domingo, 9 de abril de 2017

Pasión venezolana

Bernardo Guinand Ayala

El domingo de ramos ha sido de los días que más gratos recuerdos me trae de la tradición católica y tengo muy claro el por qué. Durante toda mi infancia - cercano a la celebración de la Semana Santa - en mi Colegio De La Salle tan querido solíamos representar la pasión de Cristo. Era realmente una producción increíble que convocaba a todos los alumnos del colegio, bajo la dirección general del muy apreciado Hno. Iñaki. La puesta en escena de esta representación viviente se llevaba a cabo en el campo de fútbol del colegio e iniciaba con la entrada triunfante de Jesús en Jerusalem, entre palmas y alegría, justo lo que hoy celebramos como domingo de ramos.

Cuando estaba en los primeros años de primaria, recuerdo haber vivido ese momento como si fuera real. Jesús, que solía ser representado por algún alumno de los últimos años de bachillerato, iba efectivamente montado en un burro que era guiado por el propio Hno. Iñaki con una túnica que parecía trasladarnos a la época. Recuerdo los saltos de algarabía que dábamos rodeando a Jesús con el “Hosanna” de fondo de la versión en español de Jesucristo Superstar.    

Foto: José A. Guinand A.
Cada domingo de ramos, al recibir la palma a las puertas de la iglesia revivo mi infancia y el recuerdo de ese Jesucristo triunfante. Pero el domingo de ramos tiene una característica muy particular, pues durante la liturgia se muestran dos momentos antagónicos en la vida de Jesús. En primer lugar, se lee el texto correspondiente a ese momento de euforia durante la llegada a Jerusalem, pero luego se de paso al evangelio de la pasión de Cristo. En menos de una semana, Jesús pasa de ser aclamado para ser luego condenado, azotado y crucificado.    

Quien haya asistido a misa, se le hará prácticamente imposible no comparar estos evangelios con lo que estamos viviendo en Venezuela. Frecuentemente nos aconsejan leer la palabra de Dios y tratar de entender su significado en nuestros tiempos. Hoy, fue realmente contundente esa cercanía a nuestros tiempos. Comparto algunas de mis reflexiones.

Jesús fue perseguido y condenado por los que ostentaban el poder. Los sumos sacerdotes - sin pruebas ni razón - exigían la condena de Jesús. Actuaban como “magistrados” todopoderosos, que sin sustento en la ley y a través de un juicio viciado, pretendían mantener su posición. Hoy Venezuela cuenta con magistrados del mismo talante, distantes de la ley y más aún, de la gente. Describir a los sumos sacerdotes de esa época es describir a aquellos funcionarios corrompidos que desean mantener sus prebendas en la Venezuela de hoy.      

Después de condenado, Jesús es entregado a los soldados romanos para ser azotado. Recuerdo que de niño siempre me impactó la escena cuando, con saña, era flagelado por varios pretorianos. Recientemente rememoré esa escena, pero de la polémica película dirigida por Mel Gibson y me estremecía viendo el horror como se afincaban para proferirle mayor dolor. No contentos con el sufrimiento, los ejecutores reían, escupían y se burlaban cínicamente de Jesús. Es difícil asimilar tanta maldad, tanta crueldad; sin embargo, estos días hemos visto como policías y militares, vistiendo el uniforme que los obliga a defender una patria, propinan a sus coterráneos bombazos, perdigones, pero sobre todo linchan entre varios y con mucha saña a personas indefensas que solo piden respeto a la ley, a la libertad, a la democracia. ¿De dónde proviene tanto odio y resentimiento? ¿Esta gente disfruta haciendo el mal? ¿Cómo llegan a sus casas y ver a la cara a sus hijos? ¿Por qué tanta ausencia de Dios?

La pasión de Cristo está en nuestras calles, en los padecimientos de nuestra gente. La pobreza de espíritu sembrada y abonada por el régimen que gobierna se transforma en una grave carencia de valores. Que falta hace Dios entre nosotros, entre todos nosotros.                 

Vivimos momentos críticos y tanto ahora, como en la época de Jesús, el miedo se apodera de nosotros. Pilatos prefirió lavarse las manos por miedo a contradecir. Pedro negó a Jesús tres veces por miedo a ser perseguido. Un nutrido grupo de personas, que días atrás aclamaba a Jesús, se convirtió en turba que lo apresaba por miedo a desencajar. Hoy muchos estamos también llenos de miedo, los que hemos opuesto siempre al gobierno y también los que están dentro buscando salidas. Pero ese miedo que paraliza se neutraliza con una fuerza mucho más grande: la fe.

De la euforia de las palmas pasamos a la cruda pasión de Jesucristo. Pero, gracias a nuestra fe, sabemos que al final Jesús resucitó. Tal como sucederá con Venezuela.  


9 de abril de 2017

Domingo de Ramos

miércoles, 5 de abril de 2017

Todo sea por el país

Bernardo Guinand Ayala

Otra mañana de cielo azul ya bien entrado el año. Llegamos a abril y no deja de sorprender la nitidez del Ávila y del cielo que cubre a Caracas. No así en lo político, con un nubarrón que nos acecha desde hace unos 18 años.      

Llevo a los chamos al colegio y me devuelvo a la casa a trabajar un rato. Había suspendido una reunión pautada para esa mañana acatando la convocatoria de los demócratas a salir una vez más a la calle, en este caso para comenzar el proceso de destitución de los “magistrados” del TSJ quienes, a través de una sentencia sin precedentes, dieron un nuevo golpe de estado. No el primero de este régimen ciertamente [quien viola la Constitución a diestra y siniestra con bastante regularidad] pero si el más obvio y descarado.

