía que hacerme”. Después de un tiempo supe que esa dosis la aplicó a un sinfín de personas y para colmo de humildad, ella nunca dejó de agradecerme por haberle dado “el mejor trabajo que había tenido”. Años más tarde, jocosamente contaba que cuando le ofrecí el trabajo me dijo que lo pensaría y su respuesta afirmativa fue al día siguiente, pero que evidentemente en el mismo momento que se lo ofrecí quiso comenzar a trabajar, pero no quiso hacerlo pues debía “darse cierta importancia y preservar algo su orgullo”. Siento que es demasiada bendición que Dios me ha dado a mí por ponerla en mi camino y hacerme sentir verdaderamente útil.


Tanto la historia de la conversa con el Padre Nicolás en La Vega como la de Pari, se la conté a Juan Salvador Pérez, un amigo con quien comparto la cercanía con los jesuitas y nuestra vocación por ser profesionales con una visión cristiana de la vida. Producto de esa conversación me prestó un libro titulado “Mi Vida con los Santos” escrito por un jesuita norteamericano llamado James Martin SJ que no ha hecho sino confirmarme la presencia de santos entre nosotros.

Al igual que ocurre con los milagros, los cuales siento que están más cerca de lo que imaginamos y ocurren más seguido de lo que solemos reconocer, me pasa con los santos. Particularmente menciono dos de los santos que Martin SJ describe y comparto el por qué destaca su santidad. En primer lugar, al hablar de San Pedro, el autor lo titula “Porque soy un pecador”, destacando más bien el lado humano del fundador de la Iglesia: “Pedro se encuentra entre los santos más grandes debido a su humanidad, sus defectos, sus dudas, y sobre todo, su comprensión profundamente sentida de todas esas cosas”. Martin se pregunta “si Jesús eligió a Pedro no a pesar de sus imperfecciones, sino a causa de ellas”.

El otro santo que traigo a colación es a San José, pues Martin lo destaca en relación a las Vidas Ocultas, es decir, quienes viven una vida de santidad sin que sea realmente reconocida por todos. “Esa vida oculta la comparten muchas personas, incluso en las áreas más ricas del mundo. La mujer soltera de mediana edad que cuida a su madre anciana, pero cuyo sacrificio es apenas conocido por sus vecinos. Los amorosos padres de un niño autista que lo cuidarán toda su vida y cuyo dolor y tristeza no conocen ni sus amigos. La madre soltera que tiene dos trabajos para poder proporcionar a sus hijos una buena educación… Infinitas vidas ocultas de amor y servicio a los demás. El darse a uno mismo cada día por Dios”.

En fin, destaca Martin, todos estamos llamados a la santidad, solo que algunos, como Pari, parecen desarrollarlo – aún con su humanidad, defectos y dudas como Pedro– con mayor profundidad.

La situación política en Venezuela no mejoró, cosa que carcomía día a día a Pari y a sus 82 años, decidió nuevamente regresar a Chile en diciembre de 2013,  solo que esta vez sí se preparó con un joven jesuita a través de un largo proceso de acompañamiento y discernimiento. Bien le quedó el apodo que hace muchos años le puse “Pari Pariente, pata caliente”. Quien ha leído esta historia hasta aquí puede imaginarse la falta que me hace a mí, a la gente del Parque y a nuestros pacientes. La señora que le cantaba en su cubículo lloró profundamente al saber de su partida y ahora me visita cada vez más a menudo. Pido a Dios algunas de las virtudes de Pari para darle consuelo y a veces reír o llorar con ella.

