domingo, 21 de mayo de 2017

Lecciones de Havel para Venezuela

Bernardo Guinand Ayala

Corría el año 1993, el último chance en mi infructuoso intento por estudiar ingeniería. Ya creía tener claro que no era lo mío y sin embargo una materia me dio luces para el futuro. Humanidades III, impartida de manera muy particular por el P. Manolo Ríos, un jesuita maracucho que rápidamente captó mi interés. Entre discutir de beisbol con ese fanático de las Águilas o comentar acerca de nuestras películas favoritas, aquellas clases me acercaron de alguna manera a lo que luego de aquel semestre sería mi nuevo destino: las ciencias sociales.

Recuerdo una oportunidad que nos dio a leer un texto sobre Václav Havel, para ese momento presidente de la República Checa de quien no había oído hablar nunca en mi vida. La pasión del Padre Ríos por Havel me hizo emocionarme también con aquel personaje que encaminaba una nueva república democrática luego de 40 años de opresión. Quizás aquella inspiración inicial sembrada por Ríos, sumada a la situación que nos ha tocado vivir en los últimos 18 años, me han hecho revisar algunos textos escritos por Havel y encontrar en ellos tremendas similitudes con lo que sucede en la Venezuela de hoy.

Guardando las distancias - de tiempo, de historia, de kilómetros de longitud - quisiera aventurarme a presentar tres ideas reiteradas en los textos de Havel que me impresionan al pensar en nuestro país.    

I La mentira como base del sistema totalitario:
Al entrar en la cuenta de Twitter del periodista Luis Carlos Díaz, suele tener un tuit fijo que dice: “El gobierno miente. No importa cuando leas esto”. Nada más real que esas tres simples palabras para describir a un régimen totalitario como el chavista-madurista. Recuerdo que, en sus inicios, antes de mostrar a cada rato la constitución de 1999, Chávez solía mostrar con cierta frecuencia “El arte de la guerra” de Sun Tzu, pues evidentemente su origen militar le hizo plantear su gobierno como una batalla que debía librar. Quien lea Sun Tzu se podrá dar cuenta que la lección más clara de todo el libro reza: “El arte de la guerra se basa por completo en el engaño” y así, en nuestra cara y con poco disimulo, la mentira - cada vez más burda - ha sido lo único sostenido por el gobierno.

En su célebre obra “El poder de los sin poder”, escrita en 1977-78 [13 años antes de llegar al poder] Havel toca la mentira, como uno de los ejes centrales del libro para describir al régimen:

"El sistema postotalitario con sus pretensiones toca al individuo casi a cada paso. Obviamente le toca con los guantes de la ideología. De ahí que en él la vida esté atravesada de una red de hipocresías y de mentiras: el poder de la burocracia se le llama poder del pueblo; a la clase obrera se le esclaviza en nombre de la clase obrera; la humillación total del hombre se contrabandea como su definitiva liberación; al aislamiento de las informaciones se le llama divulgación; a la manipulación autoritaria se la llama control público del poder y a la arbitrariedad, aplicación del ordenamiento jurídico; a la asfixia de la cultura se la llama desarrollo; a la práctica cada vez más difundida de la política imperialista se la difunde como la forma más alta de libertad; a la farsa electoral como la forma más alta de democracia; a la prohibición de un pensamiento independiente, como la concepción más científica del mundo; a la ocupación, como ayuda fraterna. El poder es prisionero de sus propias mentiras y, por tanto, tiene que estar diciendo continuamente falsedades. Falsedades sobre el pasado. Falsedades sobre el presente y sobre el futuro. Falsifica los datos estadísticos. Da a entender que no existe un aparato policíaco omnipotente y capaz de todo. Miente cuando dice que respeta los derechos humanos. Miente cuando dice que no persigue a nadie. Miente cuando dice que no tiene miedo. Miente cuando dice que no miente”.

Cualquier parecido con la Venezuela del siglo XXI no es pura coincidencia.

II Crisis moral y autocrítica:
El aspecto moral es otro consecuente tema en los documentos y vida de Havel, pero no solo al refirirse a sus opresores, sino fundamentalmente al resto de sus conciudadanos, convirtiéndolo en un autocrítico muy agudo.

Luego de seis semanas en resistencia pacífica a finales de 1989 - lo que se denominó la Revolución de Terciopelo - Checoslovaquia logró entrar en un proceso de transición y encomendó tal responsabilidad a Václav Havel. A solo 3 días de asumir esa misión, el 1ro de enero de 1990, Havel se dirigió a su país pronunciando uno de los discursos más espectaculares que haya leído de político alguno. Es alentador escuchar a un político apartado diametralmente del populismo. Es alentador escuchar a un político que en pleno auge es capaz de ver la corresponsabilidad de todos en lo sucedido y en lo que está por venir. Es alentador escuchar a un político ya en funciones, solicitar unidad para avanzar. Es alentador escuchar a un político plantear la ruta del período de transición. Todos esos aspectos que leo en ese discurso, es lo que sueño para Venezuela y para nuestros políticos. No en balde aquel discurso se tituló “La República que yo sueño”.