Entre 9:00 y 9:30am suena el timbre de la casa. Como ha sido costumbre desde aquella primera marcha, un ya lejano 23 de enero en los albores del siglo XXI, mi viejo se presenta preguntando quién lo acompañaría a marchar. “Ya yo estoy listo, dime cuando salimos pues la convocatoria es temprano”. Entre esa hora y las 10:00am tocó el timbre unas dos veces más, impaciente por salir.

Emprendimos rumbo a Chacao para recoger a José Antonio en la acera norte de la Francisco de Miranda. Mi viejo se impacienta al ver que no llega. Mil y un marchas y aún sigue inquieto queriendo llegar pronto. Se baja del carro a apurar a Jose a quien encuentra en toda la esquina. Seguimos y en la vía nos enteramos que la concentración se reubicaría hacia las cercanías de la Plaza Brión de Chacaíto, pues, para variar, desde muy temprano el gobierno había desplegado su séquito de militares, policías y paramilitares armados, para impedir el normal desarrollo hacia la Asamblea Nacional.

El mundo entero clamando la restitución plena de las funciones de los parlamentarios y el régimen sigue de espaldas, apostando al único refugio que le queda: violencia y abuso de poder.

A golpe de 10:45am nos incorporamos al río de gente que venía subiendo a pie desde Chacaíto tomando la Av. Libertador. Apenas recorríamos los primeros metros recibo una llamada desde Radio Caracas Radio para hacer un contacto en vivo para “El Radar de los Barrios”. Vamos al aire, Evelyn y Jim desde el estudio me dan el pase para dar un breve resumen de lo que está sucediendo en ese momento. En medio de mi intervención se me ocurre decir que prefiero tener el testimonio de la persona que me ha sembrado el amor por este país: mi papá, quien con sus ya casi 81 años estaba nuevamente allí, marchando por Venezuela. Siempre más emocional que racional, mi viejo trasmitió en vivo sus razones de estar allí, su llamado a los más jóvenes a que se incorporaran y su convicción por ver el inicio de un cambio en el país. Como es usual en él, dijo poco y transmitió mucho. Me sorprendió el breve espacio de silencio que tomó para que Evelyn recobrara el mando, manifestando luego estar sumamente emocionada con el espíritu de mi viejo. “Don Eduardo” comienzan a llamarlo mis compañeros del Radar, en señal de respeto y admiración.

Minutos más tarde ya estábamos en medio del tumulto entre diputados y demás manifestantes. Estábamos en la última de las barricadas puesta por la Policía Nacional Bolivariana en la parte alta de la Av. Libertador. Cuadras más adelante se veía otro grupo, aún más numeroso, cuyo destino también estaba bloqueado por otro contingente antimotines. Prudentemente José Antonio - mi hermano menor - me sugiere no adelantarnos mucho para quedarnos más rezagados con mi papá. Inclusive, en un momento que algunos sugirieron bajar a la parte inferior de la Libertador, me dijo “ni de vaina”. Ya tantos años tragando gas del bueno, hacen que uno empiece a dominar ciertas técnicas de escape. “Y menos con mi viejo”, recalcaba Jose.

En un camión improvisado, un mensaje del Diputado Carlos Paparoni transmitía algo diferente: “Manténganse aquí. Hoy no vamos a ceder tan fácil”. Algo hacía sentir que los diputados se la estaban jugando.

A pesar de haber percatado el viento a nuestro favor, algo después comenzó la lluvia de lacrimógenas. A lo ancho de ese cielo azul se empezaba a ver el humo de las bombas que venía y luego se devolvía a quienes las lanzaban. Sin embargo, poco a poco empezó a llegar y comenzaron las carreras desesperadas de algunos con los ojos llorosos. Nos pintamos la cara con la pasta de diente que nos prestó algún estudiante más preparado. Mi viejo, a pesar de haber marchado todos estos años y de habernos dado un susto aquel 11 de abril de 2002, sigue preguntando para qué sirve la pasta de dientes. Igual le puse su “bigote” blanco y empezamos a retroceder manteniendo la calma. Pasito a pasito como la canción íbamos entre una multitud que se hacía más apretada.

Jose iba a la cabeza, yo luego, mi viejo detrás. En un momento volteo para ver que no se
quedara rezagado y lo veo justo dando una mirada hacia atrás, cuando me parece ver algo muy rápido volando como con una estela de humo. No puedo garantizar si vi una bomba lacrimógena o una piedra, pero lo cierto es que algo venía de forma horizontal desde el lugar que estaba la PNB, con la puntería necesaria para atinarle a la cabeza de mi viejo justo en la ceja derecha. Al ver como se agachó y llevó sus manos a la cara me di cuenta rápido que le habían dado. Retrocedo y lo veo con sus dos manos tapándose el ojo. Le pido que abra las manos para verlo con el susto de no saber qué encontrar. Apenas se deja ver, ya las manos estaban ensangrentadas y se empezaba a formar un bulto en su frente. Calma, calma. Si algo me doy cuenta que hemos aprendido con este régimen malandro, es a no desesperar. Paro a Jose y le digo que a Lalo le pegaron. Ambos lo abrazamos con el único norte de salir pronto del ambiente lacrimógeno. En ese trayecto solo atinaba a decir, con la fe en Dios que lo caracteriza: “Todo sea por el país, todo sea por el país”.  

Levanto la cabeza y justo en frente tengo a Carlos Ocariz, Alcalde del Municipio Sucre a quién Jose agarró pidiendo apoyo. No pasaron dos segundos que Ocariz dijo a un motorizado que andaba con él, que socorriera a mi viejo: “A Salud Chacao, a Salud Chacao, pronto” y mi papá, golpeado pero enterito se montó en esa moto como un carajito. Al mejor estilo venezolano, me percaté que si mi viejo abrazaba bien al pana motorizado, yo cabía atrás al estilo de San Pancracio “Una nalga adentro y la otra en el espacio”. Y así nos fuimos sin saber mucho a donde, pero alejándonos pronto del tumulto.