Pari, para dejar una vez más su constancia de santidad, convirtió su carta de “renuncia” en una oración. Toda la carta es un poema de agradecimiento y de amor. Solo dejo sus últimas líneas:

Antes de terminar quiero confesarles dos cosas: pido a Dios que cuando alguien se acuerde de mí y me nombre, Él pueda sonreír. Lo segundo, hago mía una sencilla oración que rezaba una de mis hermanas, española, con quien viví en Chile y que al morir encontraron entre sus cosas, dice así: “Señor, enséñame a envejecer… has que sea yo todavía útil al mundo, contribuyendo con mi optimismo y oración a la alegría y el entusiasmo de quienes tienen ahora la responsabilidad… viviendo en contacto humilde y sereno con el mundo que cambia… que mi salida del campo de la actividad sea sencilla y natural, como una puesta de sol”

Mientras termino de escribir esto, la sonrisa de Dios no debe tener comparación. 

domingo, 27 de abril de 2014

Esperanza

Por motivos asociados a la represión que vive Venezuela en estos momentos, este post, que describe una experiencia reciente será publicado en otro momento, para no poner en riesgo a nadie.


viernes, 28 de marzo de 2014

Si tú fueras mago ¿qué harías?

Esta semana me ocurrió una de esas situaciones inéditas a las cuales está expuesto un papá en la Venezuela convulsionada y venida a menos como consecuencia del fulano “Socialismo del siglo XXI”. Miércoles por la tarde llego a mi casa en pleno momento en que las tareas están por terminar y la movida del baño y preparación de la cena a punto de arrancar. Me encuentro a Mimina - mi esposa - sola sentada en la mesa del comedor donde generalmente Ale (9 años) y Nando (7 años) hacen sus tareas cada tarde. Aprovechando la ausencia de ambos, Mimina me pela los ojos para que vea algo en el libro de tareas que tiene en frente. Son pocas palabras las que cruza: “mira la tarea de tu hijo hoy”.

Bernardo Andrés Luis (Nando) está en primer grado; ya lee bastante corrido, sin embargo, esas tareítas de comprensión lectora donde luego de leer tiene una serie de preguntas requieren de una paciencia especial, mas de los padres ciertamente. Ese día su tema tenía que ver con un mago llamado Chiviricoco. Luego de haber leído con su mamá, se quedó solo haciendo el esfuerzo de responder las preguntas. Cuando Mimina va a revisar se da cuenta que de primero respondió la pregunta 3) Si tú fueras mago ¿qué harías? La respuesta de Nando aún me genera todo tipo de sentimientos: “Aría que mi país tenga de todo”


Para quien esté leyendo esto, supongo que ha hecho una pausa en el párrafo anterior y le debe haber generado diversas reacciones. Evidentemente a mí como papá, todos los sentimientos habidos y por haber se me revuelven, pero por las diversas respuestas que al colgar la foto en redes sociales tuve, se que a todos nos toca está realidad diversas fibras. Unos me han demostrado haberse enfocado en la bondad de los deseos de mi hijito, a otros se les revuelve el estómago de pensar que nuestros hijos estén viviendo – por la ineficiencia y maldad de algunos – esta situación. Otros me cuentan que ellos saldrán fortalecidos de esto y algunos cuantos podrían inferir que los padres no deberían involucrar a sus hijos con la realidad dura del país. El hecho es que Nando nos movió el piso y sin embargo, como casi-siempre, procuro ver lo positivo de todo esto. Me conmueve sobremanera la forma en que redactó su oración y destaco el hecho de que a pesar de todo, Nando haya hablado de “mi país”. Pues eso es lo más cierto de todo, este es nuestro país, el único que tenemos, la única nacionalidad con un pasaporte a nuestro nombre; pero por sobretodo, es el país que nos han enseñado a amar, en el que hay una tradición arraigada a trabajar por él con honestidad y una historia en cada rincón que hayamos pisado de su tierra.