“Lo peor es que vivimos en un entorno moral contaminado. Nos sentíamos enfermos moralmente porque nos acostumbramos a hablar diferente a como pensábamos. Aprendimos a no creer en nada, a ignorarnos unos a otros, a preocuparnos solo por nosotros. Conceptos como el amor, la amistad, la compasión, la humildad o el perdón perdieron su profundidad y dimensión…

Cuando hablo de esa atmósfera moral contaminada, no me refiero solo a los caballeros que comen verduras orgánicas y no miran por las ventanas del avión. Me estoy refiriendo a todos nosotros. Nos hemos acostumbrado al sistema totalitario y lo hemos aceptado como un hecho inmutable, lo que nos ha ayudado a perpetuarlo…

La libertad y la democracia conllevan participación y, por tanto, responsabilidad por parte de todos nosotros… Si reconocemos esto, la esperanza volverá a nuestros corazones.

Nuestra mafia local… ya no son nuestros principales enemigos… Nuestros principales enemigos hoy son nuestros propios defectos: la indiferencia ante el bien común, la vanidad, la ambición personal, el egoísmo y la rivalidad. La batalla tendrá que librarse en ese ámbito”

III La esperanza:
Pero Havel no se queda en la crítica y autocrítica, el principal aspecto que quiero resaltar de su legado es esa fuerza, inexplicable a veces, que nos mueve por dentro y que está hoy día en la vida de cada venezolano que, esté donde esté, sigue apostando por el país: la esperanza.

Havel estuvo preso, perseguido. Su lucha duró años y tal como nos ocurre a quienes nos vemos inmersos en una situación que nos sobrepasa, se sintió, a veces, desalentado. Ante una pregunta que lo increpaba: ¿por qué, simplemente, no pierdes la fe en todo? o más drástico aún: ¿por qué resistes, cuando tu vida es tan claramente inútil?, Havel no encuentra otra respuesta que una fuerza interna llamada esperanza:

“Cada vez, al final me daba cuenta de que la esperanza, en el más profundo sentido de la palabra, no viene de fuera; la esperanza no es algo que se encuentra en señales externas simplemente cuando algo puede que salga bien. Me di cuenta, una y otra vez, de que la esperanza es, ante todo, un estado de ánimo, y como tal, o la tenemos o no, independientemente de las circunstancias a nuestro alrededor. La esperanza es, sencillamente, un fenómeno existencial que no tiene nada que ver con predecir el futuro. Podemos ver las cosas muy oscuras, y aun así, por alguna misteriosa razón, no perdemos la esperanza”. [“El futuro de la esperanza” Hiroshima 1995]  

Más aún, este particular dramaturgo convertido en político checo, descubrió que, al vivir en la oscuridad de estos regímenes crueles, la esperanza, lejos de apagarse, puede verse potenciada. Así lo hizo saber ante el Congreso de los Estados Unidos de América en 1990:

"El sistema totalitario de tipo comunista causó a nuestras naciones... un sin fin de muertos,
una gama inconmensurable de sufrimientos humanos, un profundo atraso económico y, sobre todo, una humillación inmensa del ser humano. 

Sin embargo, al mismo tiempo nos dio - naturalmente que sin querer - algo bueno: una capacidad extraordinaria de ver, de vez en cuando, con antelación lo que no puede ver el que no vivió esta amarga experiencia. El hombre que no puede moverse y vivir de manera un poco normal por estar derrumbado por un bloque de piedra tiene un poco más de tiempo para pensar en sus ESPERANZAS, más que el que no está derrumbado".

Muchos leerán hasta aquí y pensarán que ni somos checos, ni tenemos un “Havel”. Lo mismo pensaban otros países sobre Checoslovaquia en ese momento. Nadie imaginó el talante democrático y el deseo de libertad de los jóvenes que no habían conocido algo diferente. Nos corresponde a todos acabar con el totalitarismo y su red repugnante de mentiras. Nos toca a todos rescatar la moral, siendo incluso muy críticos con aquellos quienes desean gobernar nuestro país en el futuro próximo y aquellos otros que deseen “hacer negocios”. Pero, sobre todo, nos corresponde mantener viva la esperanza, por nosotros, por nuestros hijos y especialmente por todos aquellos venezolanos menos favorecidos.

Agradezco al P. Ríos aquellas clases que me motivaron a levantar la mirada por lo que ocurría en el mundo y espero que estas líneas sean un aporte útil en este momento que vivimos.

21 de mayo de 2017

viernes, 28 de abril de 2017

Carta pública al Defensor del Pueblo Tarek William Saab

Tarek:

Escribo esta carta pública, que debería ser privada, para intentar que llegue a su conocimiento.

Hace muchos años seguí sus intervenciones sobre los Derechos Humanos, considerándolo a usted un hombre comprometido con ellos.

Por esa razón, creí que su participación en la Constituyente del 99 era una garantía para que ellos fueran tomados en cuenta. Lo que sí se hizo.

Lo aprecié.

Sin embargo, su actuación no tiene nada que ver con los principios allí expuestos.

¿Qué le pasó?

Cuando vi el video de su hijo Yibram, a quien conocí de niño porque era compañero de una de mis nietas en el Colegio Don Bosco de Nueva Barcelona, sentí admiración y dolor.

Admiración por su valentía al reclamarle públicamente su complicidad con la ruptura del orden constitucional, con la terrible y feroz represión de los cuerpos de seguridad del gobierno, por permitir que la injusticia se haga dueña del país.

¿Por qué NO ha cumplido con su deber?

Dolor porque su hijo percibe que usted dejó en el camino los principios y valores en los que formó a su familia.

Cada venezolano caído por la represión de este gobierno nos duele como propio. Podría ser su hijo o el mío.