Después de una perdida en Chapellín, atravesamos el Country Club y llegamos al Pedregal. Recordé que allí está un ambulatorio que lleva el nombre del Dr. Guillermo Hernández Zozaya, insigne médico venezolano, abuelo de mis primos Guinand Hernández. Recordé la anécdota que cuando el Dr. Hernandez Zozaya murió, la comunidad de El Pedregal no dejó que la familia cargara su féretro. Ellos mismos lo levantaron en hombros y lo pasearon por esa comunidad popular de la cual fue médico abnegado.

El Dr. Hernández había sido pediatra de mi viejo, así que podía ser un buen presagio para

este reencuentro. Bajo de la moto y pregunto rápidamente si pueden brindarme los primeros auxilios. En pocos minutos mi viejo estaba en un cubículo, custodiado de varias enfermeras y doctoras. Diligentemente una enfermera agarró gasa y le limpió la herida percatándonos que no era profunda. Un par de steri strips bastaron para tapar la herida, mientras la cara se le iba transfigurando al punto que el ojo derecho se le iba desapareciendo tras la hinchazón. Una doctora hacía la referencia urgente a un oftalmólogo, mientras la enfermera tomaba la tensión percatándose, que, a pesar del susto, el paciente ya sonreía marcando un estupendo 120/80.


El cuerpo de mi viejo puede ser vulnerable, pero su espíritu es inquebrantable.   

Minutos más tarde llegó mi hermano Eduardo con su hija Daniela y luego mi mamá, que con su característico temple de acero ya tenía todo resuelto para llevarse a su viejito [55 años juntos] a chequearse a profundidad. Mi papá, aún herido, dedicó unos minutos para agradecer y "echarle" la bendición a todo el personal del ambulatorio, así como contarles sobre el insigne doctor que da nombre al centro asistencial.    

Mi viejo está bien, su ojo está fuera de riesgo gracias a Dios. Aprendimos a amar este país con su ejemplo de trabajo y honradez. Se siente fuerte para seguir luchando por este país hasta que Dios le de fuerzas y sumamente emocionado por las innumerables manifestaciones de cariño y solidaridad que le han llegado de cualquier rincón del planeta. Quien ha sembrado amor, no puede cosechar otra cosa.

Su llamado una y otra vez es a los más jóvenes, a que esta lucha es por ellos y que debemos mantenernos unidos. Te seguiremos acompañando en tus convicciones viejito.

¡Todo sea por el país! 

lunes, 6 de marzo de 2017

Reto Con Causa

Bernardo Guinand Ayala
Desde hace algunos años, los maratones y grandes competiciones deportivas del mundo se han convertido en extraordinarios eventos para hacer fundraising - recaudación de fondos - para causas sociales. Tanto así, que el Maratón de Londres - uno de los seis principales maratones del mundo[1] - está considerado el evento que más fondos recauda en todo el planeta, en un solo día. En 2016, los 40.000 corredores que recorrieron los 42,195 kilómetros de Londres, ayudaron a diversas causas benéficas a levantar cerca de £60 millones. Una cifra con la cual se pueden hacer milagros en el mundo de las ONGs.

Las formas para recaudar fondos son diversas. Muy común entre los grandes maratones [que se dan el lujo de tener una demanda de postulantes muy superior a la capacidad real de corredores del maratón] es garantizar cupos a aquellos que están dispuestos a correr - y donar - para una causa benéfica. Funciona como un complemento de la inscripción, pero garantizando un donativo más que significativo. Y para aquellos que salen beneficiados del sorteo para inscribirse en el maratón, se despliega, al momento de concretar su inscripción, una lista de organizaciones y fundaciones por las cuales estarían dispuestos a correr y a donar.

En la era moderna, las plataformas digitales también han sido extraordinarias aliadas para hacer fundraising. Muchos corredores son motivados por ONGs a correr en su nombre y a ponerse una meta de recaudación que el competidor busca completar con amigos y familiares. Recientemente, Ramón Martínez - mi amigo del colegio a quien tenía años sin ver - me contaba cómo había corrido varios medio-maratones a favor de instituciones que investigan sobre el Parkinson, causa con la cual está plenamente sensibilizado. El corredor se pone una meta, aprovecha los portales de crowdfunding - financiación colectiva - para canalizar allí los aportes y utiliza todos los medios que estén a su alcance para motivar a sus relacionados a que lo ayuden a cumplir con su meta. Hoy en día, las redes sociales son extraordinarias aliadas para impulsar esta estrategia.  

Si bien en Venezuela se han hecho populares algunas carreras - especialmente de 10k - cuyo propósito es recaudar fondos para alguna organización social en particular [en las cuales se buscan patrocinantes para cubrir los costos de la carrera y se destinan los fondos de la inscripción para la causa] no existe un modelo aún donde el corredor - y su esfuerzo personal - sea el gran movilizador en la meta de recaudación. De hecho, el Maratón de Caracas, único maratón de categoría mundial que hay en el país y organizado impecablemente por el Banco de Desarrollo de América Latina - CAF - hasta estos momentos no ha contado con alguna estrategia en esa dirección.     
  
Esta realidad nos motivó a un grupo de personas - y corredores - que trabajamos para
causas sociales, así como para la promoción de la solidaridad en Venezuela, a proponer algo similar en nuestro país, más aún en estos momentos tan difíciles que nos ha tocado vivir. Del encuentro entre la Asociación Venezolana de Fundraising AVF, Correlonas y la AC Dar y Recibir [portal de crowdfunding solidario venezolano] nace Reto Con Causa, una iniciativa para “promover la solidaridad y la cultura de DAR en Venezuela, a través de eventos deportivos, animando a corredores y deportistas en general a apoyar causas sociales, a competir con propósito y a contagiar a otros a que se sumen”.