Ese día, ese miércoles, la tarea de Nando no fue la única conexión con Venezuela que vivimos como familia. Horas más temprano, Mimina había sostenido una conversa por teléfono con la esposa de un primo mío. El tema: el bendito plan B. Por supuesto que las mujeres, mas aterrizadas y menos románticas que estos hombres con sus particulares genes Guinand, ponían la mirada en el futuro y “lo mejor para los hijos”. A la final se dieron cuenta que ambas habían hablado con nosotros exactamente los mismos puntos y que tanto Juan como yo habíamos coincidido en respuestas. La primera inquietud en la cual coincidían era en descubrir cual era nuestro límite, ¿qué tendría que pasar para decidir irnos de aquí? Al final, Juan fue muy claro en comentar que no se ve trabajando en otro país viendo lo que ocurre en Venezuela sin poder hacer nada.

Otra cosa en la cual coincidimos, además de ese amor particular que nos han inculcado por este país, es que aquí, más que trabajo, algunos tenemos proyectos de vida y que justamente por la difícil situación que vive Venezuela, nuestro aporte no puede ser más relevante en ningún sitio sino aquí.
Por supuesto, las dos esposas de este par de Guinand no les quedó otra que reír y comentar que hemos sido cortados por la misma tijera. Y por supuesto que tampoco sé que ocurrirá a futuro y cual será nuestro destino. Hoy escribo estas letras mientras en Venezuela siguen asesinando a personas por pensar distinto, torturando jóvenes para sembrar miedo al más burdo estilo de las dictaduras del siglo XX y poniendo presos a políticos para truncar las vías democráticas.

Y si yo fuera mago ¿qué haría? Ciertamente, con el modelo que he tenido poco creo en soluciones fantásticas y apuesto por el estudio, el trabajo y las aspiraciones para construir país. Yo lo que haría es dar una oportunidad, la oportunidad de cambiar las cosas. Necesitamos que se nos abra una ventana para demostrar que podemos encaminar a Venezuela hacia el progreso, necesitamos que se abra una oportunidad de construir un país para TODOS. El trabajo no será fácil, pero pido todos los días a Dios que en algún momento se revierta este proceso destructivo y podamos empujar un país hacia adelante donde cada quien progrese y que el esfuerzo honesto que ponga cada quien sea el único límite para las aspiraciones individuales y colectivas.

Una oportunidad, eso haría, dar una oportunidad de viraje para que mi país – y el de mis hijos – tenga de todo, para todos.

viernes, 28 de febrero de 2014

Los cardenales también mean

A propósito de la reciente proclamación de Pietro Parolin como cardenal de la iglesia católica por parte del Papa Francisco, recordé una particular anécdota personal relacionada con el actual Secretario de Estado del Vaticano.

Antes de ser nombrado como segundo de a bordo en el Vaticano, Parolin fue Nuncio Apostólico de la Santa Sede en Venezuela entre 2009 y 2013, tarea nada fácil para los momentos que ha atravesado el país por las continuas atrocidades que el ex presidente Chávez profirió contra los representantes de la iglesia católica durante su mandato. Me atrevería decir que Parolin, junto al recordado André Dupuy han sido los Nuncios más firmes que ha tenido la iglesia en ese difícil período.

Como católico, me alegró haber tenido la oportunidad de compartir un par de misas presididas por el Nuncio, pero sin llegar a conocerlo. Recuerdo especialmente la de la celebración del aniversario de las Ursulinas, donde mi hijita, para ese momento de las más pequeñas de su colegio, cantaba en el coro frente al altar.


Por motivo de su labor, supongo que Parolin visitaría con alguna frecuencia la Conferencia Episcopal Venezolana, ubicada en Montalbán, muy cerca del Parque Social P. Manuel Aguirre SJ de la UCAB. Una de esas idas, derivó en una visita al Parque Social y particularmente al Centro de Salud Santa Inés UCAB. Para mi mala suerte, no me encontraba y no tuve la oportunidad de conocerlo y mostrarle personalmente la labor que desde nuestro rinconcito hacemos. Mi equipo tuvo ese privilegio y recuerdo sus cuentos entusiasmados de la cálida visita del Nuncio.