Tarek, HAGA LO CORRECTO

Elizabeth Ayala de Guinand
C.I. 1.881.919

miércoles, 26 de abril de 2017

Estoy dispuesto a morir?

Bernardo Guinand Ayala

Corre el mes de abril. Otro año, la misma calle, más arrechera. El único legado que dejó aquel populista militar fue odio y aún hoy lo seguimos padeciendo. Como ha sido costumbre estos días, la Guardia Nacional [cuyo lema “el honor es su divisa” ahora nos produce no menos que un ataque de acidez] despliega su incontenible furia contra cientos de miles de manifestantes que pedimos libertad y elecciones.

Represión en la AFF #19Abr
Bombas, humo, tanquetas, estruendos vuelven a la escena. Cabe destacar que nos vamos acostumbrando a ellas, pero cada quien a su respectiva distancia. Emprendemos retirada - demasiada gente para correr - y entre la multitud, las piernas de mi padrino destacan entre las menos ágiles. A medida que pasan los años parece que la responsabilidad asumida en la pila bautismal se invierte.

“Por aquí no, sigue por la autopista, muévete viejito, móntate en esa isla” voy dando instrucciones, pero igual nos vamos rezagando y nuestros compañeros de marcha se dispersan, escapando cada quien por su cuenta. Entre la angustia y el desespero, mi padrino con sus ojos enrojecidos cae - cual largo es - en plena vía y al volver la vista atrás quedamos junto a los jóvenes traga-bombas y las tanquetas endemoniadas. Bajo la mirada, trato de cargarlo y una bomba va volando hacia nosotros por un costado. Entro en pánico y al no poderlo levantar corro unos metros más adelante, mientras un par de héroes anónimos con máscaras anti-gas lo socorren.

Leopoldo Guinand Baldó afectado por las bombas
Aún en medio del bombardeo me tranquilizo, ajusto la máscara de buceo que llevé, empapo el pañuelo con más bicarbonato diluido en agua y volteo de nuevo a buscar a mi padrino entre las latas de humo que revolotean alrededor. Tal como le escuché a Tomás Vivas [el joven merideño que toca el cuatro mientras nos reprimen] ese momento parece vivirse en cámara lenta. Ya no se escuchan las bombas, te acostumbras a transitar en un campo lleno de humo, ves volar cosas en todas direcciones y aun así me encuentro ahora sorpresivamente relajado, al punto de sacar el teléfono con esa obsesión que tenemos en esta era digital de documentar todo.

Hemos marchado desde la proclama del decreto 1.011. Hemos recorrido cada calle de Caracas pidiendo elecciones, renuncias, derechos, paz, alimento y un larguísimo etcétera. Hemos enfrentado la muerte cientos de veces. Pero nunca - como en este 2017 - me he cuestionado tan en serio si estoy dispuesto a morir.

Sé que tal vez esta interrogante suene desproporcionada o hasta chocante. Incluso que suene pedante tirárnosla de mártires. Quizás la mayoría piense que la época en que la gente daba la vida por la Patria o la independencia quedó para los libros de historia. Pero acaso, consciente o inconscientemente ¿cada vez que salimos a la calle a protestar desprovistos de cualquier protección [o hasta literalmente desnudos] no nos estamos jugando la vida?

Mis anécdotas son cada vez más cercanas. Mi padrino, mi papá, mi primo Andrés [dado de
Andrés Guinand herido #19Abr
alta ayer luego de fractura de cráneo] afortunadamente viven para contarlo. Pero hoy #26Abr un joven estudiante [Juan Pablo Pernalete] murió por el impacto de una bomba lacrimógena en su pecho, en el mismo asfalto que recorríamos nosotros.  

Obvio que no quiero morir. Obvio que quiero ver a mis hijos crecer. Obvio que hay mucho trabajo por hacer y que nos necesita vivos. Pero aún conscientes que mañana puede tocarnos la suerte de Juan Pablo [o tantos otros asesinados por este régimen] seguimos saliendo.

Está pasando algo importante en Venezuela, está pasando algo trascendental. Pareciera que estamos dispuestos a jugarnos la vida individual por valores colectivos. Pareciera que nos jugamos la vida a cambio de un país con justicia. Pareciera que nos jugamos la vida por el rescate de la dignidad. No es cuestión de heroísmo, pero en la práctica, estamos saliendo millones de personas cada día dispuestos a sacrificar nuestras vidas, por un sueño llamado democracia.  


26 de abril de 2017

domingo, 9 de abril de 2017

Pasión venezolana

Bernardo Guinand Ayala

El domingo de ramos ha sido de los días que más gratos recuerdos me trae de la tradición católica y tengo muy claro el por qué. Durante toda mi infancia - cercano a la celebración de la Semana Santa - en mi Colegio De La Salle tan querido solíamos representar la pasión de Cristo. Era realmente una producción increíble que convocaba a todos los alumnos del colegio, bajo la dirección general del muy apreciado Hno. Iñaki. La puesta en escena de esta representación viviente se llevaba a cabo en el campo de fútbol del colegio e iniciaba con la entrada triunfante de Jesús en Jerusalem, entre palmas y alegría, justo lo que hoy celebramos como domingo de ramos.

Cuando estaba en los primeros años de primaria, recuerdo haber vivido ese momento como si fuera real. Jesús, que solía ser representado por algún alumno de los últimos años de bachillerato, iba efectivamente montado en un burro que era guiado por el propio Hno. Iñaki con una túnica que parecía trasladarnos a la época. Recuerdo los saltos de algarabía que dábamos rodeando a Jesús con el “Hosanna” de fondo de la versión en español de Jesucristo Superstar.    