El despegue de esta iniciativa será en el marco del Maratón de Caracas CAF 2017 que se correrá el venidero 26 de marzo. Arrancamos en pequeño y a puro pulmón, pero no dudamos que pueda ser una alternativa que crezca y agarre vuelo a futuro. Todo dependerá del entusiasmo de la propia gente. Para este año hemos querido canalizar todo el esfuerzo en apoyar a 5 organizaciones de reconocido prestigio, con proyectos en el ámbito nacional y con diversas áreas de acción como salud, tecnología, juventud, ambiente, alimentación y deporte con foco en la discapacidad. A futuro, la idea es que los corredores y los clubes de corredores puedan también postular las causas, lo cual genere un interés en comprometerse más de cerca con las necesidades y que las organizaciones logren involucrar a los impulsores de sus iniciativas.

Prepararse y correr un maratón no es tarea sencilla. Hay que estar en buen estado de salud, conlleva al menos 4 meses de entrenamiento con mucha disciplina, así como requiere mucha fortaleza, cabeza y corazón para poder cruzar la meta el día pautado. Las similitudes entre lograr esa hazaña personal y el esfuerzo de una ONG para alcanzar sus metas de recaudación son muchas y por eso creo, en particular, que la combinación ha sido muy fructífera en otras latitudes. Ojalá, gran parte de los 11.000 corredores que patearán las calles de Caracas este año puedan leer esto y animarse a ponerse un #RetoConCausa

Más allá de mi rol como promotor de esta iniciativa, en lo personal me pondré mi reto, pues siento que quienes creemos en esto debemos marcar la pauta. Por tercera vez correré los 42k caraqueños y me siento comprometido a apoyar - en la medida de mis posibilidades - a las 5 causas propuestas: Sociedad Anticancerosa de Venezuela, Superatec AC, Fundación Tierra Viva, Meals 4 Hope y Achilles Venezuela. De hecho, hago público que si cruzo la meta por debajo de 4 horas, estoy dispuesto a duplicar el aporte que pienso hacer desde ahora y si logro establecer un nuevo récord personal (3:39:49) consideraría triplicarlo.

Para esto, a partir del lunes 6 de marzo estará habilitado el portal Dar y Recibir para registrarnos y poder hacer las donaciones vía TDC o transferencia. Invito a todos los corredores a que se animen a apoyar alguna de estas maravillosas causas. Pregunten, averigüen, involúcrense y hagan ruido por sus redes para sumar a sus amigos a alcanzar sus metas. Vamos a ver cuál corredor logra sumar más donaciones. Animo también a los clubes de corredores a motivar a su gente. Estaremos llevando estadísticas a ver cuál club es el más solidario del país. Y, sobre todo, invito a mi familia y amigos a apoyar con donaciones estas 5 causas que hoy impulso. Me encantaría poder ser uno de esos corredores que logre sumar más contribuciones a la meta.

Tal como podrán ver en este video de Run for charity, las personas corren por razones muy diversas. Esperamos que tú también seas de esos que corren por una causa.         
      

Marzo 2017





[1] World Marathon Majors (Tokio, Boston, Londres, Berlín, Chicago, Nueva York)

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Running y pausa ignaciana

Probablemente quien comience a leer estas líneas pensará lo incongruente de poner bajo un mismo título cosas que aparentemente nada tienen que ver. Para mí tampoco tendría sentido, pero las cosas van sucediendo de una manera muy particular. O podría incluso afirmar que Dios obra de manera muy misteriosa.

Hace algún tiempo he empezado a correr en serio, entrenar todas las semanas y recorrer distancias cada vez más largas, al punto de haber realizado mis primeros tres maratones en el último año y medio. Dos veces en Caracas y más recientemente la maratón de Buenos Aires. En este último pude afirmar casi con total precisión aquella máxima de los runners que dice que un maratón se corre 30 kilómetros con las piernas, 10 kilómetros con la cabeza y 2 kilómetros con el corazón.
Maratón de Buenos Aires Octubre 2016

Parecerá tal vez cursi para algunos corredores y más aún para quien jamás ha recorrido esa distancia, pero la interpretación es casi exacta a lo que sucede en la práctica. Para quien ha entrenado, los primeros 30 kilómetros son el primer - y largo - escalón, pero al estar en buenas condiciones puedes transitar esta etapa con bastante consistencia. Los kilómetros se van consumiendo con relativa rapidez y el nivel de concentración permite disfrutar la ciudad mientras el cronómetro va haciendo lo suyo y las piernas van aguantando la mecha.

La segunda parte - cuando uno alcanza el kilómetro 30-32 - es sin duda la más dura de la prueba. Muchos dicen que allí realmente comienza un maratón. Aún quedan suficientes kilómetros por recorrer, pero el cuerpo ya experimenta síntomas de agotamiento y aparece ese fantasma que tanto teme un corredor: “la pared” que no es otra cosa que el agotamiento del glucógeno almacenado en los músculos, que sirve como carburante para correr. A partir de esta distancia, empiezas a sentir que el peso del cuerpo recae sobre la cadera y esta no puede empujar las piernas con tanta velocidad como deseas. Pero más allá del agotamiento físico, la cabeza empieza a tomar el control de la situación, para bien o para mal. Dejas de percibir la ciudad con la misma nitidez y los kilómetros empiezan a parecer más largos. La concentración, el foco, la mente, es la que manda. Y cuando uno dice que manda, quiere decir que cuando ella dice para, se acabó lo que se daba.