Afortunadamente, y como ha ocurrido en varias oportunidades con otros representantes de la iglesia y de otros sectores, Parolin quedó maravillado de nuestros servicios y decidió seguir visitándonos, pero ahora como paciente. De manera muy discreta, la Hermana Pari desde “Santa Inés” se encargaba de organizarle su agenda y sus citas. Me detengo aquí, pues me emociona destacar que lo que más disfruto de mi trabajo es constatar que cuando la atención es digna, los pacientes son tan diversos que hacen pensar en una verdadera Venezuela inclusiva. El Centro de Salud Santa Inés UCAB se creó para atender fundamentalmente a nuestros vecinos de las parroquias Antímano, La Vega, Caricuao y Macarao, y así ha sido y sigue siendo (76% de nuestros pacientes vienen de esas parroquias), pero junto al niño de Santa Ana - Antímano –, o la señora de Ruiz Pineda – Caricuao –, o la adolescente que viene desde la escuela Canaima – La Vega – también se sientan en la misma sala de espera los profesores universitarios, los jesuitas o miembros de la jerarquía de la iglesia, así como mi esposa, mis hijos y papás. Ahora le tocaba a Parolin.

En una de esas visitas, recuerdo que la Hermana Pari me avisó con anticipación que asistiría a hacerse unos estudios. Era mi oportunidad de conocerlo y poder interrumpir su rutina médica para dedicarle unas palabras. El día anterior sostuve una larga conversación con mi mamá, bastante más versada que yo en materia de jerarquía eclesial. Mi principal tema de consulta giraba en torno a cómo debía dirigirme al Nuncio. Fue un buen rato hablando con mi mamá si debía decirle: Nuncio, Sr. Nuncio, Eminencia, Monseñor, Padre, y pare de contar. Entre bromas sobre el protocolo más diplomático e interés real, duramos discutiendo buena parte de la noche. Al final, mi mamá no optó decididamente por ninguna alternativa y se limitó a concluir que todo dependía del momento, de las circunstancias, de la forma como me sintiera más cómodo, que probablemente no tendría ni que nombrarlo.

Al día siguiente llegué como rutina al Parque Social. Me limité a preguntar dentro de nuestra oficina administrativa si el Nuncio había llegado. No se veía por allí pero me dieron a entender que lo habían visto pero no sabían donde se había metido. Como de costumbre, después de dejar mi morral, fui al baño antes de conocer a nuestro eminentísimo visitante. Cuál sería mi sorpresa cuando al entrar al baño veo al hoy Cardenal Parolin saliendo de uno de los cubículos, con el típico potecito para recoger la orina recién llenado. Evidentemente, ante una situación tan mundana y particular, no cabía espacio para títulos, ni saludos protocolares, ni reverencias. Más bien un clásico saludo de baño, asintiendo ligeramente con la cabeza como gesto de “que hubo”, pero sin mayor detalle. Mucho recordé a mi mamá quien me enfatizó que dependería de cómo se daban las circunstancias, pero jamás pensé que una opción sería haciendo pipí. Tanto esperar para darme cuenta que, ese día, el nuncio era nuestro paciente y que con las manos ocupadas no era precisamente el mejor momento para quedarse a conversar.

Probablemente el que haya leído este relato se haya sorprendido del título un tanto atrevido y para algunos, posiblemente irrespetuoso. Sin embargo mi intención es todo lo contrario, por más jerarquía que tengamos hay un sinfín de cosas comunes que nos toca a cada una de las personas que pisa este mundo. A mí me gustan los santos de carne y hueso, la gente que es gente, las personas que son lo que son justamente por haber pasado por las rutinas de la vida. No me gusta idealizar a la gente o esperar que por determinado cargo, alguien deba ser mejor que yo. Al fin y al cabo, los Cardenales – y me consta - también mean.       

domingo, 26 de enero de 2014

Casualidades

La vida está llena de sorpresas, de situaciones inexplicables que nos suceden a diario. Algunas buenas, otras no tanto.