Foto: José A. Guinand A.
Cada domingo de ramos, al recibir la palma a las puertas de la iglesia revivo mi infancia y el recuerdo de ese Jesucristo triunfante. Pero el domingo de ramos tiene una característica muy particular, pues durante la liturgia se muestran dos momentos antagónicos en la vida de Jesús. En primer lugar, se lee el texto correspondiente a ese momento de euforia durante la llegada a Jerusalem, pero luego se de paso al evangelio de la pasión de Cristo. En menos de una semana, Jesús pasa de ser aclamado para ser luego condenado, azotado y crucificado.    

Quien haya asistido a misa, se le hará prácticamente imposible no comparar estos evangelios con lo que estamos viviendo en Venezuela. Frecuentemente nos aconsejan leer la palabra de Dios y tratar de entender su significado en nuestros tiempos. Hoy, fue realmente contundente esa cercanía a nuestros tiempos. Comparto algunas de mis reflexiones.

Jesús fue perseguido y condenado por los que ostentaban el poder. Los sumos sacerdotes - sin pruebas ni razón - exigían la condena de Jesús. Actuaban como “magistrados” todopoderosos, que sin sustento en la ley y a través de un juicio viciado, pretendían mantener su posición. Hoy Venezuela cuenta con magistrados del mismo talante, distantes de la ley y más aún, de la gente. Describir a los sumos sacerdotes de esa época es describir a aquellos funcionarios corrompidos que desean mantener sus prebendas en la Venezuela de hoy.      

Después de condenado, Jesús es entregado a los soldados romanos para ser azotado. Recuerdo que de niño siempre me impactó la escena cuando, con saña, era flagelado por varios pretorianos. Recientemente rememoré esa escena, pero de la polémica película dirigida por Mel Gibson y me estremecía viendo el horror como se afincaban para proferirle mayor dolor. No contentos con el sufrimiento, los ejecutores reían, escupían y se burlaban cínicamente de Jesús. Es difícil asimilar tanta maldad, tanta crueldad; sin embargo, estos días hemos visto como policías y militares, vistiendo el uniforme que los obliga a defender una patria, propinan a sus coterráneos bombazos, perdigones, pero sobre todo linchan entre varios y con mucha saña a personas indefensas que solo piden respeto a la ley, a la libertad, a la democracia. ¿De dónde proviene tanto odio y resentimiento? ¿Esta gente disfruta haciendo el mal? ¿Cómo llegan a sus casas y ver a la cara a sus hijos? ¿Por qué tanta ausencia de Dios?

La pasión de Cristo está en nuestras calles, en los padecimientos de nuestra gente. La pobreza de espíritu sembrada y abonada por el régimen que gobierna se transforma en una grave carencia de valores. Que falta hace Dios entre nosotros, entre todos nosotros.                 

Vivimos momentos críticos y tanto ahora, como en la época de Jesús, el miedo se apodera de nosotros. Pilatos prefirió lavarse las manos por miedo a contradecir. Pedro negó a Jesús tres veces por miedo a ser perseguido. Un nutrido grupo de personas, que días atrás aclamaba a Jesús, se convirtió en turba que lo apresaba por miedo a desencajar. Hoy muchos estamos también llenos de miedo, los que hemos opuesto siempre al gobierno y también los que están dentro buscando salidas. Pero ese miedo que paraliza se neutraliza con una fuerza mucho más grande: la fe.

De la euforia de las palmas pasamos a la cruda pasión de Jesucristo. Pero, gracias a nuestra fe, sabemos que al final Jesús resucitó. Tal como sucederá con Venezuela.  


9 de abril de 2017

Domingo de Ramos

miércoles, 5 de abril de 2017

Todo sea por el país

Bernardo Guinand Ayala

Otra mañana de cielo azul ya bien entrado el año. Llegamos a abril y no deja de sorprender la nitidez del Ávila y del cielo que cubre a Caracas. No así en lo político, con un nubarrón que nos acecha desde hace unos 18 años.      

Llevo a los chamos al colegio y me devuelvo a la casa a trabajar un rato. Había suspendido una reunión pautada para esa mañana acatando la convocatoria de los demócratas a salir una vez más a la calle, en este caso para comenzar el proceso de destitución de los “magistrados” del TSJ quienes, a través de una sentencia sin precedentes, dieron un nuevo golpe de estado. No el primero de este régimen ciertamente [quien viola la Constitución a diestra y siniestra con bastante regularidad] pero si el más obvio y descarado.

Entre 9:00 y 9:30am suena el timbre de la casa. Como ha sido costumbre desde aquella primera marcha, un ya lejano 23 de enero en los albores del siglo XXI, mi viejo se presenta preguntando quién lo acompañaría a marchar. “Ya yo estoy listo, dime cuando salimos pues la convocatoria es temprano”. Entre esa hora y las 10:00am tocó el timbre unas dos veces más, impaciente por salir.

Emprendimos rumbo a Chacao para recoger a José Antonio en la acera norte de la Francisco de Miranda. Mi viejo se impacienta al ver que no llega. Mil y un marchas y aún sigue inquieto queriendo llegar pronto. Se baja del carro a apurar a Jose a quien encuentra en toda la esquina. Seguimos y en la vía nos enteramos que la concentración se reubicaría hacia las cercanías de la Plaza Brión de Chacaíto, pues, para variar, desde muy temprano el gobierno había desplegado su séquito de militares, policías y paramilitares armados, para impedir el normal desarrollo hacia la Asamblea Nacional.