Recuerdo que mientras entrenaba para Buenos Aires, en los domingos que me tocaban largos de más de 30k, mi cabeza me mandó a parar en un par de ocasiones. Simplemente me desconcentraba y decidía que no podía más. Una vez me tocó incluso un largo retorno a la casa caminando, pues el abandono mental me dejo “botado” en la Plaza Las Tres Gracias a la altura del kilómetro 27, en un día que tocaban 34. Los domingos siguientes me empecé a preocupar y comencé a explorar técnicas que ya había dejado atrás: música para distraerme. Eso logró tranquilizarme las siguientes jornadas, sin embargo, luego aparecería otra estrategia para cuando la cabeza es la que manda en un maratón: la pausa ignaciana.

San Ignacio de Loyola
Resulta que nunca he sido muy bueno con la oración. Honestamente me cuesta concentrarme y seguir una reflexión tranquila y ordenada. Hace algún tiempo le pedí a un joven jesuita que me diera algunas claves para rezar y me habló de la pausa ignaciana, propuesta en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.

La pausa ignaciana es una propuesta de oración muy sencilla para culminar el día. Es una reflexión para examinar la jornada y hacer un examen de conciencia para irte a dormir tranquilo. En rigor, consta de 5 pasos sencillos que según la información que encuentres puede tener sus variantes, pero en mi caso, este joven jesuita me decía que podría resumirse en tres pasos: agradecer, pedir perdón y confiar en Dios.

El agradecimiento es la parte más sabrosa y en ella incorporo uno de los pasos claves de la pausa: hacer una evaluación del día. De lo bueno y de lo malo, de cómo te sentiste frente a determinada situación, qué viviste, qué sucedió desde que te levantaste hasta ese momento. Para finalmente apreciarlo todo y agradecer por todo. Lo bueno nos da satisfacción, pero los obstáculos nos enseñan y nos permiten apreciar mejor las demás cosas.

Pedir perdón, así como perdonar, es el segundo gran paso de esta reflexión. Es la parte más dura pues evaluamos nuestras debilidades y tocamos la fibra de nuestras situaciones de mayor vulnerabilidad. Reiteradas veces llego a identificar esos rasgos de personalidad que sabemos menos constructivos, pero que nos cuesta desarraigar de nuestra forma de ser.

La tercera y última parte es ponernos en manos de Dios, confiar en Él, sobre todo en aquellas cosas que escapan de nuestras manos. Para esta fase, me ha servido de guía la muy conocida conversación con “Jesús de la Misericordia”, una extraordinaria oración para descargar nuestras angustias y preocupaciones en Dios, haciendo, por supuesto, todo lo que esté a nuestro alcance aquí en la tierra. Venezuela es un tema recurrente en este punto y así como con nuestro trabajo y esfuerzo ciudadano esperamos que haya un cambio, nunca es inoportuno mirar arriba y decir ¡Jesús, yo confío en Ti! Al final de la pausa, pensamos en el día que está por venir, nos preparamos para enfrentarlo con entusiasmo, optimismo y dedicación.  

Aunque casi a diario rezo con mis hijos y tomamos algunos elementos de esta guía - agradecemos por lo que tenemos y recordamos las cosas vividas durante el día - realmente no cumplo a diario esta fabulosa fórmula. Para mí y casi sin percatarme, el mejor momento para hacer esta pausa ha aparecido en esos largos kilómetros cuando corro más de lo normal y sobre todo en esos que me llevan a la meta, cuando el cuerpo está agotado y la cabeza necesita concentración. No es que vaya todo ese trayecto reflexionando y rezando, pero he encontrado suficiente tiempo, paz y dedicación, no solo para hacer la pausa del día, sino para hacer una reflexión más general de lo que estoy viviendo en esos momentos. No tienen idea de cuántas personas y situaciones aparecen al momento de agradecer. Cuántos defectos y cosas por las cuales pedir perdón y cuánta necesidad de confiar en un Dios sobre el cual descargar algunas angustias.

Mientras transitaba Buenos Aires entre el kilómetro 30 y el final del maratón vi a mucha gente quedarse en el camino. Recuerdo haber alentado a un paraguayo que después de dejar atrás Puerto Madero frenó su trote. Le grité suavemente “vamos Paraguay” al ver la camisa que, como la mía, identificaba su nacionalidad. Después de recibir el gesto amable del paraguayo indicando que ya retomaría, recordé que tenía que concentrarme en mi carrera y me encerré un rato en esta pausa. Estar allí, en ese momento, en ese instante, totalmente agotado, pensando lo mucho que había soñado durante años hacer una proeza como esa, fue lo primero que agradecí. Vivir el ahora y tenerlo totalmente presente. En fin, de eso se trata la felicidad.

Por cierto, los últimos dos kilómetros no hay piernas, ni cabeza, ni nada. Solo una fuerza extraordinaria que te anima a seguir adelante tratando de no perder el ritmo ya tambaleante para alcanzar tu meta. Pero nunca llegaría a ese momento de no tener la mente enfocada durante los kilómetros anteriores. Como muchas cosas en la vida, cada quien tiene su modo de matar pulgas. Creo haber descubierto la mía.      
 

16 de noviembre de 2016

viernes, 15 de julio de 2016

“El Relevo” Discurso por los 37 años del IPN

(Discurso dado por mi papá Eduardo Guinand Baldó 
con motivo de cena pro-fondos por los 37 años del 
Instituto de Previsión del Niño)

Cuando mis hermanos Alfredo y Alberto estaban cerca de cumplir los 73 años, cada uno en su momento, estaban convencidos que les faltaba poco para dejar este mundo puesto que papá y mamá habían muerto a esa edad. Yo no lo asumí de esa forma tan radical puesto que a ellos no les pasó. Ya esa especie de conjuro había caducado.

Es así que la próxima semana, el 20, piso la década de los 80. Y la piso esperanzado, pues más allá de los años recorridos está el legado que se pueda transmitir. Y hoy para mí ese legado está muy presente en este encuentro que celebramos por los 37 años del Instituto de Previsión del Niño.