Mucha gente insiste en que todo tiene su razón de ser, que no existen casualidades sino que todo tiene un origen, un principio, una causa. No me detengo en esa premisa. Lo que si es cierto es que al estar pilas con lo que pasa a nuestro alrededor, al conversar con gente sencilla que nos rodea y a veces no conocemos, se sobrevienen una serie de circunstancias que nos asombran y que, en el caso de lo que aquí relato, nos alegran y emocionan.

En años recientes, entre varios de mis primos Ayala echamos broma de la "popularidad" de algunos transmitiendo lo que hacemos a través de diversos medios de comunicación. Particularmente, un par de primos y yo hemos acudido con alguna frecuencia a programas de radio y tv, promoviendo nuestro trabajo y eso que nos apasiona.

Frida, probablemente la más popular de este trío, se ha dedicado a divulgar el trabajo que hace desde la A.C. Ascenso, la cual promueve el deporte de aventura. Luego de enviudar de José Antonio - reconocido montañista venezolano quien coronó el Everest junto a Proyecto Cumbre - Frida mantuvo el proyecto que comenzó con José Antonio y transmite con pasión su premisa: “cada quien tiene su Everest, ¿cuál es el tuyo?”. Carlos, permanente luchador por la libertad, además de su trabajo se ha involucrado incansablemente con la ONG Ciudadanía Activa para promover la participación y los derechos civiles y políticos en Venezuela. Y por mi parte, he aprovechado los medios para difundir la labor del Centro de Salud Santa Inés UCAB, sobretodo para demostrar que los venezolanos podemos construir y mantener modelos de salud y acción en lo social de buena calidad y accesibles a la colectividad que lo necesita.       

Hecha esa introducción familiar, relato los sucesos de aquel 13 de septiembre de 2012. Un nuevo aniversario del Centro de Salud Santa Inés UCAB. Sabiendo de dicho aniversario, el veterano comunicador y gran amigo nuestro Jesús "Chuo" Torrealba nos había contactado para transmitir una vez más las buenas noticias del Centro a través de su programa "El Radar de los Barrios". Con la idea de buscar audiencia, difundí un mensaje por el teléfono para que mis contactos supieran que ese día estaría hablando por radio.

Al rato llegó otro mensaje, Carlos - mi primo - también avisaba que él estaría en horas de la tarde hablando de participación ciudadana en un programa de radio del cual antes no había oído hablar. Le eché broma a Carlos de que no me dejaba ganar una, aunque ambos coincidimos que Frida nos lleva por mucho la delantera.


Mi conversa con Chuo fue como siempre placentera. Desde que nos conoce se ha convertido, además de nuestro principal promotor por radio, tv y Twitter, en nuestro paciente. Ya con la introducción que hizo de Santa Inés, poco tenía yo que agregar. Sin embargo lo más bonito vino después.

Al rato de la entrevista recibo una llamada por mi teléfono directo de la oficina. No sé como la señora que llamaba obtuvo mi teléfono, lo cierto es que ha sido una de las conversas más bonitas que he tenido en toda mi vida. Me dijo que se llamaba Carmen y que vivía en Ruiz Pineda. Que acababa de oír la entrevista por “el radar”, pero que no era la primera vez que me oía en radio. Dijo cosas fantásticas sobre lo que yo podía transmitir y me emocionó saber que a través de mi voz se pueda proyectar lo que me gusta mi trabajo. La Sra. Carmen literalmente se encadenó diciéndome que era de origen humilde, que ella a la única universidad que había asistido era a la “universidad de la vida”. Luego mencionó lo clave: ella era paciente de Santa Inés y por eso sabía que lo que yo decía no era falso. Me dijo que a ella se le dificultaba asistir a una clínica pues no podía pagarla, pero que la situación de los servicios públicos era crítica. Me dijo que si bien todos como personas somos iguales, ella sentía que si existen diferencias pues no todos pueden recibir los mismos servicios. Pero, destacó que ahora, gracias a instituciones como el Centro de Salud Santa Inés UCAB, puede acceder a un sitio donde la atiendan con DIGNIDAD. Eso me emocionó rotundamente, pues desde sus orígenes, el Padre Azagra siempre insistió que nuestra propuesta tenía que enfocarse fundamentalmente en la dignidad del ser humano.