El mundo entero clamando la restitución plena de las funciones de los parlamentarios y el régimen sigue de espaldas, apostando al único refugio que le queda: violencia y abuso de poder.

A golpe de 10:45am nos incorporamos al río de gente que venía subiendo a pie desde Chacaíto tomando la Av. Libertador. Apenas recorríamos los primeros metros recibo una llamada desde Radio Caracas Radio para hacer un contacto en vivo para “El Radar de los Barrios”. Vamos al aire, Evelyn y Jim desde el estudio me dan el pase para dar un breve resumen de lo que está sucediendo en ese momento. En medio de mi intervención se me ocurre decir que prefiero tener el testimonio de la persona que me ha sembrado el amor por este país: mi papá, quien con sus ya casi 81 años estaba nuevamente allí, marchando por Venezuela. Siempre más emocional que racional, mi viejo trasmitió en vivo sus razones de estar allí, su llamado a los más jóvenes a que se incorporaran y su convicción por ver el inicio de un cambio en el país. Como es usual en él, dijo poco y transmitió mucho. Me sorprendió el breve espacio de silencio que tomó para que Evelyn recobrara el mando, manifestando luego estar sumamente emocionada con el espíritu de mi viejo. “Don Eduardo” comienzan a llamarlo mis compañeros del Radar, en señal de respeto y admiración.

Minutos más tarde ya estábamos en medio del tumulto entre diputados y demás manifestantes. Estábamos en la última de las barricadas puesta por la Policía Nacional Bolivariana en la parte alta de la Av. Libertador. Cuadras más adelante se veía otro grupo, aún más numeroso, cuyo destino también estaba bloqueado por otro contingente antimotines. Prudentemente José Antonio - mi hermano menor - me sugiere no adelantarnos mucho para quedarnos más rezagados con mi papá. Inclusive, en un momento que algunos sugirieron bajar a la parte inferior de la Libertador, me dijo “ni de vaina”. Ya tantos años tragando gas del bueno, hacen que uno empiece a dominar ciertas técnicas de escape. “Y menos con mi viejo”, recalcaba Jose.

En un camión improvisado, un mensaje del Diputado Carlos Paparoni transmitía algo diferente: “Manténganse aquí. Hoy no vamos a ceder tan fácil”. Algo hacía sentir que los diputados se la estaban jugando.

A pesar de haber percatado el viento a nuestro favor, algo después comenzó la lluvia de lacrimógenas. A lo ancho de ese cielo azul se empezaba a ver el humo de las bombas que venía y luego se devolvía a quienes las lanzaban. Sin embargo, poco a poco empezó a llegar y comenzaron las carreras desesperadas de algunos con los ojos llorosos. Nos pintamos la cara con la pasta de diente que nos prestó algún estudiante más preparado. Mi viejo, a pesar de haber marchado todos estos años y de habernos dado un susto aquel 11 de abril de 2002, sigue preguntando para qué sirve la pasta de dientes. Igual le puse su “bigote” blanco y empezamos a retroceder manteniendo la calma. Pasito a pasito como la canción íbamos entre una multitud que se hacía más apretada.

Jose iba a la cabeza, yo luego, mi viejo detrás. En un momento volteo para ver que no se
quedara rezagado y lo veo justo dando una mirada hacia atrás, cuando me parece ver algo muy rápido volando como con una estela de humo. No puedo garantizar si vi una bomba lacrimógena o una piedra, pero lo cierto es que algo venía de forma horizontal desde el lugar que estaba la PNB, con la puntería necesaria para atinarle a la cabeza de mi viejo justo en la ceja derecha. Al ver como se agachó y llevó sus manos a la cara me di cuenta rápido que le habían dado. Retrocedo y lo veo con sus dos manos tapándose el ojo. Le pido que abra las manos para verlo con el susto de no saber qué encontrar. Apenas se deja ver, ya las manos estaban ensangrentadas y se empezaba a formar un bulto en su frente. Calma, calma. Si algo me doy cuenta que hemos aprendido con este régimen malandro, es a no desesperar. Paro a Jose y le digo que a Lalo le pegaron. Ambos lo abrazamos con el único norte de salir pronto del ambiente lacrimógeno. En ese trayecto solo atinaba a decir, con la fe en Dios que lo caracteriza: “Todo sea por el país, todo sea por el país”.  

Levanto la cabeza y justo en frente tengo a Carlos Ocariz, Alcalde del Municipio Sucre a quién Jose agarró pidiendo apoyo. No pasaron dos segundos que Ocariz dijo a un motorizado que andaba con él, que socorriera a mi viejo: “A Salud Chacao, a Salud Chacao, pronto” y mi papá, golpeado pero enterito se montó en esa moto como un carajito. Al mejor estilo venezolano, me percaté que si mi viejo abrazaba bien al pana motorizado, yo cabía atrás al estilo de San Pancracio “Una nalga adentro y la otra en el espacio”. Y así nos fuimos sin saber mucho a donde, pero alejándonos pronto del tumulto.