Eduardo Guinand Baldó en pleno discurso
Volteamos hacia atrás y esa larga historia parece que ha pasado más rápido de lo imaginable, pero también ese tiempo ha sido vida y en ella hemos acumulado un sin fin de experiencias que nos permiten decir que hemos vivido y que no terminaremos de hacerlo mientras soñemos y nos comprometamos con lo mejor, para lo mejor.

Pasamos de un régimen dictatorial a uno democrático en el que la libertad adquirió un valor importante y nos encaminaba por una vía de desarrollo para el país y un crecimiento que beneficiaba a todos con la explotación y apropiación de nuestras riquezas naturales que a la vez nos ponía en contacto con un mundo cada vez más entrelazado.

Si bien hemos tenido grandes aciertos no son menos notorias la debilidades, omisiones y fallas, sin embargo, Venezuela creció en educación, salud, cultura, instituciones pensadas para la gente y personas ocupadas por los otros.

Betty Urdaneta de Herrera C. y Eduardo Guinand Baldó
fundadores del Instituto de Previsión del Niño
Así hemos llegado al día de hoy. Recuerdo que hace algo más de 37 años, la Sra. Herrera – a quien no conocía directamente – me invitó a colaborar en el sueño que tenía de crear una Asociación Civil avocada a los niños y que perdurara más allá de su paso como Primera Dama. Doña Betty buscaba gente afín al tema social más que al mundo político y así fuimos contactados cada uno de los fundadores por diversas maneras. Meses antes, la Sra. Herrera había conocido la Casa Hogar de Niñas Ciegas en El Junquito, cuyo proyecto me había tocado liderar. Ese encuentro, así como la cercanía mutua con Laura Febres, fue el disparador para conectarme con el Instituto, y desde mayo de 1979 hasta el día de hoy sigo agradecido con Betty por la confianza depositada en mí para acompañarla como vicepresidente del IPN.  

Si bien siento que como sociedad, a menudo no apreciamos lo que hemos hecho y estamos más atentos a las carencias que a los logros, hoy es un día diferente. Hoy es un día propicio para reconocer lo que hemos hecho, enmendar y apuntar nuestra acción hacia el futuro.

El IPN está aquí con ánimo de renovación y actualización. Conscientes de haber dado, todos los que a lo largo de estos 37 años hemos formado parte de él, lo mejor de nuestro esfuerzo por cumplir los objetivos con los que arrancamos y de haber trabajado por una sociedad más justa. Para nuestra mayor alegría, se nos suma el apoyo de nuevas generaciones que con su entusiasmo joven y entrenado para la tarea que tienen en sus manos, enfrentan los retos de una nueva época y de un país, que como en los albores de la democracia, demanda gran compromiso, trabajo y suma de voluntades.

Para lograrlo contamos con la colaboración, el entusiasmo, la ayuda, el ánimo de los que hoy nos acompañan. Esta noche, esta cena, es un logro en sí y lo recaudado significa un aliento inmenso para una organización como la nuestra. Pero esta noche no es el punto de llegada, sino una enorme posibilidad de transmitirles que estamos en este proceso de renovación y que el Instituto de Previsión del Niño desea prepararse para el momento histórico que nos demanda nuestra golpeada Venezuela.

Hoy nos acompañan familia, amigos, gente exitosa de las más variadas áreas productivas; personas expertas en el mundo de la salud, como de la niñez; allegados de mi generación, como algunos muchos más jóvenes. En fin, en este espacio se ve reflejado el talento venezolano necesario para salir adelante. Somos unos cuantos, pero con orgullo vemos alrededor y está presente uno de los mejores chef del continente, un diputado que se la juega por el país, agricultores que siguen sembrando, empresarios que siguen invirtiendo y todos, absolutamente todos, deseosos de colaborar. Decía que esta noche no es el punto de llegada. Queremos que cada quien, con su área de experticia y sus posibilidades se sienta invitado a convertir al IPN en una organización útil a las necesidades que están transitando los venezolanos menos afortunados.

La Iglesia nos invita a atender a los que están sufriendo graves carencias de diversa índole en nuestro país y a tener gestos concretos de solidaridad entre todos como hermanos.

Ante la emergencia actual tenemos que salir al encuentro del otro. El Papa Francisco en este año de la misericordia nos recuerda: “Les animo a que estén atentos a las personas que necesitan ayuda. Sean para ellos el rostro fraterno y misericordioso de Jesús”

Que esta situación catastrófica nos obligue a hacer milagros humanos que produzcan transformaciones que cambien la vida y la comodidad diaria. En este momento de profundo drama nacional hay que ayudar en solidaridad para vencer la violencia, la resignación y la desesperanza. Transformarnos en protagonistas de los cambios en nuestra historia y nuestra cultura.

Los fundadores y el relevo
Doy gracias a Dios por mis hijos en quienes he depositado grandes esperanzas, hoy muy especialmente por Bernardo y María Beatriz – hija de la Sra. Herrera - quienes con su insuperable espíritu de servicio y sensible a los sufrimientos de los otros, continuarán la tarea que emprendimos un grupo de soñadores y a quienes acompañaré en su misión a favor de los más necesitados. Pero ese agradecimiento se hace más amplio cuando veo que los hijos de muchos de los fundadores se han sumado de diversas maneras, ya sea incorporándose a la junta – como el caso de Luis Guillermo Boggiano – así como aportando y dando ideas al alcance de sus posibilidades y talentos desde cualquier rincón del mundo donde se encuentren. Allí están también mis hijas que no pudieron llegar hoy a acompañarnos, así como Carolina Febres – hija de Laura – y los Reyes Zumeta, que afortunadamente si acompañan hoy a su mamá.

Contamos con todos ustedes para seguir adelante en la construcción de una nueva realidad en nuestro país. Contamos con ustedes para que el Instituto de Previsión del Niño se prepare para los próximos 37 años.