Finalizando, la Sra. Carmen me dijo, entre bendiciones y palabras de ánimo, que eso que ella me estaba diciendo no quería decírmelo solo a mí. Me dijo que ella usualmente llama a un programa en Radio Capital donde le permiten transmitir sus opiniones con la audiencia. Que el programa se llama “No es lo mismo” y que ella trataría de contactarlos esa misma tarde. Nuevamente, segunda vez en el día, me mencionan un programa radial que no conocía, sin embargo, al decírmelo me llamó mucho la atención y corrí a ver mi celular para revisar el mensaje de Carlos. Efectivamente, si había oído bien a nuestra paciente, parecía que hablaba del mismo programa que Carlos había mencionado horas antes.

Transcurrió el mediodía y la tarde. Al final de ese día me tocó reunirme con el Rector de la UCAB, P. José Virtuoso para ponernos al día. Entre cigarros y puntos de agenda, veo que mi celular, prudentemente silenciado, comienza a vibrar en señal de llamada. En la pantalla aparece “Carlos Villasmil”. Por respeto a la reunión no atiendo y tranco la llamada. Al minuto vuelve a sonar y procedo igual. Aprovecho otra prendida de cigarro del Rector y una llamada que él hace para escribir a Carlos. Rápidamente escribo: “Estoy reunido en rectorado. ¿No me digas que la Sra. Carmen de Ruiz Pineda llamó a tu programa?”. Rápidamente responde diciéndome que como sabía y que por favor lo llamara apenas terminara la reunión.

Carlos es como hermano mío, pero ese día lo sentí más hermano que nunca. Apenas salí de reunión y habiendo hecho una semblanza de la casualidad al P. Virtuoso, llamé a Carlos. Es difícil poder redactar lo que me transmitió con esa llamada. Lo primero que dijo fue “No sabes lo orgulloso que estoy de ti y del trabajo que haces”. Luego contó con detalles la experiencia en la cabina de radio. El estaba fajado hablando de su tema cuando le dicen que una señora va a hablar por teléfono al aire. Se llama Carmen y vive en Ruiz Pineda. Carlos no podía creer cuando la señora dijo que hablaba como paciente del Centro de Salud Santa Inés UCAB que ese día estaba de aniversario y que ella debía hacer un agradecimiento público. Habló de nuestro trabajo, habló de la dignidad, habló de nuestra conversación esa mañana. Carlos no se lo podía creer y aún así luego de la llamada prosiguió con su entrevista. Ante la última pregunta que le hizo el conductor del programa, la Sra. Carmen vuelve a entrar al aire y termina de hablar maravillas de nuestro trabajo. Allí Carlos no pudo más y dijo al aire algo así como “No puedo terminar de responderte esa pregunta, esa señora está hablando de mi primo y su trabajo y sinceramente yo estoy muy emocionado”. Ese día Carlos había llevado a su hijo de 8 años al estudio, quien al salir del estudio le dijo: “Papi, ¿por qué estas llorando en un programa de radio?”

Varias semanas después, dando mi acostumbrada vuelta por los pasillos del centro de salud, una señora de cierta edad, sencilla pero elegante quien esperaba unos resultados en el servicio de imágenes, al oír mi voz voltea y me dice: “tú eres Bernardo”. Apenas me lo dijo, y sin haberla visto en mi vida le contesté: “y Ud. es la Sra. Carmen”. Nos dimos un abrazo como si fuésemos familia y me dijo que quería compartir una oración, un texto sencillo que ella recuerda siempre y dice: “El poder y la energía de Dios están dentro de mí y son mi fortaleza en todo momento”. Desde ese día, anotado en la hoja de una libreta que pertenecía al P. Azagra, llevo conmigo ese texto guardado en mi bolsillo.