Después de una perdida en Chapellín, atravesamos el Country Club y llegamos al Pedregal. Recordé que allí está un ambulatorio que lleva el nombre del Dr. Guillermo Hernández Zozaya, insigne médico venezolano, abuelo de mis primos Guinand Hernández. Recordé la anécdota que cuando el Dr. Hernandez Zozaya murió, la comunidad de El Pedregal no dejó que la familia cargara su féretro. Ellos mismos lo levantaron en hombros y lo pasearon por esa comunidad popular de la cual fue médico abnegado.

El Dr. Hernández había sido pediatra de mi viejo, así que podía ser un buen presagio para

este reencuentro. Bajo de la moto y pregunto rápidamente si pueden brindarme los primeros auxilios. En pocos minutos mi viejo estaba en un cubículo, custodiado de varias enfermeras y doctoras. Diligentemente una enfermera agarró gasa y le limpió la herida percatándonos que no era profunda. Un par de steri strips bastaron para tapar la herida, mientras la cara se le iba transfigurando al punto que el ojo derecho se le iba desapareciendo tras la hinchazón. Una doctora hacía la referencia urgente a un oftalmólogo, mientras la enfermera tomaba la tensión percatándose, que, a pesar del susto, el paciente ya sonreía marcando un estupendo 120/80.


El cuerpo de mi viejo puede ser vulnerable, pero su espíritu es inquebrantable.   

Minutos más tarde llegó mi hermano Eduardo con su hija Daniela y luego mi mamá, que con su característico temple de acero ya tenía todo resuelto para llevarse a su viejito [55 años juntos] a chequearse a profundidad. Mi papá, aún herido, dedicó unos minutos para agradecer y "echarle" la bendición a todo el personal del ambulatorio, así como contarles sobre el insigne doctor que da nombre al centro asistencial.    

Mi viejo está bien, su ojo está fuera de riesgo gracias a Dios. Aprendimos a amar este país con su ejemplo de trabajo y honradez. Se siente fuerte para seguir luchando por este país hasta que Dios le de fuerzas y sumamente emocionado por las innumerables manifestaciones de cariño y solidaridad que le han llegado de cualquier rincón del planeta. Quien ha sembrado amor, no puede cosechar otra cosa.

Su llamado una y otra vez es a los más jóvenes, a que esta lucha es por ellos y que debemos mantenernos unidos. Te seguiremos acompañando en tus convicciones viejito.

¡Todo sea por el país! 

lunes, 6 de marzo de 2017

Reto Con Causa

Bernardo Guinand Ayala
Desde hace algunos años, los maratones y grandes competiciones deportivas del mundo se han convertido en extraordinarios eventos para hacer fundraising - recaudación de fondos - para causas sociales. Tanto así, que el Maratón de Londres - uno de los seis principales maratones del mundo[1] - está considerado el evento que más fondos recauda en todo el planeta, en un solo día. En 2016, los 40.000 corredores que recorrieron los 42,195 kilómetros de Londres, ayudaron a diversas causas benéficas a levantar cerca de £60 millones. Una cifra con la cual se pueden hacer milagros en el mundo de las ONGs.

Las formas para recaudar fondos son diversas. Muy común entre los grandes maratones [que se dan el lujo de tener una demanda de postulantes muy superior a la capacidad real de corredores del maratón] es garantizar cupos a aquellos que están dispuestos a correr - y donar - para una causa benéfica. Funciona como un complemento de la inscripción, pero garantizando un donativo más que significativo. Y para aquellos que salen beneficiados del sorteo para inscribirse en el maratón, se despliega, al momento de concretar su inscripción, una lista de organizaciones y fundaciones por las cuales estarían dispuestos a correr y a donar.

En la era moderna, las plataformas digitales también han sido extraordinarias aliadas para hacer fundraising. Muchos corredores son motivados por ONGs a correr en su nombre y a ponerse una meta de recaudación que el competidor busca completar con amigos y familiares. Recientemente, Ramón Martínez - mi amigo del colegio a quien tenía años sin ver - me contaba cómo había corrido varios medio-maratones a favor de instituciones que investigan sobre el Parkinson, causa con la cual está plenamente sensibilizado. El corredor se pone una meta, aprovecha los portales de crowdfunding - financiación colectiva - para canalizar allí los aportes y utiliza todos los medios que estén a su alcance para motivar a sus relacionados a que lo ayuden a cumplir con su meta. Hoy en día, las redes sociales son extraordinarias aliadas para impulsar esta estrategia.  

Si bien en Venezuela se han hecho populares algunas carreras - especialmente de 10k - cuyo propósito es recaudar fondos para alguna organización social en particular [en las cuales se buscan patrocinantes para cubrir los costos de la carrera y se destinan los fondos de la inscripción para la causa] no existe un modelo aún donde el corredor - y su esfuerzo personal - sea el gran movilizador en la meta de recaudación. De hecho, el Maratón de Caracas, único maratón de categoría mundial que hay en el país y organizado impecablemente por el Banco de Desarrollo de América Latina - CAF - hasta estos momentos no ha contado con alguna estrategia en esa dirección.     
  
Esta realidad nos motivó a un grupo de personas - y corredores - que trabajamos para
causas sociales, así como para la promoción de la solidaridad en Venezuela, a proponer algo similar en nuestro país, más aún en estos momentos tan difíciles que nos ha tocado vivir. Del encuentro entre la Asociación Venezolana de Fundraising AVF, Correlonas y la AC Dar y Recibir [portal de crowdfunding solidario venezolano] nace Reto Con Causa, una iniciativa para “promover la solidaridad y la cultura de DAR en Venezuela, a través de eventos deportivos, animando a corredores y deportistas en general a apoyar causas sociales, a competir con propósito y a contagiar a otros a que se sumen”.