¡Muchas gracias!

Eduardo Guinand Baldó

13 de julio de 2016

jueves, 26 de mayo de 2016

Por la calle del Centro

Quien aprecia un juego de béisbol, reconoce a simple vista que el jardín central abarca el terreno más amplio del campo. Incluso aquel que ha jugado sabe que todo equipo desea contar con la mejor línea central, en cuyas posiciones se ubican la mayoría de los jugadores en el terreno. Podríamos decir que en el fútbol ocurre algo similar y es frecuente escuchar que quien domina la media cancha, domina el juego. Gran parte del juego transcurre en ese sector donde incluso convergen mediocampistas, defensores y atacantes. Y quien quiera estar bien ubicado para observar un juego, tratará de hacerlo en la tribuna central para seguir con mayor amplitud el desarrollo del mismo.
 
Pero parece que en la política no sucede así. De hecho, bastante poco se oye hablar del centro, un terreno considerado incluso como blandengue, neutro, vago y hasta carente de fundamentos filosóficos. Sin embargo no me siento identificado ni con la derecha ni con la izquierda, menos aun cuando al hablar de ellas todo lleva a unos extremos absurdos e históricamente fracasados. Evidentemente para todo hay matices y aparece la gama de colores que va desde la extrema izquierda, pasando a la izquierda tradicional, centro-izquierda, centro-derecha, derecha tradicional, hasta la derecha extrema. Pero centro-centro parece no existir, pues cuando se le nombra está siempre amarrado a sus apellidos izquierda o derecha.

Hoy en día, ser del centro representa el verdadero espacio de rebeldía que adversa abiertamente tanto al gobierno con su chantajista ideología, como a cualquier manifestación extrema que asevere que esto se resuelve si el timón gira 180 grados hacia la derecha. Para mi agrado, Fernando Mires recientemente publicó un artículo titulado “El centro en la política” en el cual asevera:

En verdad, no hay nada más incómodo en los procesos históricos que llevan a la recuperación de la democracia que situarse en una posición centrista. Sin embargo, es la única opción política. Es por eso que los grandes políticos de la historia han sido en su gran mayoría, centristas. Entre otros, Gandhi, Havel, Walesa, Mandela. Los cuatro fueron perseguidos por el poder establecido. Los cuatro, al comienzo de sus luchas, estuvieron aislados de las grandes masas. Los cuatro fueron furiosamente atacados por los extremistas, sobre todo por los que actuaban en sus propias filas”.

La semana pasada, al salir a manifestar en una marcha pidiendo condiciones para realizar un referéndum revocatorio al Presidente, sentí la responsabilidad de estar en esa posición de centro - para nada neutra - adversando claramente al gobierno así como a aquellos que esperan como espectadores que algún alzado de uniforme verde oliva ponga orden en la pea. Y es claro que en nuestras filas no está Gandhi ni Havel ni Mandela, pero esperar de brazos cruzados es como pretender ver el capítulo final de una novela sin enterarte que eras protagonista.   

Probablemente estemos en un momento para reinventar la política y sacar del libreto el discursito de los polos. El polo izquierdo se asocia a los modelos socialistas y en su extremo se ubica el comunismo, que aunque plagado de buenas intenciones no ha sido sino una  herramienta de manipulación populista y un modelo de imposible implementación por negar la natural diversidad del ser humano. Quienes hemos puesto nuestro empeño en erradicar la pobreza, sabemos que el populismo asociado a modelos de extrema izquierda no son otra cosa sino multiplicadores de pobres.

Por otro lado, a la derecha se le suele asociar con el modelo capitalista[1]. Pero aquí hay
una gran diferencia entre el modelo económico más extendido en el mundo y el extremo que llega al “capitalismo salvaje”. Si a la realidad vamos, el capitalismo - con sus defectos y virtudes - funciona como el motor económico del mundo entero. No se trata de izquierdas ni derechas como ideología, sino la práctica económica difundida alrededor del planeta, al punto que los gobiernos que se dicen anticapitalistas, funcionan con reglas de mercado aunque suelan establecer mayores controles que terminan desfavoreciendo la inversión, la inventiva y el trabajo.

Aquí el tema esencial no es negar al capitalismo como instrumento de las economías del globo, sino efectivamente reconocer que hay un extremo “salvaje” donde marcas e intereses privan sobre la persona. Y allí tampoco me anoto. Cada vez me doy más cuenta que el eje debe ser la persona, pero eso no representa las dádivas del populismo, sino la siembra de oportunidades para que cada quien desarrolle su máximo potencial a raíz de la educación y del trabajo productivo. Y allí está el centro.

En 2008, Bill Gates pronunciaba en el Foro Económico Mundial un discurso harto elocuente donde proponía a los presentes un modelo que tituló Capitalismo Creativo. Gates exponía en Davos:

“En la naturaleza humana hay dos grandes fuerzas: el interés egoísta y el impulso de ayudar a otros. El capitalismo canaliza el interés egoísta en una forma útil y sostenible, pero solo para los que pueden pagar. La ayuda filantrópica o de los gobiernos canaliza nuestro impulso de ayudar a otros. Si queremos una rápida mejora de los pobres necesitamos un sistema que aproveche a los inventores y a las empresas mucho mejor que hoy…
Me gusta llamar esta idea 'capitalismo creativo': un enfoque en el que gobiernos, empresas y entidades sin ánimo de lucro trabajen juntos para ampliar el alcance de las fuerzas del mercado de modo que más gente gane, o gane reconocimiento, haciendo lo que se necesita para reducir las desigualdades”.

En fin, en economía y política, así como en los deportes, la oportunidad de jugar hacia el centro, lejos de ser terreno neutro, es el verdadero terreno de la acción. Y cierro con Mires quien afirma: “La libertad llega siempre por el centro (el lugar de la de-liberación), jamás por los extremos”.