viernes, 10 de enero de 2014

Amigo Solidario




Con este post  doy inicio a este blog personal que a finales del año pasado me dieron ganas de concretar. Tantas cosas pasan en nuestra cotidianidad y a veces por no escribir se quedan en ideas o en un “yo hubiese podido aportar algo”. Creo estar en un lugar interesante para aportar, pues al dedicarme - a tiempo completo - a la gerencia de una organización no lucrativa, siento que estoy cumpliendo una tarea cónsona con lo que nos exige la Venezuela que tenemos hoy. 

Para iniciar, quisiera compartir algunas reflexiones a propósito de la campaña “Amigo Solidario” que desarrollamos en el Centro de Salud Santa Inés de la Universidad Católica Andrés Bello, así como de las instituciones y el país que queremos.



Cuando en el año 1998, los jesuitas Azagra y Ugalde (en ese momento Director de Proyectos y Rector de la UCAB respectivamente) me hablaron por primera vez del proyecto “Parque Social P. Manuel Aguirre sj” y su centro de salud, tenía poca idea sobre las organizaciones sin fines de lucro. De allí en adelante, la gerencia de estas organizaciones ha sido mi pasión, pues estoy convencido que son pieza fundamental de una sociedad moderna. Pasé de pensar en ellas como pequeñas organizaciones caritativas administradas eficientemente por monjas - que optaron por vivir en un barrio -, a trabajar por la profesionalización de ellas y su efecto generador del cambio humano - de quienes servimos, de quienes nos ayudan a servir y a quienes servimos -.




Tal vez Drucker (1990, XIV) hace una de las definiciones más bonitas de estas instituciones al compararlas con la empresa lucrativa y los gobiernos:



“La institución sin fines de lucro no provee bienes o servicios ni controla. Su producto no es un par de zapatos, ni una reglamentación efectiva, sino un ser humano cambiado. Estas organizaciones son agentes del cambio humano. Su producto es un paciente curado, un niño que aprende, un muchacho o muchacha transformado en un adulto que se respeta a sí mismo, una vida humana enteramente cambiada”[1].



En esta definición se aprecia la pertinencia del Parque Social de la UCAB - con todas sus unidades y servicios -, así como la realidad de la propia universidad, pues aunque a veces no pensamos en ella como una organización sin fines de lucro, en el mundo entero las universidades son las principales organizaciones al servicio de la sociedad. Acaso ¿cuántos no hemos sido transformados por la universidad?



Amigo Solidario:

Luego de más de 10 años en la gerencia del Centro de Salud Santa Inés UCAB, entre 2009-10 tuve la oportunidad de hacer un break y estudiar fuera. Mi foco de interés fue la procuración de fondos para organizaciones sin fines de lucro. Llegué confiado que iba a aprender a levantar “grandes recursos” y conocer el tema de la cooperación internacional. Mi aprendizaje realmente fue en otra dirección: las mejores campañas de procuración de fondos dependen de las personas, de sumar mucha gente, comenzando por los más cercanos a la institución. En definitiva, si tus conocidos y cercanos no respaldan o creen lo que estás haciendo ¿por qué lo van a hacer otros? ¿por qué te van a dar en otro país antes que en el tuyo?     



Con esas ideas en mente - y puestas en práctica gracias al maravilloso equipo de trabajo que me acompaña – en 2011 realizamos el lanzamiento oficial de la campaña “Amigo Solidario” del Centro de Salud Santa Inés UCAB como una apuesta por lo pequeño, por sumar gente que crea en lo que hacemos, logrando marcar una diferencia. 