El despegue de esta iniciativa será en el marco del Maratón de Caracas CAF 2017 que se correrá el venidero 26 de marzo. Arrancamos en pequeño y a puro pulmón, pero no dudamos que pueda ser una alternativa que crezca y agarre vuelo a futuro. Todo dependerá del entusiasmo de la propia gente. Para este año hemos querido canalizar todo el esfuerzo en apoyar a 5 organizaciones de reconocido prestigio, con proyectos en el ámbito nacional y con diversas áreas de acción como salud, tecnología, juventud, ambiente, alimentación y deporte con foco en la discapacidad. A futuro, la idea es que los corredores y los clubes de corredores puedan también postular las causas, lo cual genere un interés en comprometerse más de cerca con las necesidades y que las organizaciones logren involucrar a los impulsores de sus iniciativas.

Prepararse y correr un maratón no es tarea sencilla. Hay que estar en buen estado de salud, conlleva al menos 4 meses de entrenamiento con mucha disciplina, así como requiere mucha fortaleza, cabeza y corazón para poder cruzar la meta el día pautado. Las similitudes entre lograr esa hazaña personal y el esfuerzo de una ONG para alcanzar sus metas de recaudación son muchas y por eso creo, en particular, que la combinación ha sido muy fructífera en otras latitudes. Ojalá, gran parte de los 11.000 corredores que patearán las calles de Caracas este año puedan leer esto y animarse a ponerse un #RetoConCausa

Más allá de mi rol como promotor de esta iniciativa, en lo personal me pondré mi reto, pues siento que quienes creemos en esto debemos marcar la pauta. Por tercera vez correré los 42k caraqueños y me siento comprometido a apoyar - en la medida de mis posibilidades - a las 5 causas propuestas: Sociedad Anticancerosa de Venezuela, Superatec AC, Fundación Tierra Viva, Meals 4 Hope y Achilles Venezuela. De hecho, hago público que si cruzo la meta por debajo de 4 horas, estoy dispuesto a duplicar el aporte que pienso hacer desde ahora y si logro establecer un nuevo récord personal (3:39:49) consideraría triplicarlo.

Para esto, a partir del lunes 6 de marzo estará habilitado el portal Dar y Recibir para registrarnos y poder hacer las donaciones vía TDC o transferencia. Invito a todos los corredores a que se animen a apoyar alguna de estas maravillosas causas. Pregunten, averigüen, involúcrense y hagan ruido por sus redes para sumar a sus amigos a alcanzar sus metas. Vamos a ver cuál corredor logra sumar más donaciones. Animo también a los clubes de corredores a motivar a su gente. Estaremos llevando estadísticas a ver cuál club es el más solidario del país. Y, sobre todo, invito a mi familia y amigos a apoyar con donaciones estas 5 causas que hoy impulso. Me encantaría poder ser uno de esos corredores que logre sumar más contribuciones a la meta.

Tal como podrán ver en este video de Run for charity, las personas corren por razones muy diversas. Esperamos que tú también seas de esos que corren por una causa.         
      

Marzo 2017





[1] World Marathon Majors (Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago, Nueva York)

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Running y pausa ignaciana

Probablemente quien comience a leer estas líneas pensará lo incongruente de poner bajo un mismo título cosas que aparentemente nada tienen que ver. Para mí tampoco tendría sentido, pero las cosas van sucediendo de una manera muy particular. O podría incluso afirmar que Dios obra de manera muy misteriosa.

Hace algún tiempo he empezado a correr en serio, entrenar todas las semanas y recorrer distancias cada vez más largas, al punto de haber realizado mis primeros tres maratones en el último año y medio. Dos veces en Caracas y más recientemente la maratón de Buenos Aires. En este último pude afirmar casi con total precisión aquella máxima de los runners que dice que un maratón se corre 30 kilómetros con las piernas, 10 kilómetros con la cabeza y 2 kilómetros con el corazón.
Maratón de Buenos Aires Octubre 2016

Parecerá tal vez cursi para algunos corredores y más aún para quien jamás ha recorrido esa distancia, pero la interpretación es casi exacta a lo que sucede en la práctica. Para quien ha entrenado, los primeros 30 kilómetros son el primer - y largo - escalón, pero al estar en buenas condiciones puedes transitar esta etapa con bastante consistencia. Los kilómetros se van consumiendo con relativa rapidez y el nivel de concentración permite disfrutar la ciudad mientras el cronómetro va haciendo lo suyo y las piernas van aguantando la mecha.

La segunda parte - cuando uno alcanza el kilómetro 30-32 - es sin duda la más dura de la prueba. Muchos dicen que allí realmente comienza un maratón. Aún quedan suficientes kilómetros por recorrer, pero el cuerpo ya experimenta síntomas de agotamiento y aparece ese fantasma que tanto teme un corredor: “la pared” que no es otra cosa que el agotamiento del glucógeno almacenado en los músculos, que sirve como carburante para correr. A partir de esta distancia, empiezas a sentir que el peso del cuerpo recae sobre la cadera y esta no puede empujar las piernas con tanta velocidad como deseas. Pero más allá del agotamiento físico, la cabeza empieza a tomar el control de la situación, para bien o para mal. Dejas de percibir la ciudad con la misma nitidez y los kilómetros empiezan a parecer más largos. La concentración, el foco, la mente, es la que manda. Y cuando uno dice que manda, quiere decir que cuando ella dice para, se acabó lo que se daba.