26 de mayo de 2016



[1] Evidentemente habría que diferenciar modelos económicos de modelos políticos, pero lo uso a manera de ilustración sobre los extremos.

domingo, 15 de mayo de 2016

Desobediencia

Murió otro bebé en el J.M. de Los Ríos. Después de un tiempo en otro hospital donde ni siquiera fue diagnosticado, falleció esta mañana después de días en estado crítico y en el constante deambular buscando donantes de sangre, fenobarbital y una tomografía que no había en el hospital. Se llamaba Sebastián, de 2 años de edad y era nietico de una trabajadora del Instituto de Previsión del Niño, organización de la cual formo parte. Sebastián representa a miles de otros niños y familias venezolanas que sufren día tras día esta tragedia y aunque pedí por redes y radio su medicamento y ofrecí canalizar su tomografía, hoy siento que no pude hacer nada.

El viernes pasado mis hijos nuevamente perdieron clases. Obviamente todo el mundo sabe que esta medida no impactará en ningún ahorro energético, pero la inmensa mayoría de los colegios – y aplaudo a las escasas excepciones – han preferido acatar el decreto y no contrariar al régimen amenazador. A pesar de mi voz de protesta con algunos padres y buscar audiencia con directivos del colegio, a la final - como la gran mayoría - terminamos optando por una solución individual de proveer clases particulares en casa. Pero sin duda creo que la solución no debe, ni puede ser en estos momentos individual y hoy nuevamente siento que no hice nada.

Hoy despierto con el titular de que “Maduro llama a tomar las plantas paralizadas, encarcelar empresarios y radicalizar la revolución” en clara alusión a Empresas Polar, nuevamente burlándose de todos y tratando de engañar a quienes se alimentan con resentimiento. Todo lo paralizado, improductivo, expropiado o desvalijado son obras de este gobierno y su política de siembra de miseria. No creíamos en expropiación de fincas y empresas, en la debacle de la industria petrolera, así como vemos aún con asombro que puedan tocar la Polar. Veo un país arruinado y me siento interpelado en un futuro por mis hijos cuestionándome por qué no pudimos hacer nada.
   
Abordo solo tres temas de hoy que me tocan el alma, pero la lista puede ser eterna: la inseguridad, la inflación, el bachaqueo, las indignantes colas por todo, el abuso constante de poder, la corrupción obscena, la pérdida de todos los principios morales, la partida de tanto talento a otros países, el incremento de la pobreza y el hambre luego de la mayor bonanza en la historia y así puedo continuar. ¿Será que vamos a seguir sintiendo que no hemos hecho nada?

Y aquí viene el momento en el que quien me lee se podrá preguntar qué propongo. Obviamente no tengo soluciones mágicas y ni siquiera me siento tentado por la política, más allá de mi rol como ciudadano, mi identidad como venezolano y mi aporte como apasionado por las organizaciones de la sociedad civil, pero sí creo que debemos cambiar la apatía y visión individual por acciones y decisiones más arriesgadas y contundentes, sin que esto signifique que salgamos a la calle a matarnos. Creo que hay que buscar alternativas ingeniosas de desobediencia. A un gobierno que cada día toma decisiones arbitrarias y con cada vez menos sustento, no podemos agacharle la cabeza como mansos corderos. A un gobierno débil, que ha perdido abrumadoramente en las urnas electorales, no hay que hacerle sentir más fuerte de lo que realmente es.

Bastante se ha dicho que los dirigentes actuales no están a la altura de los ciudadanos, pero nosotros los ciudadanos ¿estamos a la altura del país?

Siento que en la medida que sigamos protegiendo nuestra parcelita individual, resolviendo mientras nuestro bachaquero nos consiga lo que necesitamos, justificando que podemos emparejar a nuestros hijos con tareas dirigidas, encontrando medicinas más allá de las fronteras por el privilegio que tenemos algunos de contar con familia afuera, pensando que lo que le ocurrió a Sebastián no le pasará a los nuestros, vamos alargando lentamente esta agonía y acostumbrándonos a este absurdo que estamos padeciendo.

Muchísimos ciudadanos no hacen más que criticar a la oposición, justificando que un gobierno – evidentemente antidemocrático – no se le puede sacar por vías democráticas y probablemente tengan razón, pero a ninguno de ellos los he visto ofrecerse como carne de cañón ¡Que mantequilla! Como yo no estoy dispuesto a cargar un fusil y menos apuntar a algún otro venezolano, no me queda otra que apostar por una salida democrática, constitucional y electoral y presionar para que así sea. Y en esa presión está la desobediencia que creo que tenemos que accionar.

Como dijera Chúo Torrealba cuando tomó las riendas de la secretaría de la MUD, calle no es solo una movilización enorme sino es hablar con el vecino, convencer al chavista, hacer el trabajo poco a poco en tu área de influencia. Y eso repercutió en los resultados del 6D. Hoy en día creo que desobediencia es accionar medidas contra las arbitrariedades del gobierno. Suspenden clases, abramos los colegios. Violan los tiempos de verificación de firmas, no lo asumamos como previsible, accionemos nuestra protesta. No dejan llegar una marcha, veamos que otra estrategia suma y los deja en ridículo.

No tengo todas las respuestas, pero creo que la era de aceptación del abuso de poder está en su ocaso y nuestra presencia ciudadana - nuestra desobediencia - desprendiéndonos un rato de la parcela, va a hacer la diferencia. Vale la pena por Sebastián, por nuestros hijos y su educación, por la Polar y todas las empresas que realmente trabajan por el desarrollo del país. Vale la pena mirarnos en unos años y decir que nosotros, los ciudadanos, lo hicimos.   


15 de mayo de 2016