El Centro de Salud Santa Inés UCAB es una organización sólida, con casi 15 años de funcionamiento y de continuo crecimiento. Más de 120 personas trabajan con nosotros y más de 1.250.000 servicios médicos prestados en nuestro récord. En nuestra web - www.cssi.org.ve - se encuentra “guindada” la memoria y cuenta de los últimos años para compartir con quien lo desee nuestros logros y dificultades. Con ese aval, nos sentimos confiados en diseñar esta campaña con tres objetivos iniciales de financiamiento:
1.    Fondo Solidario “Santa Inés”: destinado a completar el costo de servicios médicos a aquellos pacientes que no pueden pagar nuestras tarifas (ya solidarias). 

2.    Equipamiento médico

3.    Capacitación de nuestra gente



¿A quién va dirigido “Amigo Solidario”?

Nuestra campaña está dirigida a gente normal y corriente, a profesionales, a trabajadores, a egresados, a familiares, a nuestros amigos. Cuando explico a alguno de ellos sobre la necesidad de sumar esfuerzos, la gran mayoría me apunta a lo mismo: pídele a Mendoza, ¿le has tocado la puerta a Escotet?, los Vollmer han ayudado mucho a la universidad. Bueno, esta campaña no está destinada a Mendoza, Escotet, Vollmer o Cisneros  - si se suman, maravilloso -, pero esta campaña está fundamentalmente destinada para quien pueda dar su aporte sencillo pero generoso, para quien pueda servir de multiplicador, para quien pueda darnos buenas ideas. Esta campaña busca construir un país desde el aporte de todos, invitar a quien tenga el gusto de acompañarnos y el placer de servir, ganar la confianza de los más cercanos para poder llegar luego a quienes tenemos más lejos. Si no logramos sumar a ese venezolano que conoce nuestra realidad y lo que podemos hacer para transformarla, entonces ¿debemos pedirle a Bill Gates que si se sume?    



Ser Amigo Solidario no significa aportar millones. Un simple cálculo puede servir como referencia. ¿Cuánto nos cuesta el café que nos tomamos cada mañana? Ese café que ni vacilamos en pedir. Si sólo tomamos uno, ¿cuánto nos cuesta a la semana? ¿Cuánto al mes?... Bueno, con ese solo café diario se podrían realizar 12 consultas médicas al año en Santa Inés o unas 6 tomografías. Imagínense el impacto de 1.000 Amigos Solidarios. Y es de notar que con ello no sólo buscamos ayudar a los más pobres, buscamos construir organizaciones sólidas de las cuales nosotros también somos beneficiarios, buscamos construir organizaciones en salud, educación, cultura para la sociedad que deseamos.     



¿Y si el Centro de Salud Santa Inés UCAB no es tu elección?

Evidentemente, con estas líneas deseo apuntalar esta campaña que cada año va sumando más Amigos Solidarios. Sin embargo, más allá de movilizar recursos específicamente para el CSSI UCAB, deseo resaltar la importancia de ser solidarios con iniciativas que nos muevan y nos hagan sentir útiles. Sólo dentro de la UCAB hay muchísimas propuestas que como Santa Inés desean sumar aliados, así como en el Parque Social UCAB cada una de sus unidades tiene portafolios llenos de sueños. ¿Acaso profesores y egresados de Derecho se animarían con la mejora continua de la Clínica Jurídica? o ¿cuántos psicólogos que han pasado por la UCAB podrían echar una mano para que la Unidad de Psicología P. Luis Azagra pueda ampliar sus programas de formación, investigación y de servicio a la comunidad? Eso, por solo nombrar nuestro entorno inmediato.


¿Deseas ser Amigo Solidario?    
Ser Amigo Solidario es sencillo. En www.cssi.org.ve está la información sobre la campaña, así como un video que muestra lo que hemos alcanzado y los fines que buscamos. También está la planilla de afiliación, con una autorización para domiciliar los aportes a TDC o débito en cuenta (del Banco Mercantil). También nos puedes contactar a amigosolidario.cssi@gmail.com  o al 407.4595/4466.

Bernardo Guinand A. 





[1] Drucker, P. (1990). Managing the non-profit organization: Principles and practices. New York, NY: HarperCollins Publishers Inc.