Recuerdo que mientras entrenaba para Buenos Aires, en los domingos que me tocaban largos de más de 30k, mi cabeza me mandó a parar en un par de ocasiones. Simplemente me desconcentraba y decidía que no podía más. Una vez me tocó incluso un largo retorno a la casa caminando, pues el abandono mental me dejo “botado” en la Plaza Las Tres Gracias a la altura del kilómetro 27, en un día que tocaban 34. Los domingos siguientes me empecé a preocupar y comencé a explorar técnicas que ya había dejado atrás: música para distraerme. Eso logró tranquilizarme las siguientes jornadas, sin embargo, luego aparecería otra estrategia para cuando la cabeza es la que manda en un maratón: la pausa ignaciana.

San Ignacio de Loyola
Resulta que nunca he sido muy bueno con la oración. Honestamente me cuesta concentrarme y seguir una reflexión tranquila y ordenada. Hace algún tiempo le pedí a un joven jesuita que me diera algunas claves para rezar y me habló de la pausa ignaciana, propuesta en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

La pausa ignaciana es una propuesta de oración muy sencilla para culminar el día. Es una reflexión para examinar la jornada y hacer un examen de conciencia para irte a dormir tranquilo. En rigor, consta de 5 pasos sencillos que según la información que encuentres puede tener sus variantes, pero en mi caso, este joven jesuita me decía que podría resumirse en tres pasos: agradecer, pedir perdón y confiar en Dios.

El agradecimiento es la parte más sabrosa y en ella incorporo uno de los pasos claves de la pausa: hacer una evaluación del día. De lo bueno y de lo malo, de cómo te sentiste frente a determinada situación, qué viviste, qué sucedió desde que te levantaste hasta ese momento. Para finalmente apreciarlo todo y agradecer por todo. Lo bueno nos da satisfacción, pero los obstáculos nos enseñan y nos permiten apreciar mejor las demás cosas.

Pedir perdón, así como perdonar, es el segundo gran paso de esta reflexión. Es la parte más dura pues evaluamos nuestras debilidades y tocamos la fibra de nuestras situaciones de mayor vulnerabilidad. Reiteradas veces llego a identificar esos rasgos de personalidad que sabemos menos constructivos, pero que nos cuesta desarraigar de nuestra forma de ser.

La tercera y última parte es ponernos en manos de Dios, confiar en Él, sobre todo en aquellas cosas que escapan de nuestras manos. Para esta fase, me ha servido de guía la muy conocida conversación con “Jesús de la Misericordia”, una extraordinaria oración para descargar nuestras angustias y preocupaciones en Dios, haciendo, por supuesto, todo lo que esté a nuestro alcance aquí en la tierra. Venezuela es un tema recurrente en este punto y así como con nuestro trabajo y esfuerzo ciudadano esperamos que haya un cambio, nunca es inoportuno mirar arriba y decir ¡Jesús, yo confío en Ti! Al final de la pausa, pensamos en el día que está por venir, nos preparamos para enfrentarlo con entusiasmo, optimismo y dedicación.  

Aunque casi a diario rezo con mis hijos y tomamos algunos elementos de esta guía - agradecemos por lo que tenemos y recordamos las cosas vividas durante el día - realmente no cumplo a diario esta fabulosa fórmula. Para mí y casi sin percatarme, el mejor momento para hacer esta pausa ha aparecido en esos largos kilómetros cuando corro más de lo normal y sobre todo en esos que me llevan a la meta, cuando el cuerpo está agotado y la cabeza necesita concentración. No es que vaya todo ese trayecto reflexionando y rezando, pero he encontrado suficiente tiempo, paz y dedicación, no solo para hacer la pausa del día, sino para hacer una reflexión más general de lo que estoy viviendo en esos momentos. No tienen idea de cuántas personas y situaciones aparecen al momento de agradecer. Cuántos defectos y cosas por las cuales pedir perdón y cuánta necesidad de confiar en un Dios sobre el cual descargar algunas angustias.

Mientras transitaba Buenos Aires entre el kilómetro 30 y el final del maratón vi a mucha gente quedarse en el camino. Recuerdo haber alentado a un paraguayo que después de dejar atrás Puerto Madero frenó su trote. Le grité suavemente “vamos Paraguay” al ver la camisa que, como la mía, identificaba su nacionalidad. Después de recibir el gesto amable del paraguayo indicando que ya retomaría, recordé que tenía que concentrarme en mi carrera y me encerré un rato en esta pausa. Estar allí, en ese momento, en ese instante, totalmente agotado, pensando lo mucho que había soñado durante años hacer una proeza como esa, fue lo primero que agradecí. Vivir el ahora y tenerlo totalmente presente. En fin, de eso se trata la felicidad.

Por cierto, los últimos dos kilómetros no hay piernas, ni cabeza, ni nada. Solo una fuerza extraordinaria que te anima a seguir adelante tratando de no perder el ritmo ya tambaleante para alcanzar tu meta. Pero nunca llegaría a ese momento de no tener la mente enfocada durante los kilómetros anteriores. Como muchas cosas en la vida, cada quien tiene su modo de matar pulgas. Creo haber descubierto la mía.      
 

16 de noviembre de 2016